Presentación de «Excesos femeninos. Delirios masculinos. Una lectura de nuestro tiempo» (Fórcola). Luis de León Barga conversa con el periodista de «El País», Pablo Guimón en la Fundación Ortega-Marañón, el 5 de noviembre de 2025 en Madrid
El ensayo «Excesos femeninos. Delirios masculinos. Una lectura de nuestro tiempo» (Fórcola, 2025) se presentó en la fundación Ortega-Marañón de Madrid el pasado cinco de noviembre por el autor del libro, Luis de León Barga, que conversó con el periodista del diario «El País», Pablo Guimón.
Luis de León Barga explicó qué había escrito este libro porque le parecía interesante descifrar las señales que percibimos a diario del nuevo mundo en el que nos encontramos. Como en todo proceso histórico nuevo, este no afecta solo al contorno en que nos movemos sino que también moldea el comportamiento humano, y el exceso es una de sus características.

El exceso se ha impuesto con fuerza en esta nueva sociedad hiperindividualista, competitiva, ultracapitalista y tecnológica. «Basta mirar a nuestro alrededor para ver en el mundo del trabajo, la política o la economía, todo tipo de actitudes extremas», dijo Luis de León. «Para entender mejor este proceso, he elegido distintos perfiles biográficos y épocas diferentes del siglo XX y el actual».
Sin embargo, el exceso no es un invento del presente. Siempre existió desde la más lejana antigüedad aunque era considerado como algo contrario a los principios morales de un tiempo que veía en el término medio, la exacta medida de todas las cosas.
Cualquier exceso comienza siempre en el ámbito privado. En los siglos anteriores podía tener distintas características y modos, pero si no trastocaba el orden público y permanecía en una esfera cerrada era consentido. Por lo tanto el exceso necesita ser público para ser considerado como tal.

Pablo Guimón (izqda) y Luis de León Barga (dcha) en la presentación de «Excesos femeninos. Delirios masculinos. Una lectura de nuestro tiempo».
Será a partir del siglo XX cuando el exceso tome carta de identidad propia, se generalice y se convierta en un signo de “diferencia” en la ciudad moderna que encierra a sus habitantes en una soledad compartida. Entonces el extremo es una herramienta útil para diferenciarse y destacar. Durante la Primera Guerra Mundial y todavía más en la Segunda, el exceso, en este caso entendido como lo extremo impulsado por ideologías políticas e incluso económicas se “normaliza” y supera límites impensables. Sin embargo, tampoco lo excesivo es ajeno a otros campos, como la ciencia, la medicina y los nuevos inventos técnicos.
Pero volviendo al comportamiento excesivo en el ámbito privado, ¿qué entendemos por exceso? ¿O por qué definimos a una persona como excesiva? La respuesta a la primera pregunta es que traspasa los límites de lo que se entiende por “habitual” en la forma de vivir de la gente en cada momento histórico (ya que este es variable), y además, ese ir más allá implica en numerosos casos una experiencia que se acomete porque produce una gratificación que no es necesariamente sensorial.
El exceso se encuentra entre el impulso y el comportamiento, entre lo que surge dentro de nosotros y lo que decidimos llevar a cabo. A menudo comienza como un deseo de algo más o una necesidad de trascender los límites de nuestra vida corriente. Pero cuando se repite, ritualiza o justifica, el exceso se convierte en una seña de identidad.

El director de cine, guionista y director de La Hora Cultural de TVE, Antonio Gárate, Luis de León Barga y la fotógrafa Mariví Ibarrola después de la presentación del libro.
El exceso refleja la insatisfacción humana con la moderación porque a las personas le mueven apetitos variados y tienen imaginación. Siempre se busca la intensidad en el placer, conocimiento, poder, sentimientos… El impulso hacia el exceso es profundamente humano, al estar arraigado tanto en la biología como en la psique que busca recompensas impulsada por la dopamina o el simple propósito de sentirnos vivos. Sin embargo, la cultura nos enseña a gestionar lo extremo. Algunas formas de exceso, como la creación artística, el éxtasis religioso o el descubrimiento científico se justifican. En cambio, hay otras como la codicia o la violencia que se condenan.
La dificultad para el ser humano radica en que el exceso a menudo se percibe como una liberación. Es el momento en que se difumina la línea entre la elección y la compulsión. El bebedor se sirve otra copa no por una decisión racional, sino porque la moderación de repente se percibe como tedio. De este modo, lo que empieza como un deseo de intensidad puede acabar en una pérdida de control.
Sin embargo, aunque no podemos callar el impulso, se puede canalizar en lugar de dejarnos consumir por él. Por eso el exceso no conviene confundirlo con la dependencia. La diferencia esencial entre una personalidad excesiva y un adicto es que la personalidad excesiva podrá tener una preferencia o una tendencia clara hacia algún comportamiento extremo, pero carece de hábito, o sea, no necesita practicarlo a diario. En cambio, en el caso del adicto si, y su dependencia será excesiva o no, pero necesita llevarla a cabo a diario, y su interrupción comporta una serie de consecuencias físicas y psicológicas.

Presentacion de «Excesos femeninos. Delirios masculinos. Una lectura de nuestro tiempo» de Luis de León Barga con el periodista de «El País», Pablo Guimón en la FundacIón Ortega- Marañón, el 5 de noviembre de 2025
Si miramos desde el presente hasta hoy observamos como los grandes excesos del siglo pasado fueron protagonizados por mujeres, personalidades libertarias y minorías sexuales que, en muchos casos, sirvió para conquistar nuevos derechos. En este siglo, en cambio, la inmensa mayoría de los excesos está protagonizada por hombres que practican “ordalías” como el salto Base o las criptomonedas y donde ponen a prueba su masculinidad que, en algún modo, piensan que está en crisis o no saben situarse en el nuevo mapa entre géneros.
«Creo que las vidas de Dorothy Wilde, Timothy Leary, Catherine Millet, Michel Foucault, algunas protagonistas de la Movida madrileña, Robert Mapplethorpe, los practicantes del salto BASE y las criptomonedas pueden ayudar a entender mejor lo que acabo de decir», concluyó Luis de León Barga.

Presentacion de «Excesos femeninos. Delirios masculinos. Una lectura de nuestro tiempo» de Luis de León Barga con el periodista de «El País», Pablo Guimón en la FundacIón Ortega- Marañón, el 5 de noviembre de 2025
