“Yo, que vivo en una gran soledad para poder pensar y trabajar,  logrando mayores síntesis para mi obra publicitaria….”  

(“Cosas. El teléfono descolgado”). Ahora (25 de enero de 1936)

 

El 3 de marzo de 1921 en el periódico La Tribuna –periódico en el que puede afirmarse que Ramón Gómez de la Serna empezó verdaderamente su faceta periodística-, el crítico José Castellón al hacer la reseña de un tomo publicado por la Editorial América, dirigida por Blanco Fombona, con obras teatrales juveniles de Ramón, la iniciaba preguntándose e interpelando al lector: “¿Qué tiene la obra de este extraordinario Ramón Gómez de la Serna que atrae con un hechizo poderoso? Todos cuantos se acercan a examinar la personalidad del original escritor quedan sugestionados de una manera tan honda que no pueden escapar a su influencia. Encanta, embruja, tiene poder de hechicería. En la obra de Gómez de la Serna debieran ponerse esos letreros que se ponen en las paredes recién pintadas:

CUIDADO CON LA PINTURA

Todo le interesa y en todo pone una emoción inaudita. Gómez de la Serna -concluía- es el escritor más rápido que tenemos; su agilidad de ingenio es inagotable y asombrosa. Y todo lo ha intentado con éxito: crítica, cuento, crónica, libro, teatro, biografía”.  Meses antes, en el mismo periódico, en el que Ramón escribió abundantemente a lo largo de varios años -(entre el 4 de mayo de 1912 donde publicó “Un recuerdo de Silverio Lanza” hasta el 13 de enero de 1922 con su última colaboración “Más definiciones de la motocicleta” de la serie Variaciones), el mismo crítico en otra reseña, publicada el 15 de enero de ese mismo año, sobre el libro Retablillo grotesco y sentimental  del escritor y bohemio Emilio Carrere, sentenciaba con conocimiento de causa que “El periodismo tiene la amargura de perecer en una sima profunda, en la que todo cae y se pierde sin dejar un recuerdo. El cronista es flor de un día. Brilla un instante y desaparece. Está siempre prendido al momento que pasa, y con él se va. Nada tan doloroso como esto”, y al referirse a la colección de crónicas que este libro de Carrere recogía, editado por Mundo Latino, apostillaba “que [estas crónicas] ya fueron antes desparramadas en revistas y diarios. Ahora encontramos reunidas muchas páginas que estaban sueltas, esparcidas, y que guardan un ritmo entonado”.

Si entrecruzamos ambas consideraciones -y las aplicamos a la trayectoria de un escritor como Ramón Gómez de la Serna y en especial a la labor periodística que desarrolló durante prácticamente toda su vida- convendremos rápidamente en la importancia que tiene la publicación de un libro como el que ahora nos ocupa, Ramón Gómez de la Serna. Color de diciembre y otras cosas. Colaboraciones en el diario Ahora y en la revista Estampa, 1935-1936, que recupera -salvándolas de esa sima profunda que es la hemeroteca- un importante número de colaboraciones en ambos medios, fundados por Luis Montiel. El  3 de enero de 1928, Montiel fundó la revista Estampa y apenas tres años más tarde el diario gráfico Ahora. 

Como han señalado María Cruz Seoane y María Dolores Saiz en su Historia del periodismo en España (1898-1936) con ambas publicaciones este empresario, competidor directo de Prensa Gráfica y Prensa Española, se introducía en el mundo de la prensa de masas. Estampa -y seguimos lo escrito por ellas- respondía “al tipo de magazine de actualidad, con entrevistas, secciones dedicadas a los espectáculos, el arte y la literatura, páginas para la mujer, páginas infantiles, con un abundante material gráfico y publicidad”. Ahora, fundado en diciembre de 1930, tuvo un éxito inmediato, convirtiéndose “en uno de los periódicos más leídos de la época republicana, con una buena información, ágiles reportajes y unos colaboradores de primera línea” entre los que se encontraban Unamuno, Baroja, Maeztu, Valle-Inclán, Madariaga y el propio Ramón Gómez de la Serna. Ramón siguió toda su vida ese consejo que le dio Carmen de Burgos, Colombine, que recoge Rafael Cansinos-Assens en sus memorias –La novela de un literato-: “Yo le infundo sentido periodístico… Le digo que hay que escribir para el público… dejarse de esas cosas tan enrevesadas que la gente no entiende y hacer algo ligero, ingenioso…”.

