Hay dos tipos de personas en Madrid en marzo. Las que miran la app del tiempo (y sufren) y las que directamente abren el plano de los pabellones 7 y 9 de IFEMA como si fuera el mapa del tesoro. Estas últimas saben que ha llegado el momento sagrado de ARCOmadrid, que este año celebra su 45ª edición con la misma naturalidad con la que un abuelo presume de achaques. Es un clásico, sí, pero uno que se reinventa cada año, se cuestiona profundamente y, si hace falta, se envuelve en cera coloreada para que parezca profundo.
Del 4 al 8 de marzo, unas 200 galerías nacionales e internacionales volverán a invadir los pabellones con esa mezcla tan lograda de entusiasmo fingido, cálculo milimétrico de precios y murmullos conspiranoicos que solo se producen cuando hay mucho dinero flotando y poco que decir en voz alta. Coleccionistas con cara de póker, comisarios que parecen estar resolviendo el sentido de la vida, artistas que fingen no estar desesperados por vender, asesores que cobran por asentir y algún turista despistado que entró pensando que era el Mobile World Congress se cruzarán bajo esa iluminación clínica que hace que todo parezca importante… o que todos parezcan tener un ataque de ansiedad existencial.
ARCO es ese mágico lugar donde en menos de diez pasos pasas de una obra que “reflexiona críticamente sobre la acumulación capitalista” a un bodegón hecho con sobras pegadas a la pared con Loctite industrial. Y lo mejor: todo tiene sentido. O al menos, todos fingen que lo tiene mientras toman fotos para Instagram con filtro “arte contemporáneo”.

El Programa General vuelve a demostrar que las galerías españolas no vienen a rellenar hueco: vienen a jugar fuerte… o al menos a intentarlo con cara de póker.
En CarrerasMúgica, por ejemplo, pintura, escultura y textil conviven como si fueran familia política en Navidad. Las piezas de Ángela de la Cruz —lienzos retorcidos y marcos que parecen haber perdido una pelea con la pared— nos recuerdan que la pintura no rompe las normas: las dobla, las retuerce y luego les cobra terapia. Al lado, la ironía quirúrgica de Juan Pérez Agirregoikoa despliega su habitual “crítica social” con esa calma zen que incomoda más que un grito… porque sabe que al final alguien lo comprará para colgarlo encima del sofá de diseño.
En FormatoCómodo, Nacho Criado nos trae ese minimalismo conceptual español de los sesenta que, ay, no era precisamente para decorar el piso turístico que ofrece Airbnb. Aquí el arte no aspira a ser tendencia de Pinterest: aspira a que te sientas tonto por no entenderlo del todo.

Y luego está Freijo Gallery, que este año apuesta por la presencia femenina y el diálogo intergeneracional (palabreja que siempre suena bien en el catálogo). El cara a cara entre Concha Jerez y Rocío Garriga convierte el stand en un seminario sobre memoria histórica y manipulación… hasta que ves la obra Ver la montaña como montaña, con páginas de La montaña mágica de Thomas Mann selladas en cera coloreada. Si alguien aún pensaba que la literatura servía para algo práctico, aquí descubre que puede convertirse en escultura crítica… y muy cara.
El Duo Project de Ramón Mateos y Olalla Gómez Valdericeda nos regala una instalación sobre acumulación capitalista que, ironía máxima, probablemente acabará acumulada en la colección privada de alguien con bastante capital acumulado. Bravo.
La internacional: del desguace al postureo global
ARCO no sería ARCO sin su pasaporte lleno de sellos y jet lag emocional. Galerías de 31 países: puedes hacer la vuelta al mundo sin moverte de IFEMA (y sin quitarse los zapatos en seguridad). En Chert Lüdde (Berlín), Selma Selman convierte la recogida familiar de chatarra en una “reflexión profunda” sobre estereotipos y economía informal. El metal reciclado gana dignidad artística… y precio de galería.

