«Palestina, la tierra estrecha» (Big Sur, 2025), es el camino por el que nos lleva la periodista Beatriz Lecumberri, acercándonos a las realidades de una tierra que trata de sobrevivir pese a las injusticias, los muros, las restricciones y las bombas. Y ya todo antes del ataque perpetrado por el grupo palestino Hamás el pasado 7 de octubre de 2023.
«Israel decidió enviarnos al medievo y ahora somos una nación de mendigos. No podemos tratar nuestra agua, no tenemos electricidad, los israelíes controlan todo, hasta lo que comemos y cómo nos vestimos». Son palabras de Raji Sourani, una de las muchas voces que habitan «Palestina, la tierra estrecha» (Ed. Big Sur), un libro de la periodista Beatriz Lecumberri, con voces y rostros a los que la autora da la palabra, testimonios de personas que nos relatan sus penurias y desolación, sus luchas por los derechos, sin violencia, y a veces, unas pocas veces, algunas luces de esperanza. En la mayoría de los casos, testimonios anteriores a los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y a la terrible respuesta israelí. Porque la ocupación, los abusos humanitarios y la tragedia no nacen en aquella horrible fecha de octubre. Así las palabras de Sourani, que nació en Gaza en 1953 y dirige el Centro Palestino para los Derechos Humanos, contando la realidad palestina «antes» del desastre.

En sus crónicas de la ocupación israelí, Lecumberri, que vivió más de cinco años en Jerusalén, da la palabra a los protagonistas de la historia, quienes padecen directamente las injusticias, habitantes de una tierra ocupada, y a todos los que caminan por sus complicadas rutas. Historias de vidas destrozadas por políticas que la comunidad internacional considera ilegales aunque bien poco hace para pararlas u obligar a cambios y reflexión. Casi siempre el silencio, el no saber, no decir… más allá de alguna que otra declaración con denuncias estériles.
«¿Por qué me hacen esto?. Nivín Habub tiene 42 años y desde hace más de ocho vive esperando los permisos que le permitan recibir fuera de Gaza los tratamientos que necesita, nos cuenta la autora. Tortuosos procesos burocráticos, largas esperas al lado de un teléfono por si se recibe la autorización, que finalmente se recibe… o no. Explica Lecumberri que «en 2012, un 90 % de las solicitudes de enfermos de Gaza que necesitaban un tratamiento fuera era aprobada. Diez años después, entre 2.000 y 3.000 palestinos enfermos solicitaban mensualmente esta autorización con las debidas justificaciones médicas y alrededor de un 60% recibía una respuesta positiva».

Lecumberri en una de sus entrevistas en Gaza, en el 2019, a las personas de las que se recoge su testimonio. Foto de Ana Alba
Hace cinco años, Beatriz Lecumberri co-dirigió junto con la también periodista Ana Alba «Condenadas en Gaza», un documental sobre las mujeres enfermas de cáncer en la Franja que no podían recibir tratamiento por falta de permiso de Israel para salir o con autorizaciones que llegaban a cuentagotas. Hace cinco años, antes del desastre actual.
Y de antes también los testimonios en su libro de quienes padecían el levantamiento de muros y retenes en Gaza, pero igualmente en Cisjordania, y los abusos a los derechos de propiedad y a la vida misma en todos los territorios, incluido Jerusalén-Este. Instalación de colonos, órdenes de desalojo de casas, demolición de hogares, insoportables obstáculos en el cotidiano, para moverse, para trabajar, para vivir. «Palestina, la tierra estrecha» nos hace recorrer este camino de desolación, dando siempre el protagonismo y la voz directa a quienes padecen, como Awad, que tuvo que demoler su casa con sus propias manos para no tener que enfrentarse al pago de los vehículos de demolición enviados por Israel, y a una multa que en su vida podía saldar.