 

La edición de Color de diciembre… y el estudio preliminar que le acompaña pone en contexto los artículos escritos por Ramón durante aquel apasionado tiempo histórico, los años finales de la Segunda República y los inicios de la Guerra Civil, momento en el que Ramón abandona España rumbo a la Argentina, donde acabaría su vida. Tanto la revista Estampa, monárquica en sus inicios, como el diario Ahora,mantuvieron una postura de centro derecha y aceptaron el régimen republicano, practicaron la tolerancia y el respeto por la Constitución. Ahorase mostró -como han señalado las autoras citadas- “enemigo de todo desbordamiento” tanto por la izquierda como por parte de la derecha. En ese contexto ideológico es en el que hay que enmarcar las alusiones, a veces directas, a veces indirectas, que desliza Ramón en sus colaboraciones en Ahora.

El profesor  Ricardo Fernández Romero ha realizado para la ocasión un estudio preliminar que se divide en varios apartados: “Ramón de periódicos”, “Ramón ‘Porvenirista’”, “Ramón en Ahora” y “Acerca de esta edición”, epígrafes que se completan con una breve bibliografía de referencia sobre los asuntos tratados.

En “Ramón de periódicos”, Fernández Romero aborda someramente la faceta periodística del escritor en este campo, que inició desde muy joven, abarcando publicaciones de todo tipo y de calidad muy diversa. Sin duda se puede afirmar, como ya lo planteó su primer biógrafo, el periodista Miguel Pérez Ferrero, que Ramón entendió la prensa como una forma de expresión ligada a un público mayoritario, una extensión de su literatura más allá del libro de autor, en consonancia con la aparición de una sociedad de masas, fenómeno que caracterizó el primer tercio del siglo XX, y que nuestro escritor supo avistar pese a que su figura estuvo siempre impregnada de un fuerte individualismo y en estrecho contacto con las élites culturales de su tiempo. Hace el profesor Fernández Romero un sintético repaso de algunas de los títulos en los que colaboró Ramón y aborda también someramente la importancia que tuvo para Ramón su vinculación con la figura de Ortega y Gasset -relación más matizada en la reciente biografía que le ha dedicado a Ortega el catedrático de literatura Jordi Gracia-, Manuel Azaña -de quien siempre me ha sorprendido que no haya en sus diarios ni una sola referencia a Ramón- o José Bergamín -que editaría esa primera biografía de Ramón- en cuanto editores de importantísimas revistas culturales: Revista de Occidente, La Pluma o Cruz y Raya respectivamente, en las que también colaboró nuestro escritor.

Es muy importante el matiz que introduce el profesor Fernández Romero a propósito del enfoque periodístico de Ramón en los años que van desde el advenimiento de la Segunda República hasta el inicio de la Guerra Civil, en cuyos años finales se inscriben las colaboraciones del periódico Ahora y de la revista Estampa que son objeto de la recopilación de este libro. Y ese matiz no es otro, diciéndolo con palabras del antólogo, que en estas colaboraciones (y textos) se nos muestra “una versión [de Ramón] en el que su trabajo literario está más cerca de preocupaciones humanas, humanistas y políticamente sentidas”, en claro contraste, sin duda, con la imagen más tópicamente vanguardista -y no se entienda este adverbio de forma negativa- que tenemos habitualmente de Ramón Gómez de la Serna: el Ramón del Café y tertulia de Pombo, el Ramón conferenciante y circense -hoy se dice el Ramón performer-, el Ramón actor, el Ramón collagista y dibujante.

