Un grupo de chavales atraviesa en los años 80 del siglo pasado, la encrucijada hacia la vida adulta en uno de esos barrios madrileños en los que Naranjito, la mascota del Mundial de Fútbol de 1982 disputado en España, “pasó dejando poca huella y la Movida ni siquiera puso un pie”.
Este es el escenario en el que se desarrolla el cómic que el periodista y guionista Eliseo García y el dibujante Javier Urrea fueron elaborando en pleno confinamiento por la pandemia y que han podido culminar y publicar al cabo de cuatro años. Para ello, indagaron sobre los modos, escenografía, costumbres y lenguaje (casi ininteligible para los zoomers y centenials) de aquellos jóvenes ochenteros.

Ha sido una ardua tarea para recrear fielmente la vida y la imagen de barrio cuando entonces apenas se hacían fotos más que “de bodas, bautizos, comuniones y viajes”, recuerda Eliseo, y no como ahora que nos transmitimos a diario millones de instantáneas y selfies de cada paso, rincón, café, bollo, portal, esquina y viajes también que degustamos, disfrutamos y/o doblamos según el caso.
Es en el barrio donde la rumba gitana, el tecno, el punk y el rock, pero sobre todo el heavy, le ponen “banda sonora a esos días siempre iguales, en los que el reloj marcha lento y la vida se hace eterna”, escribe Eliseo en la contraportada del cómic, titulado Días de Inmortalidad. Ese título viene dado porque la juventud se creía entonces inmortal hasta que las circunstancias, la realidad y el paso de los años les pone de cara ante la evidencia de una vida limitada en el tiempo.

Aquellos días transcurren en un “mundo violento, donde imperan la heroína, el alcoholismo, el machismo, la homofobia y el clasismo. Un mundo en el que los chicos aún cargan la losa invisible de la masculinidad franquista y las chicas comienzan a intuir que existen techos de cristal. Días en los que hay que decir adiós a lo que has sido para convertirte en algo que no sabes si quieres ser”.
Aunque el vocablo barrio se utiliza en el cómic de forma genérica, hace referencia por extensión a lugares comunes en diferentes barrios madrileños frecuentados por los jóvenes en esos años 80, como la sala Canciller, en Ciudad Lineal, Hebe en Vallecas, la Sala Argentina en San Blas o el Palacio de los Deportes en el barrio de Salamanca. Lo que sí está acotado, nos comenta Eliseo, es que “los personajes hablan como los jóvenes de los barrios de la Alegría, San Pascual y Concepción” en Ciudad Lineal.

Poco importa que lo narrado en el cómic sea real o ficticio porque “esa era la vida en akellos años” que “nos marcaron para siempre en un Madrid ke no volverá”, como afirma y firma en la introducción El Pirata (¡¡¡SIEMPRE ROCK!!!), quien bendice a los autores por traer de vuelta los 80, a través de la vida de unos jóvenes que, como él, desaparecerán, pero sus viñetas se quedarán para siempre. El Pirata no es otro que Juan Pablo Orduñez, un locutor legendario de la radio española, que dirige el programa “El Pirata y su banda” en Rock FM, especializado en rock y heavy metal. La emisora pertenece al grupo COPE, la cadena de medios de comunicación de los obispos españoles que, ¿quién lo diría?, lleva apoyando al irreverente rock desde los 80.
Los protagonistas del cómic son doce chavales: Beli, Chicle, Rata, Mugre, Chino, Mono, Tarzán, Francis, Rocky, Pepepótamo, Pelas y Negrín. Siete de ellos ilustran de forma original el comienzo de los siete capítulos de que se compone la obra. El paso del tiempo, el covid y la vida en sí borra a buen número de los protas y los pocos que quedan al final peinan finos hilos por pelos.
Eliseo y Javier presentaron su obra en el centro cívico Zigia28, en la misma calle y número del distrito de Ciudad Lineal, que se merece una historia aparte por la determinación y el coraje de los herederos de un inmueble familiar para reconvertirlo en un espacio cultural abierto desechando el santo y seña de nuestros días, llamado especulación inmobiliaria y dinero fácil.

Ambos pormenorizaron con cierto humor los detalles que dieron lugar a la creación de los personajes y su entorno, con contantes cambios sobre la marcha. De no ser amigos desde la adolescencia, dicen, habrían acabado su relación, a saber si de forma menos amistosa. Tuvieron, por ejemplo, que rehacer algunas viñetas, espacios y bocadillos para ocultar prudentemente ciertas marcas publicitarias o “meter la mili obligatoria” en el relato cuando algunos de los protagonistas iban en un bugata (coche para compresión de la generación Z) por la Gran Vía madrileña y la mencionaron de pasada como forma de sacarse gratis el carné de conducir. Que todo sea por la Patria.
Después de dar vueltas como en una noria por editoriales especializadas del ramo, a Urrea se le ocurrió buscar una en la Feria del Libro de Madrid y así es como fueron a parar a la caseta de la editorial Drakul, que es la que ha publicado el cómic. Uno de los valores añadidos del cómic es que incluye al comienzo dos QR para acceder a la playlist de temas “que se oyen” en el relato y a las secuencias de películas (y un concierto) que, de igual forma, “se ven” en sus páginas.

Foto del libro «Hermano, Asno» que fue publicado por la Diputación de Córdoba
Eliseo García Nieto es periodista. Ha trabajado como reportero y editor en la Agencia Efe durante 23 años. Ha sido enviado especial a Oriente Medio y África. Fue, además, cronista de cine en los Oscar y en los festivales de Cannes, Venecia, Donostia y Marrakech. Fue el director, productor y guionista del cortometraje New Order Global Economy (2001) y del documental Don Quijote vive aquí (2005). Ha escrito una decena de libros ilustrados para Susaeta Ediciones. Es coautor, junto con el fotoperiodista Desiderio Mondelo, de Hermano Asno (2017), en el que se homenajea a un animal histórico y fundamental, a veces terco, pero noble y tranquilo, que contribuyó a lo largo de siglos al desarrollo tanto rural como urbano en España y que las nuevas herramientas agrarias y de transporte le han arrinconado con la amenaza de su extinción.
Javier Urrea es serigrafista profesional. Comenzó a dibujar “en cuanto la motricidad le permitió sujetar un lápiz con destreza”. Desde ese momento no ha parado de hacerlo “con la idea de convertirse en un pintamonas profesional”, como reza su escueta biografía publicada por Drakul. Ha trabajado como ilustrador para distintas editoriales y ha publicado un par de fanzines.
Para más información: www.drakul.es

