Isabel II acompañada de su hijo, el príncipe Carlos de Inglaterra, durante el Jubileo de Platino en el que se celebraban 70 años en el trono, en junio de 2022
La mujer que más sabe sobre las casas reales europeas es la escritora y periodista italiana Enrica Roddolo. Un conocimiento debido a la acumulación de saberes y casualidades, que se reflejan en una treintena de libros publicados sobre los más variados asuntos. Periodista del diario de Milán Corriere della Sera, en los libros de Roddolo siempre hay una gran pasión por la Historia, la maestra de la vida. Para ella, mirar la historia de Europa desde el punto de vista de la historia de las monarquías es una forma de contar una geopolítica del siglo XX compleja y fascinante.
Después de trabajar en distintos medios y ser periodista de economia del Corriere della Sera, escribió libros de viajes y varios ensayos históricos económicos que le permitieron conocer y analizar las dinastías del dinero, el poder y la política, desde los Kennedy a los Rothschild, pasando por Berlusconi, la Casa Agnelli… Vivió en Londres y empezó a cubrir a la familia real británica. Buena escritora, con amplios conocimientos de historia, economía, del mundo de la moda… lo debió hacer bien porque en el periódico le encargaron también seguir a las otras familias reales europeas.
De este modo empezó un recorrido que le enseñó cómo las monarquías europeas contemporáneas son sorprendentes modelos de adaptación a los cambios de los tiempos. Enrica Roddolo invita al lector a participar en un viaje en distintas épocas en el que da voz a los protagonistas tras años de estudio e investigación. Roddolo escribe un ensayo histórico donde la ligereza y la hondura nos atrapan y explican los asuntos más complejos. Pero dejemos que lo explique ella.

Enrica Roddolo durante una intervención en la televisión pública italiana RAI 1
Dado que en su país no hay monarquía, ¿su interés por las casas reales surgió por motivos profesionales o personales?
En la base de mis libros siempre hay una gran pasión por la historia, la maestra de la vida, Historia magistra vitae como escribió Cicerón en De Oratore. Y mirar la historia de Europa desde el punto de vista de la historia de las monarquías era una forma de contar la historia de una geopolítica del siglo XX compleja y fascinante. El resto lo ha hecho mi profesión periodística, que me ha llevado a lo largo de los años a seguir bodas reales y funerales de Estado como el de la Reina Isabel II, coronaciones como la del Rey Carlos III en Londres y la del Rey Frederik X en Dinamarca.
¿Qué papel cree que desempeñan hoy en día las casas reales desprovistas en su mayoría de poder político?
Winston Churchill solía decir que las Casas Reales añaden un toque de color a la grisura de los asuntos institucionales… y Walter Bagehot, el constitucionalista británico del siglo XIX, que no se trata de un rey en el trono, sino de «una familia en el trono». El encanto de una Casa Real permanece a lo largo de los siglos aunque es cierto que han perdido gran parte de su poder real. Por el contrario, es cierto que a medida que han perdido poder real, desde el siglo XIX, han aumentado su poder blando. Poder de influencia, por ejemplo, con sus opciones y acciones: por eso funcionan tan bien al frente de organizaciones benéficas y proyectos humanitarios. Pero también la capacidad de sintetizar en su Corona, real o simbólica, el sentido de la historia y del tiempo a través de una nación.
¿El interés por las monarquias sigue siendo alto entre la gente y los medios de comunicación, o cree que se limita a la prensa rosa, a los cotilleos sobre las clases altas, o entran en juego otros factores?
A pesar de que ya después de la Primera Guerra Mundial muchos soberanos perdieron su Corona y de que después de la Segunda Guerra Mundial el viento de la revolución de las costumbres, desde el Swinging London a la Dolce Vita italiana, apagó los focos sobre los príncipes y reyes y los dirigió hacia las estrellas de Hollywood y las nuevas estrellas de la música o la moda, la Corona de los Reyes a partir de los años 2000 ha vuelto a brillar. El mito popular de la realeza comenzó en el siglo XIX con la prensa popular que podía jugar el papel de las imágenes, después el de las fotografías… y continuó, amplificado, en la época de la televisión que llevó dentro de las casas la historia de la vida en el Palacio. Y hoy continúa en las redes sociales.

¿Es más difícil interpretar el papel de rey o de reina, y por qué?
Si por reina entendemos reina consorte, está claro que hoy el papel de liderar un país recae sobre los hombros no sólo del soberano, sino también de su otra mitad. Hoy, desde Londres a España, no hay soberano que no se complemente con la labor de su esposa.
En el siglo XXI, ¿es mejor que el monarca sea una mujer o es indiferente?
La Corona expresa su carisma independientemente del sexo de quien la lleve. La Historia nos ofrece ejemplos tanto de grandes reinas como de grandes reyes. Pero hay un hecho del que es imposible escapar: en el próximo relevo generacional, Europa estará liderada por reinas: empezando por Leonor de Borbón.
Usted dedicó un libro a la reina Isabel de Inglaterra: ¿cree que fue una buena reina o tuvo debilidades familiares?
Isabel II fue la protagonista de una nueva, segunda Edad Isabelina, no menos importante que la de su antecesora Isabel I, que luchó en contra de España en el Siglo de Oro. El aspecto familiar de Isabel II fue más frágil sí, como madre fue menos brillante que como reina. Pero hay que considerar algunos factores en su defensa: era muy joven cuando se hizo cargo de la herencia del reino y dedicó todas sus energías a representar el papel que magistralmente había desempeñado su padre Jorge VI. Además era un tiempo en el que para cualquier mujer que trabajase, incluida una reina con el deber de dirigir un país, la familia debía permanecer al margen. No debían ocupar demasiado espacio para no distraer a la soberana de su papel institucional.