Retrato de Ramón por Diego Rivera

 

Fernández  Romero nos ofrece en su estudio una rápida, pero aquilatada, visión de la trayectoria de Ramón como periodista, la utilización consciente y constante que Gómez de la Serna hizo del medio periodístico como “campo de batalla para una nueva literatura” y repasa su trayectoria desde la etapa de formación en su revista Prometeo, financiada por su padre, hasta los años veinte del siglo pasado -“periodo de consolidación”- extensible a toda la década siguiente de los años treinta. En ese dilatado periodo, Ramón colaboró en los periódicos y revistas culturales de mayor prestigio del momento, en numerosas revistas literarias específicamente de vanguardia y en revistas muy populares tanto humorísticas como gráficas, que abarcaban un espectro político amplio.

Para que el lector tenga en cuenta la ingente labor de Ramón Gómez de la Serna en este campo, el Boletín Ramón en su apartado Periodismo recoge un total de 53 títulos, solo entre España y Argentina, 40 para España (12 periódicos y 28 revistas) y 13 en Argentina (4 periódicos y 9 revistas). Y en el libro Ángulos de Madrid. Artículos de Ramón Gómez de la Serna en el periódico Luz (1932-1933), Ricardo Fernández Romero, responsable asimismo de la edición y la introducción correspondiente, ofrece una lista, entre periódicos y revistas, que llega a 65. Y eso sin contar otras numerosas publicaciones en Europa e Hispanoamérica. Esas colaboraciones han dado lugar a un profundo caudal de escritos ramonianos, dispersos, de acceso más difícil -aunque vivamos inmersos en la era de lo digital y de la Red- que sus otros escritos literarios, que justifica la edición de un libro como este y que hay que agradecer a Editorial Renacimiento su publicación.

A continuación del anterior epígrafe, Fernández Romero dedica unas apretadas  páginas   -en el apartado “Ramón ‘porvenirista’”- a develar el sentido de ese término aplicado a nuestro escritor, autoasumido por él mismo, en los años treinta y en especial durante los años de la Segunda República, quizá la parte más problemática y difícil de entender del estudio, y que surge en Ramón como consecuencia de la crisis de las vanguardias en los años treinta -crisis de lenguaje y de posicionamiento político-, que le llevaría a replegarse en “una versión del vanguardismo que sigue invocando lo “nuevo”, pero sin estridencias” como apunta Fernández Romero, y como nexo entre el pasado y el presente. Pero sin olvidar que también por esas fechas -en concreto, 1931- Ramón publicó Ismos, su personal recopilación e interpretación de las vanguardias artísticas y de su propia poética en el capítulo dedicado al Novelismo.

El análisis de “Ramón en Ahora” –el epígrafe más amplio de este estudio- se abre -en relación con ese “porvenirismo”- con la aseveración de que “los artículos de Ahora… deben entenderse como una de sus expresiones privilegiadas”. En este apartado  Fernández Romero estudia las claves sociales y políticas de algunos de los artículos  publicados por Ramón en Ahora y la actitud personal y política de Ramón en ese periodo crucial de su vida. El repertorio de temas tratados en los artículos de Ahora sigue siendo amplísimo, habitual en la labor periodística de Ramón: lo biográfico y autobiográfico, los artefactos de la modernidad y sus consecuencias, el madrileñismo, el cine, la estética, la literatura y el arte, el humor, pero sobre todo -señala Fernández Romero- “nos encontramos con un Ramón político, preocupado por la deriva de la vida española, y también un Ramón humanista”. Casi podría hablarse, en ciertos artículos, de finos análisis sociológicos del presente que entonces se vivía -léase, en este sentido, el artículo titulado “En los altos taburetes”-. Ramón atisba y reduce a metáforas y simbolismos literariamente muy eficaces un amplio conjunto de transformaciones sociales y urbanas -de época-, que son producto siempre de ese ojo pensante y reflexivo del que hacía gala.

