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El eterno regreso de La Odisea de Homero

El eterno regreso de La Odisea de Homero

La película sobre la Odisea de Homero fue rodada por Christopher Nolan con cámaras IMAX para una experiencia pensada exclusivamente para la pantalla grande. Foto: Instagram @theodysseymovie

 

Cada cierto tiempo la industria cultural descubre, con una mezcla de entusiasmo y fingida sorpresa, que los clásicos siguen vivos. Ocurrió con Shakespeare cuando llegaron las adaptaciones contemporáneas de Baz Luhrmann, ocurrió con Jane Austen cuando Hollywood decidió convertirla en una marca global y está ocurriendo ahora con Homero gracias a La Odisea de Christopher Nolan, probablemente la película más esperada de 2026 y que se estrena dentro de unos días. El fenómeno resulta tan previsible que casi podría considerarse un género en sí mismo. Una gran producción cinematográfica anuncia su llegada y, de repente, librerías, editoriales, medios y redes sociales actúan como si una obra escrita hace casi tres mil años acabara de ser descubierta.

 

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Lo interesante, sin embargo, no es la avalancha de reediciones, cómics, reinterpretaciones y ensayos que acompaña al estreno. Tampoco el inevitable aprovechamiento comercial de una marca cultural tan poderosa como Homero. Lo verdaderamente revelador es que este retorno periódico de La Odisea pone de manifiesto otra contradicción profunda de nuestra época. Vivimos en una cultura que se define a sí misma a través de la novedad y, sin embargo, sigue necesitando desesperadamente los mismos relatos.

Pocas sociedades se encuentran tan obsesionadas con lo nuevo como la nuestra. La innovación se ha convertido en un valor moral donde la tecnología promete transformaciones constantes. Las plataformas digitales viven de la actualización permanente y los discursos empresariales celebran la disrupción. Incluso las identidades personales parecen sometidas a una exigencia continua de reinvención. Hay que cambiar, evolucionar, reciclarse, adaptarse. Lo viejo se presenta como una categoría sospechosa, casi vergonzante. Todo debe parecer reciente, incluso cuando no lo es.

 

Una escena de la película La Odisea

 

Y, sin embargo, basta observar con cierta distancia el paisaje cultural para advertir que una parte considerable de sus grandes acontecimientos consiste precisamente en volver atrás. Hollywood adapta una vez más los mitos griegos. Las editoriales relanzan a Homero. Los novelistas reescriben tragedias clásicas. Los ensayistas recuperan a los estoicos. Las series revisitan leyendas medievales. La cultura de la novedad dedica una enorme cantidad de medios y dinero a regresar a lugares que ya conoce.

La paradoja es que vivimos rodeados de novedades pero necesitamos historias antiguas. Cuanto más acelerado se vuelve el presente, más valiosos parecen los relatos que han sobrevivido durante siglos. En un ecosistema cultural donde la mayoría de los productos nacen con fecha de caducidad incorporada, el tiempo se convierte en una forma singular de autoridad.

 

Página de la Odisea (Lumen Gráfica) de Milo Manara (Autor), Maria Pons Irazazábal (Traductor)

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La propia industria editorial ofrece un ejemplo curioso de este fenómeno. El mercado publica cada año miles de novedades destinadas a competir ferozmente por unas semanas de atención antes de desaparecer. Frente a esa lógica de consumo rápido, Homero aparece como una anomalía casi escandalosa porque ningún algoritmo ha conseguido jubilarlo, volverlo irrelevante o desplazarlo.

Siempre vuelve porque existe una tendencia recurrente a considerar a los clásicos como lonjas de sabiduría eterna. Se los convierte en objetos de veneración más que de lectura. Pero la verdadera fuerza de La Odisea  está en la extraordinaria claridad con la que formula algunas incertidumbres humanas fundamentales. Nos pregunta quiénes somos después de que el tiempo nos cambie y si puede recuperarse lo que se ha perdido. Asuntos que nunca desaparecen, incluso en nuestra sociedad.

 

Una escena de la película «La Odisea

 

urante mucho tiempo La Odisea fue una historia de aventuras. Pero los monstruos, las hechiceras, los naufragios, los gigantes, los dioses caprichosos y demás criaturas fabulosas son el decorado. El núcleo del poema es otra cosa. Ulises no lucha solo por sobrevivir sino por volver. Y a la vuelta descubre que es mucho más complicado el regreso que el viaje de vuelta. La casa a la que vuelve Ulises ya no es la misma. Su reino ha cambiado. Su hijo ha crecido sin él. Su esposa ha tenido que inventar formas de resistir la incertidumbre. Incluso él mismo se ha convertido en otra persona. El héroe que abandona Troya no es el hombre que llega a Ítaca.

En una época marcada por la movilidad constante, las migraciones, las transformaciones laborales y la sensación generalizada de vivir en una transición permanente, esa experiencia resulta extraordinariamente familiar. Quizá por eso seguimos leyendo a Homero. No porque compartamos su visión del mundo, sino porque reconocemos la sensación de extrañeza que acompaña al paso del tiempo.

 

La leyenda de Odiseo: La Ilíada y la Odisea. El mito ilustrado de Peter Connolly (Autor, Dibujos), Óscar González Camaño (Traductor) Desperta Ferro

 

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La proliferación actual de cómics, novelas y ensayos inspirados en La Odisea refleja precisamente esa capacidad de adaptación. Cada generación encuentra un Ulises distinto porque cada generación necesita preguntas distintas. El héroe ejemplar de algunas lecturas tradicionales se convierte en un personaje ambiguo para los lectores contemporáneos. Penélope deja de ser únicamente un modelo de fidelidad y aparece como una figura de resistencia política y emocional. Telémaco encarna las dudas de quienes heredan un mundo construido por otros. Incluso los monstruos adquieren significados nuevos.

No se trata de que el poema contenga todas las respuestas. Más bien ocurre lo contrario. Sobrevive porque sigue generando preguntas. Quizá ahí resida la verdadera diferencia entre un clásico y una moda cultural. Las modas triunfan cuando parecen hablar perfectamente de su tiempo. Los clásicos sobreviven porque nunca terminan de encajar del todo en ningún tiempo concreto. Cada época cree haber encontrado en ellos un reflejo de sí misma, pero siempre queda un resto irreductible, algo que resiste la interpretación y nos obliga a releerlos.

Al fin y al cabo, llevamos tres mil años haciendo exactamente eso. Cambian las tecnologías, las industrias culturales, los formatos y las formas de consumo. Cambian los imperios, las religiones y las lenguas. Cambia incluso la idea misma de lo que significa ser humano. Pero Ulises sigue navegando hacia Ítaca y nosotros con él.

 

 

Sobre el autor

LUIS DE LEÓN BARGA

Coordina "Libros, nocturnidad y alevosía" y ha publicado las novelas "Nuestra amiga común" (Amargord, 2010), "Los durmientes" (Fórcola, 2016) y el ensayo "Narcisistas Contemporáneos. Groupies, playboys y nocturnidades" (Fórcola, 2021)

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