El actor Johannes Krisch interpretando a Jack Unterweger en la película de Elisabeth Scharang

 

Escritores delincuentes 

Como las cárceles no están lo suficientemente pobladas de políticos tampoco iban a llenarla los escritores. Pocos han pasado a la sombra parte de sus días. Y de esa ridícula cantidad, que sus fans ensalzan de manera adolescente, aún menos han cavado en el permafrost por haber escrito textos contra el sistema. Literatura y cárcel casan tan poco, como que las bibliotecas en las penitenciarías, de tan escasas, mejor ni citarlas. Pero vayamos al grano: Cervantes estuvo en la cárcel por estafa. Que nos dejara el legado de su Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha cauteriza el problema, coagula la corriente delincuente del genio alcalaíno, sobre todo porque el inicio de esa obra maestra tuvo lugar bajo un techo polvoriento detrás de una puerta cerrada a cal y canto además de vigilada día y noche. Pero él no fue el único que pernoctó a la sombra. De Rimbaud, Verlaine y su mujer mucho ya se ha escrito. Pero no en esta bitácora donde debe quedar constancia de que el marido disparó sobre su amigo por celos y que la cárcel apaciguó tanta desdicha. Porque que te roben a tu amor sólo puede acercarse en drama a que tu editor no te abone las regalías cada fin de año y a la vez, conduzca un Porsche. Jack Unterweger pagó con la prisión por asuntos mucho más serios: asesinaba a prostitutas ahorcándolas con su cinturón. Años después, y tras reincidir recién reencontrada la libertad, se ahorcó con su propio cinturón tras haber caído de nuevo en las fauces de la cárcel. El nipón Issei Sagawai, durante su estancia en París, asesinó y descuartizó a una amiga a la que luego se la fue comiendo a trocitos, cocinada. Los japoneses, siempre, constarán en cualquier lista como los que se salen de toda tangente. Y dejamos para el final a los memorables, o sea, a aquellos que penaron su libertad literaria justamente por eso: por escribir lo que no les venía bien al sistema. Tanto Cuba como China podrían dar para siete capítulos de mis historias, pero nos centraremos sólo en Reinaldo Arenas, que por contradecir al régimen castrista sufrió demasiado tiempo en prisiones inhumanas, y en Liu Xiaobo, último Nóbel de la Paz chino que, aunque no falleciera entre rejas cuando fue enviado al hospital ya estaba en fase terminal. Y me dejaba atrás a mi amado Maiakovski también pasó varias temporadas por la penitenciaría.   

 

Daniel Sancho

 

Presos que escribieron entre rejas

Ahora que está tan de moda Daniel Sancho, hijo y nieto de actores, famoso por asesinar y descuartizar a su amigo Edwin Arrieta, uno que vive por circunstancias laborales a escasos trescientos metros de él se pregunta si en los años que le van a caer, que no van a ser pocos, será capaz de escribir aunque sea un pequeño diario. Uno lo pone en duda, ya que escarbando en la vida del muchacho descubrí que tras varios años ha vuelto a leer. La prisión, devastadora si de libertad hablamos, deja al menos la posibilidad de estar con uno mismo, de poder leer, estudiar y hasta escribir. Ya comenté que don Miguel de Cervantes comenzó su universal Don Quijote a la sombra. Pero son más los escritores que aprovecharon las residencias en prisiones para crear. Antonio Escohotado siempre contaba que pudo beneficiarse de la hospitalidad del sistema penal español para escribir la monumental Historia general de las drogas. Nicolás Maquiavelo también invirtió en literatura su estancia en prisión consiguiendo terminar su gran obra El príncipe. Cerca de ver la libertad en la penitenciaría de Reading Oscar Wilde escribió su gran carta de amor a su amante Alfred Douglas que llevó por título De profundis. Tras el fallido golpe de Estado en Múnich Hitler fue hecho preso, y desde allí, hilvanó los primeros capítulos de Mi lucha. Y hasta Ho Chi Minh escribió sus diarios desde la prisión, donde reclamaba el fin del colonialismo. Hoy día casi nadie que no sea vietnamita o ferviente marxista ha leído la obra del dirigente comunista que da el nombre a la ciudad que no le vio nacer, la que antaño se denominaba Saigón. Aunque existe un libro sobre la vida en la cárcel, en este caso sobre los gulag soviéticos, que te quita el hipo; escrito por el superviviente Aleksandr Solzhenitsyn, Archipiélago Gulag, es una exhibición minuciosa de la vergonzante represión política en tiempos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la extinta URRS. Lo que debe quedar claro es que la cárcel, lo mismo que puede ser motivo de suicido también lo puede ser de creación. 

 

 

Literatura doblemente deficitaria 

¿Quién dijo que dedicarse a la literatura no podría llegar a crearte un agujero económico irreversible? Si ya de por sí ver publicadas tus obras, llegar a vender siquiera medio millar de ejemplares, y que ese 10% te lo aboné tu editorial es harto improbable –al menos Sr. Scott libros sí que lo hace–, uno, o sea el que escribe, tomó hace un mes la decisión de provocarse una gira por toda España que me generará un déficit perturbador. Con la ayuda de amigos y fans que me dejarán pernoctar en sus casas viajaré a lomos de aviones, trenes y autobuses para presentar mi nueva novela, Avenida, la cual ya está a la venta, en las siguientes fechas: Palma (17/05), Alicante (21/05), Madrid (23/05), Salamanca (25/05), Zaragoza (28/05), León (05/06), Barcelona (07/06), Málaga (15/06) cuando aún se busca fecha para Sevilla o Marchena. Debe quedar claro que si en la vida todo tuviera que ver con el superávit la ilusión de hacer lo que a uno le plazca sería sólo una utopía. Y que discúlpenme la licencia de la autobombo, pero es que si no lo digo yo no lo dice nadie. 

 

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