Ramón Gómez de la Serna

La prosa de estos artículos es una prosa de madurez, contenida y honda, de síntesis, alejada de la pirotecnia greguerística que impregna otras producciones suyas -aunque se pueden citar algunos ejemplos magistrales como la dedicada a los paracaidistas que se lanzan desde “el viaducto flotante del aeroplano” (“El inventor de los zapatos”)-, de escritor que domina su oficio y sobre todo un lenguaje expresivo que le identifica y singulariza. Son muy interesantes las reflexiones y consecuencias que el antólogo extrae de la lectura de algunos de esos artículos concretos. Remito al lector especialmente a los comentarios que le dedica al titulado “Sorpresa por la mirilla”, publicado el 18 de julio de 1936, fecha de infausta memoria en los anales de nuestra historia contemporánea, dedicado a la evocación de su padre; “un artículo -en palabras de Fernández Romero- conmovedor, sorprendentemente oportuno”. Son también, en este sentido, muy ponderados y aclaratorios los juicios que Fernández Romero apunta sobre la ideología -siempre liberal, en la onda orteguiana- y posicionamiento político de Ramón desde el advenimiento de la Segunda República, cuya llegada saludó con entusiasmo pero que le decepcionó posteriormente como a tantos otros escritores y pensadores de su generación, hasta su salida de Madrid, en aquellos días turbulentos, camino del exilio.

Color de diciembre y otras cosas -está significativamente muy bien elegido e incluido en el título del libro el término de “cosas”, término esencial en la poética ramoniana, tanto literaria como artística- recoge cincuenta y dos artículos de su colaboración en el diario Ahora y seis artículos para la revista Estampa, varios de ellos dedicados a Pombo, la tertulia fundada por Ramón en 1915, uno de ellos titulado “Garabatos”, dibujos hechos expresamente para la revista, algunos de los cuales reutilizará Ramón en libros suyos de fecha posterior.

Libro este que ahora tenemos la oportunidad de leer y de disfrutar, muy bien editado tipográficamente, en la colección “Los Cuatro Vientos” de la sevillana editorial Renacimiento, se exorna la cubierta con una pintura de Barradas, Calle de Barcelona a la 1 p.m. de 1918, algo ya lejana en el tiempo a la fecha de publicación de estos artículos aquí recogidos (1935-1936). La imagen simultaneista,vigorosamente veloz, de la ciudad que representó Barradas nos adentra en el vértigo y el ritmo acelerado de la ciudad moderna, la ciudad de los nuevos medios de masas, prensa, cine y radio, medios en los cuales colaboró activamente Ramón. Esta imagen urbana -en claro contraste con la fotografía de Ramón en su abigarrado despacho con su muñeca de cera reproducida en la anteportada, que en algunas publicaciones se interpreta como Ramón entrevistando a su muñeca- se aviene bien con esa mirada y personalidad cubista y facetada que tuvo siempre nuestro escritor, quien, como ya subrayó Miguel Pérez Ferrero en su Vida de Ramón (1935) una de sus preocupaciones esenciales fue su estrecha vinculación con el periodismo a lo largo de toda su vida, expresión de su deseo de escribir para las mayorías, otro eje fundamental de la vida social y política de su tiempo. Color de diciembre y otras cosas…nos brinda la ocasión de leer a ese Ramón -cronista o periodista- que escribe conscientemente para la mayoría, pero sin renunciar a su universo metafórico e imaginario como él mismo se encargó de subrayar en “Monumento encallado”: “Yo, que estoy acostumbrado a ver las cosas que no hay y a mirar lo invisible”. Aprovechemos, por tanto, la ocasión que se nos brinda con este libro para disfrutar, a pequeños sorbos, una vez más, de la escritura de Ramón, el sempiterno Ramón.

Ramón Gómez de la Serna. Color de diciembre y otras cosas. Colaboraciones en el diario Ahora y en la revista Estampa, 1935-1936. Edición y estudio preliminar de Ricardo Fernández Romero. Sevilla, Editorial Renacimiento, 2018, 375 pgs.