El pasadizo de entrada a la Franja de Gaza desde Israel, por el norte. De casi unos dos kilómetros, después de pasar el control militar de Erez, en Israel. Puerta de entrada para personal humanitario y periodistas, y puerta de salida para los gazatíes que tenían permiso, antes del 7 de octubre de 2023. Foto de Beatriz Lecumberri
En medio del dolor, se escucha también la voz de algunos valientes que luchan por sus derechos sin violencia, ante las autoridades israelíes, y a veces sin el apoyo de sus propios dirigentes palestinos. Entre ellos, Issa Amro, activista de la lucha pacífica contra la ocupación y las colonias en Hebrón, con un ideal inspirado en personalidades como Nelson Mandela, Martin Luther King o Mahatma Gandhi. Pese a recibir el apoyo de la Unión Europea y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, fue acusado en 2016 por la justicia militar israelí de 18 supuestos delitos, luego reducidos a seis. Casos del pasado, casos cerrados que se reabrieron, por delitos que iban desde «insultar a un soldado» hasta «participar en una manifestación no autorizada» con banderas palestinas, algo que Israel ha considerado un acto criminal, explica Lecumberri. Amro ha sido detenido en repetidas ocasiones, liberado horas o días después. Como él, otros han luchado por la mejor vida que les niegan.
Y también del lado israelí, el coraje de algunos, testimonios de personas opuestas al rumbo de su gobierno.
«Protesto así contra la ocupación, contra la política de mi gobierno. Digo que no estoy de acuerdo. ¿Es útil? Eso espero. En cualquier caso, es lo que yo puedo hacer de una manera no violenta.» Habla Natanya, mujer israelí jubilada de 79 años, que forma parte al igual que otras compañeras suyas de la organización Machsom Watch (Observatorio de los Retenes Militares), creada en el año 2000. Acuden a estos retenes militares israelíes que se han consolidado y ampliado con los años, y en los que se controla sin miramientos a los palestinos que han de transitar por esas rutas. Ellas documentan lo que ocurre, ayudan en lo que pueden. Natanya acude al puesto de control de Qalandia, por donde palestinos de Cisjordania entran en Jerusalén, y afirma: «Este retén es un blanqueamiento horrible de la ocupación. Yo migré de Sudáfrica. ¡Imagínate, de Sudáfrica! Soy sionista, llegué buscando una idea de país…y mira. Pero la gente de Israel ha decidido cerrar los ojos».

Manifestación de mujeres israelíes de Machsom Watch
Que la gente sepa. Al igual que Natanya, eso mismo dicen otras activistas de Machsom Watch, y piensan que es de alguna manera el objetivo que han de lograr con su empeño en documentar lo que ocurre en los retenes militares. Y Karin, otra compañera, comenta, al ser preguntada sobre lo que opinan sus amigos de Tel Aviv sobre lo que hace:» Lo que piensan mis amigos jubilados no me preocupa demasiado; me inquieta más la forma de ver las cosas de muchos jóvenes israelíes, que están convencidos de que todo esto nos pertenece, de que toda esta tierra es nuestra, porque no han conocido otra cosa y creen que los palestinos pueden ir a vivir a cualquier país árabe vecino».
Como ellas, otros del lado israelí elevan la voz. Como el sargento Sanders, miembro de la ONG israelí Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio), de la que forman parte exsoldados y que, desde 2004, documenta excesos cometidos por las fuerzas armadas israelíes en territorios palestinos; como la abogada israelí Gaby Lasky, que defiende a palestinos, israelíes y extranjeros que resisten de manera no violenta a la ocupación; como Meir Margalit, que fue concejal en Jerusalén por el partido de izquierda Meretz y fundador de una organización que ha podido impedir la demolición de muchas casas de palestinos, y más voces, aunque ellos solo sean una pequeña parte, muy pequeña, de la sociedad israelí, y todo antes del 7 de octubre de 2023…

La ciudad de Gaza en abril de 2025
Igualmente de antes, la iniciativa de los habitantes de un pueblo de Cisjordania, Battir, que a pesar de los asentamientos israelíes que iban creciendo consiguieron parar el muro que Israel estaba construyendo, y que habría consolidado la separación de tierras palestinas y el aislamiento de los habitantes. Y lo lograron mediante un dossier ante la Unesco para proteger al pueblo y sus alrededores al considerar su paisaje cultural, sus terrazas, y ponerlo en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro.
Pequeñas esperanzas que prendían en un cotidiano desalentador, un día a día de privaciones y abusos, humillaciones y muerte, dentro de lo que algunos en el libro definen como una estrategia de Israel, una situación insoportable que tal vez anunciaba lo que ha venido después.
En un estilo periodístico a la vez cercano y riguroso, el libro de Beatriz Lecumberri, muy bien documentado en el contexto, basado en sus entrevistas y encuentros cuando residía allí, prioriza en el relato el testimonio directo de hombres y mujeres envueltos en la tormenta eterna de la «estrecha tierra». Ellos son los que nos cuentan y sus voces no pueden dejar indiferente al lector, por la autenticidad que transmiten, y sus rostros permanecen terminada la lectura. Más allá de la destrucción actual de tierras, vidas y futuros, unos rostros imposibles de olvidar.

Beatriz Lecumberri