Lia D Castro. Da série Axs Nossxs Filhxs. 2021. Oil, acrylic, graphite and adhesive plaster on canvas. 180×260
En Levy (Alemania), Daniel Spoerri cuelga verticalmente restos de comida convertidos en bodegones contemporáneos. Naturalezas muertas que no solo están muertas, sino que te recuerdan que alguien cenó antes que tú… y probablemente mejor que tú.
Del Infinito (Buenos Aires) rescata a Margarita Paksa, pionera del conceptualismo político argentino. Martins&Montero (Brasil) trae a Lia D Castro y sus pinturas potentes sobre género, raza y feminidad con colores que no piden permiso… aunque a veces suenen ya un pelín repetitivos en el discurso.
La sección estrella, ARCO2045, comisariada por José Luis Blondet y Magali Arriola, nos invita a reflexionar sobre “el futuro del arte y sus lenguajes posibles”. Casi nada, solo salvar la humanidad a través de óleos y hongos.
En Pequod Co (México), José Luis Sánchez Rull mezcla literatura y música en escenas viscerales donde las criaturas se funden con el fondo… porque distinguir figura de entorno sería demasiado burgués.
Carmen Araujo Arte (Venezuela) presenta a Alessandro Balteo-Vazbeck y sus “documentos políticos” hechos con archivo e investigación histórica. Arte como historiador alternativo… cuando Google no basta.
François Ghebaly trae a Candice Lin con dibujos, vídeo y materiales vivos (hongos, bacterias) para hablar de colonialismo, raza y género (lo mismo que Lia D Castro, pero con más laboratorio).
En Carlier | Gebauer, Nicole Miller traduce ondas de audio de Alice Coltrane en láser y animaciones luminosas. Jazz convertido en geometría vibrante… porque el sonido solo ya no mola.

Harold Mendez. Tongue in hand. 2025
En la sección Perfiles | Arte Latinoamericano hay un artista por galería para que sufras menos opciones y más intensidad. En Patron, Harold Méndez susurra con archivo, ficción y ausencia. En Isla Flotante, Roberto Jacoby recuerda que el arte puede ser red, revuelta y pensamiento colectivo… aunque al final lo compre un fondo de inversión. Yehudi-Hollander Pappi trae a Julia Gallo y sus esculturas murales que oscilan entre figuración, abstracción, tragedia griega y simbolismo bíblico. Inquietan, seducen… y cuestan un riñón.
La sección Opening | Nuevas galerías inyecta energía fresca (o al menos lo intenta). Callirrhoë (Grecia) con Janis Rafa y sus vídeos, esculturas y rosetas ecuestres convertidas en arte. Trofeos que ya no premian velocidad, sino “reflexión profunda”.
Windows Project (Georgia) y Uta Bekaia mezclando mitología, barroco y dadaísmo georgiano en cerámicas que reinventan rituales perdidos… o los inventan de nuevo para sonar cool. Reservoir (Sudáfrica) con Marsi Van de Heuvel y fragmentos fotográficos del Apartheid que reabren preguntas sobre identidad. Porque nada dice “arte contemporáneo” como reabrir heridas con estilo.

Tras 45 ediciones, ARCOmadrid sigue siendo ese sitio donde descubres tendencias, reencuentras maestros, te sorprendes con alguna locura cara y confirmas que el arte contemporáneo no está dispuesto a ser amable ni complaciente… ni barato.
Habrá quien salga de la visita con una obra reservada (y un préstamo hipotecario). Habrá quien salga con una duda existencial más grande. Y habrá quien salga directo a suscribirse a una newsletter de “inspiración en arquitectura y lifestyle” jurando que “esto lo podría hacer mi sobrino”.
Pero todos saldrán con la certeza de que durante cinco días, en los pabellones 7 y 9 de IFEMA, en Madrid, el mundo se mira el ombligo a través del arte. Con mucha ironía, con crítica selectiva y, afortunadamente, con un sentido del humor que a veces se paga aparte.
MÁS INFORMACIÓN:https://www.ifema.es/arco/madrid

