Despacho de Ramón Gómez de la Serna en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Instalación de Eduardo Alaminos López y Eduardo Salas.
Mi relación con el Despacho de Ramón Gómez de la Serna (y también mi primera visita a él) se remonta a la Casa de la Carnicería en la Plaza Mayor de Madrid, donde por primera vez se instaló en una habitación de este edificio; habitación estrecha y alargada que abrió un ordenanza y que de forma instantánea y sorpresiva mostraba aquel fascinante contenido de cosas heterogéneas y como de otro tiempo. Corrían, por entonces, los años 70 del siglo pasado. De esa visita he dejado constancia, vía nota, en el libro que muchos años después escribí sobre esta pieza singular de la vida y obra de Ramón. No consigo recordar por qué razón llegué a visitar aquella primera instalación ni cómo supe que estaba instalado allí. Tampoco, he de reconocer, me interesaba especialmente en aquellos años la obra del escritor, del que tenía, sin embargo, algunos títulos publicados en la venerable colección Austral. Años después, y ahora sí recuerdo la fecha con precisión, en 1983, ingresé como ayudante conservador en el Museo Municipal de Madrid, cuya dirección ostentaba a la sazón Mercedes Agulló, de grato y controvertible recuerdo.
Allí, en el museo, había quedado instalado el Despacho ramoniano con motivo de la exposición Ramón en cuatro entregas de la que Juan Manuel Bonet había sido el responsable de la Coordinación General, lo que hoy se define como Comisariado. El despacho ocupaba un pequeño habitáculo, en cuya pared exterior se había colocado un diminuto ojo de buey a través del cual se visualizaba –como si fuera un diorama– el interior del despacho. Una vez clausurada la exposición, se quedó allí instalado, pero no abierto al público, en el pasillo a través del cual accedíamos al almacén principal de museo, y que por esas rarezas de lo metonímico llamábamos los funcionarios del museo el “Almacén de Ramón”. Mi compañero Eduardo Salas, con quien he compartido a lo largo de los años amistad y pasión por los museos, y yo, “visitábamos” con cierta frecuencia el despacho, no solo para mirar a través de aquel “ojo mágico”, sino que también accedíamos a su interior y curioseábamos los objetos. Recuerdo con qué placer poníamos en funcionamiento la jaula con el pajarito mecánico que llenaba con su alegre trino la pequeña estancia, aquel juguete que compró Ramón en Le Paradis des enfants en París. Años después, en 1995, con motivo de la publicación de la Guía del Museo Municipal de Madrid. La historia de Madrid en sus colecciones, Salas y yo montamos el Despacho de Ramón en el contexto de la exposición permanente del museo donde se había dado cabida, por primera vez, a la colección de arte contemporáneo adquirida hasta entonces. De ello queda referencia, con reproducción fotográfica incluida, de un detalle del interior del despacho, en la citada Guía. Como curiosidad para el lector que no lo conozca he de comentar que montamos el despacho ramoniano en lo que fue la sacristía de la iglesia del antiguo Hospicio de Madrid, sede el Museo Municipal en la calle de Fuencarral, calle en la que vivió Ramón con sus padres. Creo que a Ramón le hubiera encantado saber que su “torreón” ocupó el desacralizado espacio de una sacristía, pues no en vano llamó a su famosa tertulia madrileña La sagrada cripta de Pombo. Casi podría decirse que hay una cierta conexión greguerística entre ambas realidades.

Ramón por Diego Rivera
Luego el despacho ramoniano ha conocido otras sedes, la del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, con motivo de la relevante y fascinante exposición Los ismos de Ramón Gómez de la Serna y un apéndice circense (2002), comisariada al alimón por Juan Manuel Bonet y Carlos Pérez, dos grandes especialistas y conocedores de Ramón y de sus entresijos y una pequeña muestra de su contenido en Un paseo por la vanguardia española. Instantánea de Ramón Gómez de la Serna (2004-2005) en el Museo Histórico Provincial de Rosario Dr. Julio Marc de Argentina, en cuyo catálogo, entre otros, escribieron sendos textos los autores antes citados.
Por último, se instaló el despacho en el MAC, con museografía a cargo de los arquitectos Vicente Patón y Alberto Tellería, siendo yo director del Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, en Conde Duque, tras la remodelación del edificio cuartel que con tanto ingenio Ramón calificó en Pombo (1918) de “bello monstruo marino” y cuya arquitectura asemejaba él a la de México, ciudad que no visitó, pero de la que sí tuvo en su famosa tertulia representantes importantísimos de su cultura como Alfonso Reyes o Diego Rivera, quien le pintaría, en 1915, un magnifico retrato cubista –símbolo y cifra de esa mágica habitación– que estuvo muchos años colgado en su despacho y que viene a simbolizar el carácter vanguardista de este ámbito o taller en él representado. Con motivo de aquella instalación en el MAC, escribí el libro Los despachos de Ramón Gómez de la Serna. Un Museo portátil “monstruoso” (2014), cuyo diseño corrió a cargo de Carlos Serrano así como la gráfica del montaje.

