Un libro de nostalgia y denuncia de los males crónicos del campo español y de ‘la España vacía’
Calle de Fermoselle
Con la publicación en 2016 de ‘La España vacía’, Sergio del Molino convirtió en una cuestión de sangrante actualidad la despoblación que viene experimentando la España interior en un proceso de décadas que no ha concluido. Pero aquel libro, sin duda, necesario, se movía en la serenidad del ensayo y la crónica. Quizá faltaba un enfoque literario, una señal de aviso más expresiva, una demanda de urgencia más trágica que la que brindan la información o la reflexión, siendo, como son éstas, fundamentales. Esa complementaria voz de alarma es lo que aporta Paulino Guerra Bartolomé en ‘Historias tristes de Colomba’, una colección de catorce excelentes relatos que dan al volumen la unidad y coherencia de una novela porque comparten el mismo estilo de un léxico llano pero pulidísimo; porque giran en torno al mismo tema –la muerte de la España rural- y porque se desarrollan todos en un mismo escenario.
El autor nació en la localidad zamorana de Fermoselle, situada en la raya con Portugal. Y, aunque ésa es su impagable fuente de inspiración –de hecho, aparece citada en el libro-, ha preferido recurrir a un imaginario topónimo –el de Colomba- para fundar una de esas personalísimas geografías que otorgan al escritor la máxima libertad a la hora de mezclar realidad y ficción sin tener que dar cuentas a nadie sobre el carácter falso o veraz de lo contado. Los relatos de Paulino Guerra suenan a verdad en cualquier caso por el contundente y genuino trazo de los personajes. Suena a verdad la historia de Avelino, ese pastor alcohólico que, en una de sus esporádicas incursiones al país vecino para visitar un hogar humilde que hacía las veces de prostíbulo, cometió el error de requerir los servicios de un taxista de lengua larga, con lo cual consiguió que en la tasca del pueblo le preguntaran los parroquianos “si las cabras de la piara no sentían celos por su aventura transfronteriza”.

Suena igualmente a real la infancia de miseria, hambre y sabañones de Manolito ‘Tripa Seca’, ese crío que desea que se muera uno de sus hermanos pequeños porque en los entierros hay una vecina que aparece con una bandeja de dulces. En el retrato que el libro traza de ese niño, lo vemos recogiendo cagajones por las calles del pueblo sin haber dejado aún atrás el pantalón corto y emigrando solo en un coche de línea a Barcelona en vísperas de la década desarrollista. A ese desenlace se suma un apunte sociológico sobre los ‘Tripa Seca’ de todas las Españas que por aquella época comenzaron a desertar del arado y a llenar las periferias de las ciudades con el sueño de que sus hijos estudiaran en la Universidad, cosa que lograron ciertamente muchos de ellos hasta el punto de que la siguiente generación de ingenieros, abogados, médicos, periodistas o profesores fue la de sus hijos.

Comida para niños pobres en la posguerra española. EFE/Vidal
‘Historias tristes de Colomba’ es un libro excepcional, duro y conmovedor al mismo tiempo, que da encarnadura a esa España vacía que invocan los políticos sin ánimo de cambiar nada. Paulino Guerra sabe bien de lo que habla y eso se nota. No hay retórica en su discurso. Se sirve de un lenguaje directo que renueva el costumbrismo a la vez que emplaza al lector con crudeza a mirar hacia un futuro que se dibuja incierto. Hay dos ejércitos que caminan en este libro con unos tintes expresionistas: el del monte, que toma con su vegetación las casas abandonadas por el hombre, y el de los ancianos que avanzan en esos espacios rurales como últimos supervivientes. Como hay asimismo dos pulsiones antitéticas: por un lado, el texto levanta gráfica acta de la memoria cuando sabe describir un renqueante Henschel alemán de tres ejes que había sobrevivido a la Guerra Civil para portar naranjas en la posguerra y repartir las cáscaras de éstas entre los niños desnutridos; por otro lado, hay también una orgullosa reivindicación de la civilización rural y de sus valores.
Pese a que éste es un libro esencialmente narrativo, hay fragmentos en que se cuelan juicios y observaciones sobre el actual campo español y sobre un nuevo caciquismo que ya no es el del terrateniente que denunciaba Delibes en ‘Los santos inocentes’ sino el del Estado: “Los BOE y su amenazante jerga leguleya son lo más parecido a las viejas leyes medievales que daban todo el poder a los señores feudales. Hasta hace poco uno podía podar o cortar su propia encina, mandar dentro de su propiedad. Ahora debe pedir permiso para todo».
‘Historias tristes de Colomba’ es todo un grito en nombre de los agricultores y ganaderos; de los que han dejado de ser los guardianes de la Naturaleza para convertirse en sospechosos.

(Este artículo de Iñaki Ezkerra fue publicado en el diario «El Correo» con el título «El grito rural de Paulino Guerra» el pasado 19 de junio de 2026)
