Las memorias de la pintora surrealista Leonora Carrington durante su internamiento, en 1940, en el hospital psiquiátrico del doctor Luis Morales, en Santander, Memorias de abajo, (Alpha Decay, traducidas por Francisco Torres Oliver) es un libro clave del movimiento surrealista. Carrington captura la esencia de su confinamiento, transformando la agonía personal en una narrativa emocional con imágenes fantásticas que reflejan su desesperación, resistencia y espíritu creativo.

En los primeros capítulos, Carrington relata los acontecimientos que condujeron a su internamiento tras sufrir una crisis nerviosa en Madrid, ciudad a la que llegó tras huir del París del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Fue su padre, un rico comerciante inglés, que decidió internarla. La agitación política, unida a traumas personales como el fracaso de su relación sentimental con el pintor surrealista Max Ernst, internado en el campo de concentración de Les Milles, por ser considerado enemigo del régimen de Vichy desencadenaron su crisis nerviosa. Su relato está salpicado de recuerdos fragmentados y pensamientos inconexos que reflejan el caos de su mente.

El viaje comienza con el descenso de Carrington al hospital psiquiátrico. Su llegada está marcada por una escalofriante sensación de desplazamiento, como si hubiera entrado en un universo paralelo. El pabellón de abajo, con sus paredes frías y austeras y el sonido sordo de gritos lejanos, se convierte en el telón de fondo de su pesadilla. Las descripciones de Carrington están impregnadas de una belleza sobrecogedora, y captan el inquietante ambiente del manicomio con la minuciosidad de un pintor.

 

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El retrato que hace Carrington de la gente que trabaja allí es a la vez escalofriante y surrealista. Los médicos y enfermeras, a los que se refiere como «guardianes del abismo», aparecen como figuras grotescas, con los rostros contorsionados por la apatía y la crueldad. Los describe como seres que parecen marionetas, moviéndose mecánicamente por los pasillos, administrando tratamientos tan extraños como brutales. Estos personajes son un testimonio de la habilidad de Carrington para mezclar la realidad con su particular surrealismo, creando un mundo de pesadilla que es a la vez extraño y familiar.

Escrito en 1943, dos años después de su experiencia en el psiquiátrico, donde fue declarada loca y en el que recibió un tratamiento con tres inyecciones de cardiazol, usado en la psiquiatría antes de la terapia de electrochoque y que causaba espasmos, pérdida de conciencia e incluso amnesia. En la segunda inyección, Carrington perdió la conciencia y el control de su cuerpo. Al volver en sí estaba, escribe, «dispuesta a morir».

Uno de los aspectos más conmovedores de las memorias de Carrington es su descripción de los demás pacientes del manicomio. Presenta un elenco de personajes, cada uno con su propia historia trágica. Está María, una joven que se cree un pájaro y se pasa el día intentando volar; Jorge, un anciano que murmura constantemente ecuaciones matemáticas en voz baja; y Elena, una antigua cantante de ópera que sólo se comunica a través del canto. A través de estos personajes, Carrington explora temas como la identidad, la pérdida y la fragilidad de la mente humana.

 

La maja del Tarot

 

A medida que avanzan las memorias, la escritura de Carrington se vuelve cada vez más introspectiva. Profundiza en su propia psique, examinando el modo en que su mente trata de protegerse de los horrores de la realidad. Sus reflexiones están teñidas tanto de desesperación como de esperanza, ya que se enfrenta a la dualidad de su existencia. Por un lado, anhela la libertad y la cordura; por otro, encuentra consuelo en la realidad alternativa que su mente ha creado.

El punto de inflexión se produce cuando descubre una habitación oculta en las profundidades del manicomio. Esta habitación, que ella llama «El Santuario», se convierte en un lugar de refugio y creatividad. Es aquí donde comienza a pintar y escribir de nuevo, utilizando el arte como medio para reclamar su identidad y afirmar su voluntad. El santuario se describe con todo lujo de detalles, con paredes adornadas con sus pinturas surrealistas y una pequeña ventana por la que entra una pizca de luz. Este espacio simboliza la resistencia de Carrington y su inquebrantable deseo de crear, incluso ante una oscuridad abrumadora.

La escritura de Carrington está impregnada de un lirismo que eleva sus experiencias más allá del mero relato. Su lenguaje, poético y preciso, capta la esencia de sus emociones con una claridad sorprendente. Emplea metáforas y simbolismos para transmitir la complejidad de sus pensamientos, atrayendo a los lectores a su mundo con una atracción magnética.

 

 

Uno de los elementos más sorprendentes de las memorias de Carrington es su exploración del tiempo. En el manicomio, el tiempo se convierte en un concepto fluido, casi abstracto. Los días se confunden con las noches, y el pasado y el presente se entremezclan en una danza desorientadora. La narración de Carrington refleja este desorden temporal, con flashbacks y secuencias oníricas entrelazadas con su realidad presente. Esta estructura no lineal contribuye al carácter surrealista de su escritura, creando una sensación de intemporalidad que refleja su estado mental.

Uno de los aspectos más conmovedores de las memorias de Carrington es su huida final. El proceso no es sólo físico, sino también de liberación psicológica. En Lisboa, desde donde debía ser llevada a un sanatorio de Sudáfrica se escapó de sus cuidadores. Casada con Renato Leduc, huiría a México, país que se convertiría en su refugio. Carrington describe el momento de su liberación con todo lujo de detalles, captando la abrumadora oleada de emociones que experimenta al salir a la luz del sol. Este momento de liberación está teñido de una sensación de renacimiento, de reivindicación de su identidad y su visión artística.

Al final de las memorias, Carrington reflexiona sobre su viaje y las lecciones que ha aprendido. Reconoce el dolor y el sufrimiento que ha padecido, pero también la fuerza y la resistencia que han surgido de su terrible experiencia.

 

Quería ser pájaro, 1960