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Los descalabros

Los descalabros

Foto de Larry Sultan

 

Hacía un calor bochornoso. Alrededor de una fuente del parque había tres bancos sombreados donde descansar, oír el caer del agua y facilitar el mantenimiento del ritmo de una respiración sofocada.

En cada uno de los tres asientos se encontraba una persona reposando, con sus particulares cuitas y sus quebraderos de cabeza.

Juan era la viva imagen de la desesperación. Con los codos apoyados en las rodillas, se sostenía la cabeza con las manos entrelazadas entre sus cabellos. El reflujo le recorría el aparato digestivo. Si seguía así, podría estar gestando una úlcera.

Es un alto ejecutivo de una firma internacional de bróker financieros. No está en la cumbre, pero sí en la base de lo más alto, lo que se viene a llamar «cola de león».

Ya dejó de ser un joven ambicioso; ronda los cincuenta años. Ha llegado hasta allí con un esfuerzo notable y una agilidad mental encomiable. Ha sido siempre un ferviente defensor de que la competitividad te hace crecer, del trabajo en equipo y del esfuerzo conjunto y deportivo.

 

Foto de Michel Comte

 

Pero lo que le sucede ahora no lo vio venir. El cambio de estilo con un nuevo director le ha descentrado y se encuentra envuelto en una maniobra turbia con una resolución maquiavélica y oportunista por parte de su jefe y de sus adláteres. Siente como si estuviera dentro de la Mafia.

Se encuentra inmerso en el conflicto entre hacerles frente y abandonar la empresa, pero… gana mucho dinero, le gusta el reto, la ilusión de control frente al azar y el estatus que lo define.

En el segundo banco está Carolina. La tristeza dibuja su rostro. No llora, pero sus ojos permanecen constantemente húmedos. El pelo, lacio y deslucido delata una ligera alopecia fruto de un estrés emocional persistente.

A Carolina le resulta imposible no imaginar a sus hermanas como harpías abalanzándose sobre un cofre repleto de joyas y oro. En su mente se han convertido en auténticas hermanastras de cuento: envidiosas, ruines y aprovechadas.

A la tristeza y al desconcierto por la muerte, relativamente inesperada, de su padre —un duelo que todavía oscurece su ánimo— se suma el desgarro de sentirse víctima de la voraz codicia de sus hermanas. Está convencida de que esa actitud vergonzosa la privará de la herencia que pensaba que su querido padre deseaba dejarle, un legado con el que había imaginado construir un futuro tranquilo y feliz junto a su marido y sus hijos.

 

Foto de Nan Goldin

 

Un poco más allá, en el siguiente banco, se encuentra Nerea, una joven de veintitrés años, estudiante de Medicina, competente y lista. Hoy luce muy, muy enfurruñada; cruzada de brazos y desafiante, mira ceñudamente al suelo. Es la segunda vez que Mario la deja por WhatsApp, con el encantador mensaje que dice: «Creo que esta vez he encontrado a la mujer de mi vida. Lo siento. Nos vemos».

El individuo en cuestión ha pasado, en décimas de segundo, de ser Jacob Elordi a convertirse en Torrente: paradigma de la zafiedad y la desconsideración. A Nerea le ha salido una ligera rosácea en la piel.

Sutilmente, se empieza a notar un airecillo que alivia levemente el tórrido ambiente. La brisa va tomando fuerza y se va convirtiendo en ventarrón mientras el cielo recorre tonalidades grisáceas hasta convertirse en plomo. Retumba un trueno. Caen gotas como albaricoques y en segundos el chaparrón limpia el aire denso.

Juan peina sus cabellos empapados; Carolina levanta la cara hacia la lluvia buscando alivio, y Nerea descruza los brazos y los reposa sobre los muslos, con las manos hacia el cielo, recogiendo el agua.

La temperatura baja considerablemente y el agua limpia el sudor amargo y el polvo tóxico de la decepción.

 

 

Foto de Caroline Houal

 

Las imágenes de Juan han pasado de ser un encuentro con la Camorra a asumir que trabaja en una empresa de capitalismo puro y duro, donde no está mal visto que la competitividad roce los límites de la ética y que el beneficio sea el valor añadido por encima de todo.

Se le cayó el ideal del mundo productivo regido por la deportividad y la sana competencia. El golpe le llevó a percibir un mundo más cruel del que imaginaba.

Carolina empieza a entender que sus hermanas la tratan como a una igual y no están dispuestas a regalarle la mejor tajada del pastel. Quizá sus hermanas no fueran las harpías que imaginaba. Tal vez simplemente defendía intereses distintos.  Ella creyó contar con los privilegios de ser la favorita de papá, pero la realidad rompió las costuras de sus sueños y el dolor de la frustración le hizo sentir a sus hermanas como seres codiciosos, cuando lo que había, en realidad, no era más que un reparto decepcionante que no coincidía con sus expectativas.

A Nerea, salir del hervidero le ha permitido pensar en Mario no como un proxeneta inmoral, sino como un tipo inestable, torpe y contradictorio, limitado para mantener la relación que ella esperaba.

Juan se levanta y se va a su casa a sacar al perro, que lleva todo el día encerrado en el piso. Carolina mira la hora, da un respingo y sale con prisa para llegar a tiempo al baño y a la cena de los niños. Nerea se levanta y, tranquilamente, se va a su casa a hacer lo que le apetezca.

 

 

Necesitamos ideales para organizar nuestra mente y nuestra vida, pero cuando caen nos produce un descalabro vital. Si la frustración es excesiva, nos desborda, y en la psique se bloquea la capacidad de pensar, se ocupa solo de encontrar la manera de evacuar tanta emoción destructiva. Cuando baja esta intensidad emocional se recupera la facultad de discurrir coherentemente.

No ha cambiado nada en sus mundos, solo ha cambiado la posición desde la que los contemplan. Se han quedado sin norte y han tenido que gestionar la desilusión. Han pasado del drama de la caída del ideal a terminar aceptando una realidad ambigua y compleja: La Vida.

 

 

 

 

Sobre el autor

BELEN NIETOC

Belén NietoC. Quien soy yo. Psicóloga de amplio espectro: psicoanalista, humanista, conductista, neuropsicóloga, con bastantes años de ejercicio en clínica. Siempre acompañada de libros. El arte, la literatura y la ciencia me dejan felizmente asombrada y perpleja. Los vínculos y la comunicación entre las personas nos dan sentido a la vida. Solo vivimos para que nos quieran, hagamos lo que hagamos desde lo mas abstracto hasta hacer croquetas. Promotora de fomentar la creatividad como motor de revitalización, gozo e investigación.

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