José Miguel Viñas, meteorólogo y divulgador científico, invita a descubrir las obras de la colección del museo Thyssen-Bornemisza de Madrid desde una mirada diferente, revelando en un recorrido temático a través de 14 salas cómo los paisajes y los cielos, en muchas ocasiones, van más allá de ser un simple telón de fondo y se convierten en una parte esencial de la composición de las obras.
«Pasear por las salas del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid nos brinda la oportunidad de acercarnos a la pintura desde enfoques e intereses muy distintos, todos ellos enriquecedores. Si nos fijamos en los paisajes, descubriremos en la presencia de cielos en la mayoría de ellos que, lejos de ser meros telones de fondo, constituyen, en muchos casos, una parte esencial de la composición de la obra, cuando no su elemento principal, en el que el artista puso su foco de atención para nuestro disfrute.

Lucas van Valckenborch. La matanza de los inocentes 1586
Tanto las nubes como los demás elementos atmosféricos que aparecen en los cuadros no solo contribuyen a su belleza, sino que, además, tienen muchas cosas que contarnos. Más allá de diseccionar una pintura con ojos de meteorólogo y conocer qué tipos de nubes aparecen en ella, si somos capaces de identificarlas y ponerles sus correspondientes nombres oficiales en latín (Cumulus, Cirrus, Altostratus, Cumulonimbus…), tiene tanto o más interés conocer la razón por la que un determinado artista pintó de forma reiterada un tipo de cielo concreto, lo que llega a convertirse en la principal seña de identidad de alguno de ellos.

Albert Bierstadt. Atardecer en la pradera hacia 1870. Óleo sobre lienzo. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid
Esta información complementaria de los cuadros de paisaje se enriquece todavía más si la situamos en el contexto meteorológico y climático en que fueron pintados. Si bien los artistas desarrollan su creatividad libremente, siguen tendencias y reciben influencias, es decir que terminan trasladando sus vivencias a las obras, y la componente ambiental (atmosférica) siempre está ahí, actuando sobre la vida de cada uno de ellos, de cada uno de nosotros, de cada persona.

Claude Monet. El deshielo en Vétheuil 1880 Óleo sobre lienzo. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid
En este paseo viajaremos a los majestuosos parajes naturales de Estados Unidos en el siglo XIX de paisajistas como George Innes, Albert Bierdstadt o Martin Johnson Heade, quienes retrataron magistralmente en unas pinturas que contribuyeron a reforzar la identidad de país entre los colonos europeos que se fueron expandiendo por aquel vasto territorio. Los rigores invernales que se vivieron en Europa durante la Pequeña Edad de Hielo –principalmente entre los siglos XVI y XVIII– también quedan bien reflejados en pinturas de Van Goyen o los Ruysdael, entre otros. Los cielos de Van Gogh, Sisley o Boudin forman igualmente parte del recorrido, sin olvidarnos de otros pintores también impresionistas como Monet o Pissarro, interesados en plasmar el deshielo primaveral o la transformación del paisaje provocado por una nevada.

Camille Pissarro. Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve hacia 1870. Óleo sobre lienzo. Colección Carmen Thyssen
Este original acercamiento a la pintura es complementario a cualquier otro que pueda llevarse a cabo. Concluido el paseo, el visitante dispondrá de más elementos de juicio para analizar un determinado paisaje, al margen de la satisfacción que produce la contemplación de la belleza de las obras. El objetivo final de este itinerario es reivindicar la importancia de los cielos retratados en la pintura universal, ayudar a entenderlos mejor y disfrutar de ellos tanto en la pintura como al natural. (Texto de José Miguel Viñas publicado por del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza)

Emil Nolde. Puente en la marisma, 1910 Óleo sobre lienzo. Colección Carmen Thyssen
Más detalles y el lugar donde se encuentran las obras puede verse en
