Fotografía de Michael Kenna
Es necesario iniciar el comentario de este último ensayo de Pedro Medina diciendo que Islarios de contemporaneidad II – El proyecto del mundo no es tanto una continuación de Islarios I (que también, por supuesto), como una “dilatación” o herramienta expansiva de muchos ítems que en esta segunda entrega son expuestos bajo una tonalidad (en su sentido musical) diferente. Diferente, y al mismo tiempo manteniendo una continuación discursiva con los principales argumentos de la primera entrega, por así decir. Queremos decir: En Islarios I estaba más presente la práctica artística como perspectiva y como posibilidad vivencial de un futuro en común, mientras que en Islarios II nos encontramos con una cartografía abierta en cuanto a la interpretación de nuevas acciones de pensamiento y de sociabilidad, y utilizando para ello estructuras visuales de reconocimiento, es decir: artísticas en su sentido más amplio y más cercano a una estructura de pensamiento que sin cesar a sí misma se interroga desde posiciones críticas y especulativas. Nos referimos a proyecciones y análisis, topografías, mapas de múltiple y variada condición, topografías (no pocas de ellas más mentales que físicas o geográficas, y no por ello menos necesarias), organigramas de todo tipo, cualidad y condición…. En definitiva: otras formas de arte y de relacionarnos con él por medio “dialécticas positivas” susceptibles de con-formar diferentes proyectos del mundo, en tanto que único territorio posible de la existencia compartida. En Islarios II me interesado mucho la dialéctica que en este nuevo ensayo encontramos en la relación entre Habitus/Habitare. Un inciso antes de continuar: este “heideggeriano” “Habitus/Habitare” fue el título de una muestra que Pedro Medina comisarió sobre un artista/escultor que yo desconocía en ese momento: Teodosio Magnoni, y con esto quiero decir que son intereses intelectuales que forman parte de especulaciones en las que lleva mucho tiempo trabajando. El pensamiento teórico y especulativo de Pedro Medina son siempre raras y muy sugerentes constelaciones de una multitud (“multitud” en el sentido que Fernando Pessoa daba a esta palabra: una pluralidad no tanto de “personas” como de intereses dentro de una, y repito, constelación de ideas y pensamientos). Pero volvamos al Habitus/Habitare que es una de las notas dominantes en este Islarios II, siempre y cuando aceptemos que esta ecuación está “atravesada” por una infinidad (multitud) de senderos borgianos que se bifurcan, se cruzan, se separan, se vuelven a encontrar y se reconfiguran en nuevas perspectivas y en nuevas poéticas. Es decir: en el más puro y brillante estilo Pedro Medina, que, aunque no parezca que esté hablando de Arte, lo hace en realidad de una manera muy intensa. El pensador francés Jacques Ranciere decía “no siempre hay política, aunque siempre hay formas de Poder”. En los ensayos de Pedro Medina no siempre hay cuestiones artísticas y estéticas (aparentemente), pero siempre hay ARTE (con mayúscula).

Habitus es un término sociológico de Pierre Bourdieu que describe las predisposiciones inconscientes (formas de pensar, sentir y actuar) interiorizadas a través de la experiencia social para conquistar, o al menos no renunciar a ello, un Habitare en el que poder establecer nuevos territorios de convivencia y sociabilidad. Y esto podría ser un resumen de Islarios II (uno de los posibles, quiero decir): una reconfiguración y reconsideración de lo sensible en tanto que bien común y social. En este punto sí que puede perfectamente calificarse a Islarios II de un “ensayo político” (y con todo el entrecomillado que queramos agregar).

Pedro Medina
Por supuesto, Islarios II trata de muchos más temas y argumentos que el de Habitus/Habitare (decimos temas y argumentos y en realidad queremos decir “pasiones”, en su sentido de entusiasmo, incluso entusiasmo sentimental, por realidades, por hechos, y ciertamente también, foucaltianamente, “por las palabras y las cosas”. También considero muy importante señalar la dimensión poética de Islarios II. Porque, en efecto, existe mucha y muy buena poesía, poesía otra, en este ensayo. Pero esta “poesía” estaría muy cercana a cómo la entiende un filósofo como Gadamer: como un modelo de lenguaje para la comprensión del mundo, el cual preserva el sentido en su polisémica riqueza, a diferencia del lenguaje ordinario que de alguna forma desgasta esta posibilidad de comprensión. De hecho, mientras leía Islarios II pensaba en la famosa distinción que Pasolini hacía entre “cine de la prosa” y “cine de la poesía”, ambas formas válidas y necesarias, si bien él se situaba, con toda razón, en el cine de la poesía. Pues bien, esta misma tensión prosa/poesía está presente en el ensayo, y en concreto hay un capítulo “Formas de Resistencia”, magnífico, en el que se funden ambas realidades, prosa/poesía, en un estadio superior. A partir de esta realidad en la que hemos introducido la Poesía, diría que la lectura de Islarios II nos permite una experiencia de la otredad y la «multivocidad», revelando una nueva forma de ser y de relacionarse con la realidad. Por multivocidad podemos entender la propiedad de algo que tiene varias significaciones o interpretaciones posibles, porque Islarios II se puede entender o comprender desde múltiples atalayas. En primer lugar desde la necesidad crítica de revisar los parámetros y paradigmas del Proyecto Moderno (acabo de ver que lo he escrito en mayúscula, quizá la revisión pase por rebajar la entonación y las perspectivas), a partir de este “Paisaje” (la revisión del proyecto moderno) Islarios II es una compleja y muy inteligente Suma de procesos cognitivos, de planteamientos sociológicos, de distribución creativa de recursos culturales, de sofisticados planteamientos prospectivos con el fin de explorar o predecir futuros posibles con la imprescindible ayuda de la complejidad de nuestro presente. Pero igualmente estamos ante algo así como una “Tecné humanista”; es decir, el planteamiento creativo, artístico y estético, de una habilidad del pensamiento, de una destreza intelectual, de oficio en la especulación filosófica, o de una ciencia en la resignificación sentimental de realidades que por su propia complejidad se diría que no hay espacio en ellas para los sentimientos y los afectos. De ahí que Islarios II sea un ensayo que es tanto artístico como “tecnológico” (entrecomillado), pues engloba un saber intelectual para que pueda devenir práctico, y consecuentemente capaz de producir no “algo”, sino lo inmaterial necesario de estructuras de conocimiento, plataformas de convivencia, procesos de reconocimiento en lo Otro y en el Otro, para acercarse en definitiva a un saber más amplio, universal, enseñable y sobre todo compartido, ya sea ese saber artístico o tecnológico. Y especialmente para “conjurar” los “miedos” del presente ante el paisaje no tanto del futuro, de lo por-venir, como ante la idea misma de lo que se desconoce, y para ello únicamente tenemos el humano saber como la más perfecta herramienta para construir futuros. Ya lo decía Adorno, filósofo citado por Pedro Medina: “Necesitamos un idioma para nuestra ignorancia”. Entiendo que Islarios II se aproxima mucho a ese nuevo idioma.

Presentación el pasado junio en la Cafebrería del libro: De izq a dcha: Luis Francisco Pérez, Miguel Cereceda, Pedro Medina y Carlos Jiménez.
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