






William Klein empujó a la fotografía fuera del cuarto oscuro y la disciplina académica. Fotógrafo, pintor, cineasta y diseñador gráfico estadounidense, Klein convirtió las calles de Roma, Moscú, París, Madrid, Nueva York y Tokio, entre otras muchas ciudades, en su estudio personal. Murió un sábado —el 10 de septiembre de 2022— en París, a los 94 años, seguramente aún con una imagen pendiente que fotografiar.
Nació en Nueva York en 1928 y creció mirando los rascacielos con la misma curiosidad con la que más tarde rompería las reglas del arte. En 1954 regresó a su ciudad y decidió retratarla sin filtros (cuando no existían los de Instagram). Así nació «Life is Good and Good for You in New York: Trance Witness Revels», un libro que solo pudo publicarse en Europa porque, en su propio país, se consideró demasiado crudo y poco patriótico. Traducción: mostró la realidad tal cual era.
Klein jugaba con la imperfección como si fuera una virtud —encuadres torcidos, grano, desenfoque, accidentes visuales— todo lo que cualquier profesor de fotografía te diría que no hagas. Él, por supuesto, lo hacía igual. Y ganó el premio Nadar por ello.
A finales de los 50 se cansó de la quietud de la imagen y rodó «Broadway by Light» (1958), algo así como el primer videoclip pop antes de que MTV o TikTok existieran. Luego cambió el obturador por el proyector durante los 60 y 70, y filmó joyas como «Who Are You, Polly Magoo?» (1966) o el documental «Lejos de Vietnam», donde mezcló moda, política y sarcasmo como nadie.
En los 80 volvió a la fotografía con ganas de revancha. Publicó libros, expuso por todo el planeta y en 2008 lanzó Contactos, un álbum donde pintó sus propios carretes ampliados, demostrando que ni sus fotos estaban a salvo de él mismo.
De ahí, su obra recorrió todos los templos del arte: Pompidou, Tate Modern, Foam, Telefónica, La Pedrera… La lista es tan larga como su legado. Y sí, ya se celebra otra gran retrospectiva en la Galería Fetterman de Los Ángeles, es porque Klein sigue siendo contemporáneo incluso después de muerto.
Fue el fotógrafo que demostró que el caos es un buen sistema, que la belleza puede ser agresiva y que la calle tiene más verdad que cualquier estudio. “Roma es una película, y Klein la ha dirigido”, dijo Fellini. No es una casualidad.














William Klein en acción