«La Tribuna» de 10 de abril de 1916 con el artículo de Santiago Vinardell «Mi visita al hombre nuevo. Ramón Gómez de la Serna» que es probablemente la imagen más antigua que se reprodujo del despacho de Ramón.
Más recientemente con motivo del I Congreso Internacional “Ramón y las vanguardias”, celebrado entre el 9-10 de octubre de 2025 en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, organizado por la aiR (asociación internacional RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA), presenté la ponencia “Los torreones o Despachos de Ramón Gómez de la Serna: ¿rasgos vanguardistas?”. Durante todo 2025 trabajé en esta ponencia, cuyo texto completo es el que se publica hoy aquí, en toda su extensión y con algunas notas añadidas.
Desde aquellos lejanos años 70 del siglo XX en los que empecé mi carrera como crítico de arte y luego como conservador de museos, primero, en el Museo Municipal y, luego, como director del Museo Arte Contemporáneo, la figura de Ramón Gómez de la Serna me ha ido interesando progresivamente y en especial su faceta, digámoslo así, más “plástica”, así como ciertos aspectos de su vitalista “autopromoción” pública”, de las que forman parte intrínseca también tanto sus despachos o torreones como la famosa tertulia de Pombo, que también he estudiado en Ramón y Pombo. Libros y tertulia (1915-1957) (2020) y Ramón dibujante. El lápiz atrevido (2025), editados por Abelardo Linares en Ediciones Ulises. Sin duda a ese interés mío por Ramón debe mucho los escritos de Juan Manuel Bonet, en especial su libro, Ramón en su torreón” (2002) y aquel, ya legendario, Ramón en cuatro entregas (1980) cuyas cubiertas ajedrezadas en distintos colores, de Diego Lara, evocaban el de las Greguerías de Ramón, libro fundamental para la popularidad del escritor.

Retrato a linea de Ramón por Bores
En “Un taller vanguardista con raíces decimonónicas: los Torreones o Despachos de Ramón Gómez de la Serna” he ajustado y ampliado mi visión sobre algunos aspectos que no había tratado o que había sugerido en mi anterior libro así como en la utilización de bibliografía más reciente, especialmente lo analizado por Ricardo Fernández Romero en Ramón Gómez de la Serna o el mercader de imágenes (2021). También he descartado otros conscientemente, que sí había tratado antes, por no alargar más la extensión del texto. La experiencia me ha ido enseñando a lo largo de estos años que cualquier asunto que abordemos de la obra y la vida de Ramón Gómez de la Serna es “infinito” y está sujeto siempre a formas interminables y a perpetua variación.
Quiero agradecer personalmente a Luis de León Barga y a librosnocturnidadyalevosia el que me hayan brindado la oportunidad de publicar en estos últimos años diversos trabajos sobre la figura de Ramón Gómez de la Serna –bajo el epígrafe “Cosas de Ramón”– que, junto con este texto, cierran mi ciclo de estudio y lectura sobre su figura así como la serie de artículos “Los talleres del arte”, volcados en el libro Los talleres del arte (2021) del que este “Un taller vanguardista con raíces decimonónicas: los Torreones o Despachos de Ramón Gómez de la Serna” forma parte también.
Texto completo de «Un taller vanguardista con raíces decimonónicas: los Torreones o Despachos de Ramón Gómez de la Serna», de Eduardo Alaminos López:
Un taller vanguardista… Ramón Gómez de la Serna

Detalle del despacho de Ramón Gómez de la Serna en el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid. Instalación de Eduardo Alaminos López y Eduardo Salas.

Qué cosa más bonita.