«Mi perra Tulip», del escritor inglés J. R. Ackerley ofrece una exploración única de las relaciones humanas con los animales, en este caso con una perra, un pastor alemán. La narración es un relato sincero, sin complejos y a menudo humorístico de sus dieciséis años de compañía. La escritura de Ackerley se caracteriza por su atención al detalle, captando los matices de la personalidad de Tulip y las pruebas y triunfos diarios de su vida en común.

Esta perra alsaciana bastante inquieta fue adoptada por Ackerley cuando tenía un año de un marinero con el que mantuvo una relación. La perra fue la relación más intensa, estable y satisfactoria de todas las que tuvo Ackerley en su vida (1896-1967).

J.R. Ackerley estuvo marcada por una serie de sucesos que reflejó en sus obras literarias. Los primeros años de Ackerley se caracterizaron por una educación austera en una familia de clase media. Su padre, Roger Ackerley, era un exitoso importador de fruta, conocido como el «Rey del Plátano», que llevaba una doble vida, manteniendo en secreto dos familias y varios hijos ilegítimos. Esta complejidad familiar influyó profundamente en la visión del mundo de Ackerley y en sus escritos posteriores. En la Primera Guerra Mundial resultó herido y fue hecho prisionero de guerra. A su regreso a Inglaterra trabajó en la BBC como editor literario.

 

 

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El origen del libro se encuentra en la profunda soledad del propio Ackerley y a su deseo de compañía. A pesar de su carácter gregario y de su amplio círculo de amigos, Ackerley sentía a menudo un profundo aislamiento. Sus relaciones con los hombres eran complicadas y difíciles, sobre todo debido a los tabúes sociales que rodeaban la homosexualidad en aquella época. Fue en Tulip, llamada originalmente Queenie, donde Ackerley encontró compañía y amor.

Tulip, con su carácter enérgico y a menudo obstinado, se convirtió en el centro del mundo de Ackerley. La novela explora varios aspectos de su vida en común, desde los retos de adiestrar y cuidar a un perro hasta las alegrías de sus experiencias compartidas. El retrato que Ackerley hace de Tulip es profundamente antropomórfico; la imbuye de una personalidad compleja, atribuyéndole emociones e intenciones que resuenan con cualidades humanas.

Sin embargo, Tulip tenía su carácter difícil y era bastante inquieta. Además, esta raza de perros, por su tamaño y fuerza necesita vivir en espacios abiertos, y no en un piso en Londres. Todo ello se manifestaba mediante una conducta agresiva respecto a otros animales o personas que se acercaban al escritor. Y aunque con el tiempo mejoró, Tulip nunca dejó de ser bastante ingobernable. Una veterinaria le dijo a Ackerley que la perra estaba enamorada de él, y que por eso se comportaba de esa forma cuando estaba con su amo.

 

 

El libro no tiene nada que ver con el género de mascotas y amos, sino más bien trata los sinsabores que el escritor tuvo que sufrir intentando que su perra cumpliera con las leyes de su naturaleza perruna.  Por eso, uno de los aspectos más sorprendentes de Mi perra Tulip es su exploración del vínculo humano-animal. Ackerley profundiza en los entresijos del comportamiento de Tulip, sus gustos y aversiones, y sus interacciones con el mundo que la rodea.

Tampoco rehúye los problemas de tener un perro. Ackerley describe las necesidades corporales de Tulip, sus problemas de salud y las dificultades para encontrarle pareja. Descubrimos la compleja vida sexual de los perros. Tienen que darse tantas condiciones para que los perros se crucen, que la gran mayoría de ellos los consiguen hacer pocas veces en su vida. El dueño acompaña a su perra en los días de celo, y leemos las muchas complicaciones para cruzarla con otro perro de su raza, en la frustración que le genera el fracaso de Tulip con los sucesivos pretendientes que le busca, un problema que también es el suyo.  

La prosa de Ackerley se caracteriza por su elegancia e ingenio. Su escritura está impregnada de un humor seco y discreto que a menudo oculta corrientes emocionales más profundas. Equilibra los momentos desenfadados con reflexiones conmovedoras, creando una narración atractiva. La estructura episódica de la novela, compuesta por una serie de viñetas, permite a los lectores sumergirse en los ritmos diarios de la vida de Ackerley y Tulip, describiendo la experiencia de ambos como si fuese la nuestra con otra mascota.

 

J.R. Ackerley