La primera novela del escritor chileno Simón López Trujillo (Santiago de Chile, 1994) El vasto territorio sigue un curioso itinerario narrativo que empieza en el realismo social y acaba en lo fantástico e incluso el terror. Mediante la intersección de dos historias que se cruzan y que nos hablan de la sobreexplotación de los recursos naturales, en una zona en la que se han sucedido diversos episodios de violencia, un hongo asesino se convierte metafóricamente en un justiciero.

Esta novela ganó el Premio Municipal de Literatura de Santiago 2022 y fue editada por Alfaguara en plena pandemia, lo que no ayudó a la difusión que merecía. Ahora ha sido recuperada con acierto por la editorial argentina Caja Negra. La historia es original, se lee muy bien y la prosa, tirando a lírica, es como un aceite que engrasa la maquinaria narrativa.

La geografía de la novela se sitúa en el sur de Chile, en la comuna de Curanilahue, cerca de la ciudad de Concepción. Uno de los narradores es un trabajador forestal, Pedro, que nos cuenta el pasado de la zona y las diversas corrupciones que han dominado desde hace tiempo en los bosques de pinos y eucaliptus.  (La novela está dedicada al sindicalista Rodrigo Cisterna, que fue asesinado por los carabineros durante la ocupación de una finca para pedir mejores condiciones salariales). Sin embargo, no es una obra de denuncia social.

 

Simón López Trujillo. Foto de Coni Rosman. Editorial Caja Negra

 

Pedro enferma por un brote del  Cryptococcus Gattii, enfermedad mortal producida por las esporas de un hongo que anida en las plantaciones de eucaliptos. Al caer en coma deja a sus dos hijos sin recursos. El hongo se propaga entre los trabajadores y tiene efectos lisérgicos e incluso espirituales, lo que proporciona la novela una curiosa visión mágica de ecología.

La otra historia la protagoniza una científica, Giovanna, que se mueve en un ambiente distinto, como es un moderno laboratorio. Ella se dedica a investigar  para el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico chileno, y asesora a algunas consultoras que no comparten su visión de la explotación de estos monocultivos.

Los hallazgos de Giovanna nos permiten comprender los aspectos históricos y sociales del problema, así como la amenaza del hongo y cuyas conclusiones tienen un aire fantasmagórico y siniestro.

 

Foto de Chloe Milos Azzopardi

 

Después de estar en coma durante un tiempo, Pedro es el único superviviente. Debido a ello, y en una nueva vuelta narrativa, una secta cuyos miembros viven en la zona creen que es el mesías que andan esperando por no haber fallecido frente a los poderes del hongo, mientras que los hijos de Pedro sobreviven a duras penas con lo que les da este grupo religioso que defiende la idea de la pertenencia a algo mayor, lo vasto, lo mismo que los hongos se conectan por debajo de los árboles y hace posible la vida en la tierra.

Narrativamente, López Trujillo emplea también anotaciones a pie de página para explicar conceptos científicos. En este juego entre lo que sabemos y no, las notas se convierten en otro personaje, que nos hace dudar de sus afirmaciones y de los otros protagonistas e incluso con datos que poco tienen que ver con lo que se cuenta en la novela.  De este modo, no sabemos bien quien narra, aunque todas las narraciones se conjugan en la violencia que ejercen las empresas que primero destruyen estos territorios y luego cultivan con productos dañinos tras despojar a las comunidades que viven en la zona, empobreciendo su tierra y contaminando sus aguas.

Giovanna representa el papel de la ciencia, ya que su rol como científica termina chocando con las iniciativas empresariales, mientras que el virus fúngico puede ser el desquite de la naturaleza. Una buena novela, muy bien contada y de plena actualidad en el mundo actual.

 

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