Foto de Emma Hartvig

 

Desde el título, convocante y atractivo, este libro de relatos de Reina Roffé se abre al lector como una herida, un desvío anómalo, inquietante -contiene su temblor, su angustia- que se indaga de distintas formas a través de siete cuentos o piezas magistrales del género que proporciona al lector finales redondos y toques innovadores y sorprendentes.

En el primero, “Vivir entre extraños”, asistimos a un viaje, que es de regreso y de visita al país de origen. La acción transcurre durante una larga mañana de reencuentro entre la protagonista y su madre. Una mujer ansiosa por transmitirle a su hija sus obsesiones y cargarla con supercherías en un ambiente deteriorado, donde nada ha cambiado en años: ni las cosas ni la relación entre ambas compuesta por recelos y furias inconcebibles. Un relato en dos tiempos que recurre al pasado para reconstruir momentos importantes de un vínculo imposible y de una historia familiar trastornada por el abandono y la expulsión. Es un tema que Reina Roffé (autora argentina radicada en España) ha tratado desde distintas perspectivas en libros anteriores, como Aves exóticas. Cinco cuentos con mujeres raras. Y uno más. (2011), traducido al italiano, al inglés y al francés.

Este relato inicial, como otros más del reciente volumen, llevan epígrafes que ilustran, en tono de clave sugestiva y emocional, lo que vamos a leer. En este caso, la frase no puede ser más elocuente: “Mi madre nunca me dio la mano” (La asfixia, Violette Leduc). 

 

Reina Roffé

 

En “El atropello” se narra un incidente callejero en el país extranjero, donde realmente el personaje femenino vive entre extraños por el desconcierto que le produce el trato con la gente en alguien que se ha acostumbrado a una soledad forzada por las circunstancias. Aparece aquí un miedo casi patológico al afuera y la tendencia al ensimismamiento como arma de combate contra sociedades cada vez más enfurruñadas y brutales. Digno de destacar son las analogías que Roffé emplea para iluminar con mayor propiedad y brillantez los asuntos que narra, utilizando grandes cuentos del siglo XX, como ese clásico que es “Revelación” de la norteamericana Flannery O´Connor, por el que desfilan los distintos tipos sociales y sus hipocresías.

“De madrugada” lleva un epígrafe de Oliverio Girondo, fragmento de su poema “A lágrima viva”, que anticipa el llanto ininterrumpido de alguien que aparece como un espectro en la vida de la protagonista y desde un círculo remoto del tiempo, para verter su zozobra por el fracaso individual en un diálogo telefónico, casi un monólogo, en el que la queja y el llanto se constituyen en expresión de todo un país abatido por dictaduras y malos gobiernos.

“El exilio interior” es un relato que mantiene desde el principio hasta el final un humor agrio y una escritura poética de gran calidad. En realidad, es una crítica mordaz de escenarios culturales (congresos académicos, ferias y salones del libro) convertidos en mercados persas, donde la literatura, el arte, el pensamiento y el debate importan cada vez menos, en los que afloran lugares comunes y términos caprichosos, rebuscados y solemnes que horrorizarían a ese gran cronopio que fue Julio Cortázar. Un lugar para sentirse extranjera o excéntrica, fuera del centro, kafkianamente postergada, siempre en espera. Otro lugar de soledad en el que prima la pirueta enloquecida y el sentimiento de no pertenencia.

 

Casa Lis. Salamanca

 

“Viaje a Salamanca” muestra y refuerza con otros elementos los problemas con el afuera de la innominada protagonista que realiza un desplazamiento con la ilusión de conocer el sitio que la remite a tiempos heroicos de su patria. Tiene de esa ciudad, Salamanca, referencias leídas en la infancia, en manuales de estudio. Es una meta nostálgica y de acercamiento directo con aquello que conoce por ilustraciones y fotografías, pero antes de llegar a destino, debe parar en otra pequeña ciudad donde pasa uno o dos días prácticamente sola dando paseos en círculo por miedo a perderse. Ese aislamiento lo puebla con asociaciones que surgen de imágenes cinematográficas que vienen a su mente y de historias de películas que dejaron huella en ella y en innumerables espectadores. En este cuento, como en algunos otros, aparecen rasgos del relato fantástico, breves episodios de esa ambigüedad que lo caracteriza, donde la realidad o lo racional se pone en jaque. Es también en “Viaje a Salamanca” que Ángela, personaje secundario que hace acto de presencia en otros relatos, cobra encarnadura para volver a consolidarse en la siguiente narración, “La familia de Ángela”. Cuento de Navidad en el que afloran, en torno a una mesa repleta de comida y bebidas, las angustias y taras de los comensales. La escritora Alina Diaconú, autora del prólogo, con gran visión habla de la presencia de dos familias disfuncionales en las historias de Reina Roffé: la de este cuento y las del primero, que da título al libro, y facilita pensar que la zozobra y la vergüenza que producen ciertas familias es lo que une en amistad y comprensión a estos dos personajes devastados y solitarios, cuyo encuentro se constituye como una tabla de salvación. Hay, por otra parte, un hermoso homenaje al cuento “La puerta condenada” de Julio Cortázar. Esa puerta real o imaginaria facilita desviar la atención de la protagonista y desoír la serie de improperios y prejuicios, la banalidad de la conversación y el rechazo que suscita su presencia de extranjera, vigilada e interrogada como si de la Gestapo se tratara.

En “Sueños, nada más”, último y séptimo relato, resurgen criaturas perdidas o dejadas de la mano de Dios, en un mundo de vandalismo y amenazas crecientes. Una madre extranjera, aferrada a sus costumbres y modalidades lingüísticas, que experimenta de manera traumática su desarraigo, sumergida en ensoñaciones de un pretérito de sordidez familiar, sirve de contrapunto a una hija que no es extranjera, pero se siente igualmente extraña en espacios de sordidez exterior. Relato complejo e intrigante que engarza con el primero y nos remite a una continuidad narrativa interesante entre personajes y generaciones.

De más está decir que la literatura y el cine conforman, junto con la amistad -para Jorge Luis Borges “pasión redentora de los argentinos”- esa boya de flotación para no hundirse en “el mar encrespado de la cólera, / el mar viscoso del destierro, / el fúlgido mar de la soledad, /el mar de la traición y el desamparo”, versos de Reinaldo Arenas que preceden este libro de altura.

 

 

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