¿Fue el duque de Edimburgo un rey consorte ideal o un magnífico actor?
El Príncipe Felipe, a quien conocí invitado a una fiesta en el Jardín Real del Palacio de Buckingham con la Reina Isabel, sabía que tenía que dar un paso atrás respecto a su esposa Isabel II, pero su influencia en la corte, más aún en las decisiones institucionales y políticas de la Reina, era enorme, como le reconoció más tarde su esposa al morir en el umbral del siglo. ¿Sus meteduras de pata memorables? Una puede ser cuando dijo en el Caribe: «Ustedes tienen los mosquitos, nosotros tenemos la prensa». Una forma de salir de su jaula cortesana y hacer oír su voz. La voz de un hombre de gran inteligencia e ingenio. Por supuesto, no políticamente correcto. Pero esta sensibilidad vendría después.
¿Carlos III es el sucesor ideal de la reina Isabel o un puente entre los setenta años de reinado de su madre y los de su hijo, el príncipe Guillermo?
Llegado al trono después de tanta madre, después de la reina de los récords, la única que ha llegado a las bodas de platino, el rey Carlos ha demostrado en Londres que reúne todas las cualidades de un excelente soberano. No es un rey de paso, de transición, sino un gran gobernante de nuestro tiempo, como escribo en su primera biografía italiana, guiado desde niño por el interés a la sostenibilidad. Una carta que ahora le acerca a las generaciones más jóvenes, tan atentas al medio ambiente. Y un rey al que le encanta «entrometerse», como él mismo dijo, en los asuntos de actualidad. Los tiempos han cambiado desde la época de Isabel. Un rey como Carlos con un punto de vista claro no corre el riesgo de ser visto como una personalidad ajena a los dramas del mundo. Con un toque añadido que me gusta llamar «mediterráneo», en el sentido de que en lugar de la rigidez típica de los Windsor, la ha sustituido por una forma muy cálida y afable de relacionarse con la gente.

Cuando hablamos de dinastías no podemos evitar comparar a padres e hijos, habiendo sido ambos monarcas. ¿Qué diferencias ve entre Alberto de Mónaco y su padre Rainiero III?
Conocí al Príncipe Rainiero III y a la inolvidable Princesa Grace a través de las palabras de su hijo, el Príncipe Alberto, a quien he entrevistado muchas veces desde finales de los años noventa. Rainiero III era un hombre rudo pero afable con sus hijos, su familia. Un príncipe que reinó después de la guerra, de hecho hizo la guerra, luego peleó con Onassis por el control de los ingresos del turismo en Mónaco, la legendaria SBM, y que incluso se atrevió a desafiar a De Gaulle. Alberto II es un gobernante de estos nuevos tiempos en los que ganan las relaciones internacionales, y en estos primeros veinte años de reinado ha sabido tejer muy bien una red de excelentes relaciones internacionales. Guiado, como dijo en su primer discurso como príncipe tras la muerte de su padre, por la idea de «argent et vertue», o sea, riqueza pero también transparencia para el futuro del pequeño pero rico Principado de Mónaco.

Casi todos los matrimonios de las casas reales actuales son por amor y no por sangre azul. ¿Estas parejas están realmente enamoradas o están profesionalizando su tarea de representación monárquica?
El corazón de un príncipe, de un rey, es insondable, como lo es la vida sentimental de cada uno de nosotros. Ciertamente, lo que puede llamarse la monarquía de las celebridades, fruto de tiempos de altísima cobertura mediática, hace imposible guardar silencio, negar cualquier cosa fuera del vínculo oficial. Pero lo cierto es que los matrimonios reales de Felipe VI con Letizia Ortiz, como el de Guillermo Alejandro de Holanda con la argentina Máxima Zorreguieta, el de Alberto de Mónaco con Charlène Wittstock o el del príncipe Guillermo con Kate Middleton, bellas muchachas sin una gota de sangre azul, son matrimonios por amor. Tras siglos de diplomacia matrimonial.
¿Lograrán sobrevivir las monarquias o desaparecerán poco a poco, como ha ocurrido en muchos países?
Sobrevivirán, si saben atesorar la regla de oro destilada por Walter Bagehot en el siglo XIX: «no hay que dejar entrar la luz del día en lo mágico», más o menos. Mal asunto dejar entrar demasiada luz solar en los palacios reales, se podría romper la magia.

De todas las recepciones y fiestas sobre las que ha escrito un libro, ¿cuál le ha llamado la atención y por qué querría que le invitaran?
Las recepciones de Estado tanto en el Palacio de Buckingham como en el Castillo de Windsor no tienen parangón en cuanto a magnificencia.
Tras las elecciones presidenciales norteamericanas, desde un punto de vista más social que político o económico, ¿es más importante el Palacio de Buckingham o la Casa Blanca?
El historiador A.W. Purdue escribió con razón que la fórmula de Presidente, Senado y Congreso en los Estados Unidos se parece como una fotocopia a la del Rey, Lords Commons en Londres. Y quizá se podría añadir que la Casa Blanca tiene sus rituales como el Palacio de Buckingham.
Ya que también ha escrito un libro sobre Venecia, ¿es la ciudad más bella del mundo o el turismo de masas acabará con ella?
Venecia es una ciudad aparte, un «reino encantado» transmitido a lo largo de los siglos y que ha llegado hasta hoy día. Puesta a prueba por los cruceros que hasta hace pocos años podían acercarse a las viviendas más frágiles que dan a la Laguna, amenazada por la marea ahora detenida por los diques móviles. E inevitablemente asediada por las multitudes de turistas que llegan cada día a este vestigio de un tiempo suspendido para respirar la magia de Venecia. Para Venecia, como para las monarquías, la receta de la supervivencia será el difícil equilibrio entre la magia y la contemporaneidad.

