Libros deportivos

 

 

En mi tierna adolescencia leía libros sobre figuras del deporte. Recuerdo uno sobre Fernando Martín, tras su triste pérdida, y otro sobre los mundiales de fútbol a lo largo de la historia, con mucha más literatura que fotos. Pero si se sienten adultos y quieren leer literatura que tiene mucho o todo que ver con el deporte, comenzamos.

 

 

Comprar en Amazon

 

Primero, el excelso libro de Nick Hornby, Fiebre en las gradas, que los amantes del deporte rey, indiferentemente de a qué club animen, disfrutarán. Ahora quiero contarles unas memorias memorables –género que disfruto en demasía– en un deporte del que sólo veo finales y cuando son de torneos importantes y participan compatriotas. Les hablo de Open: memorias, de André Agassi, donde desde el punto de vista de uno de los escasos número uno del mundo del tenis se accede a la cara b del deportista de éxito: aquel que detesta lo que hace y desea retirarse lo antes posible. Debo reconocer que con Plomo en los bolsillos me emocioné. Tremenda narración de Ander Izaguirre. Aunque si desean sufrir, en el buen sentido, lean la diferenciada Mal de altura, de Jon Krakauer, libro que narra una de las mayores tragedias cuando un grupo de escaladores trataban de ascender al Everest. En mi caso, espero el inminente ascenso de Unionistas –un club de fútbol popular– al fútbol profesional para rendirles su merecido homenaje. 

 

Bandas de rock

 

 

Comprar en Amazon

 

Fue un libro de los Dire Straits en mi adolescencia. Y a partir de ahí, prácticamente la nada. Pero el género de bandas y músicos también ha dado mucho a la literatura. Un libro interesante, es Haz lo que quieras (Do what you want), de Jim Ruland, que recoge la historia de la banda californiana Bad Religion, que en algún momento de mi vida me gustó. Y en novela gráfica, sin duda, la mejor elección es Ramones, donde se narra y muestra la vida de la banda neoyorquina –de Queens, para ser más exactos– que da título a esa obra firmada por los escritores Jim McCarthy y Brian Williamson. Ya en España, mis admiradísimos Lagartija Nick tienen su libro: En el satélite de Lagartija Nick, firmado por Óscar Cabrera y editado por Muzikalia. Aunque la otra banda granadina que también tiene libro son Los Planetas, gracias a la labor literaria de su batería Eric Jiménez –que también lo es de Lagartija Nick– y que aparte de narrarnos anécdotas de la archiconocida banda granadina –que espera su primer Oscar, ya que la película sobre ellos de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez representa este año a España en Hollywood– también nos habla sobre la cruda infancia y adolescencia del batería más famoso de Granada. 

 

Lo ferroviario

 

 

Comprar en Amazon

 

Asesinato en el Orient Express fue uno de aquellos libros que leí en mi tierna adolescencia. Fue en el colegio donde nos informaron que a la vuelta de vacaciones debíamos traer un resumen sobre lo leído y yo, enamorado de los capítulos sobre sus novelas en la televisión, decidí hincarle el diente. No sé si desde ahí, pero los trenes siempre me han fascinado. Debo reconocer que los lentos más que los rápidos, aunque se molesten –y con razón– los extremeños. De hecho, una de mis metas a conseguir marcada en rojo desde hace años en el almanaque de mi vida, es viajar a Asia o regresar a Europa desde Ulán Bator a través del transiberiano, que atraviesa Siberia y el resto de Rusia, en un viaje lento y único. Cada vez que de niño el tren se detenía en aquellos apeaderos que servían de salida y entrada a comarcas poco pobladas, yo me fijaba con fruición en el jefe de estación, perfectamente equipado y con dejes militares. Esas construcciones, andenes, vías muertas, me tenían –y me siguen teniendo– extasiado.

 

 

Comprar en Amazon

El expreso de Tokio, de Seicho Matsumoto, tiene mucho que ver con trenes y con la eficacia y el orden nipones. El libro, mal resuelto, no deja de ser muy interesante. Aunque para eficaz y emocionante el de Mauricio Wiesenthal, titulado, Orient-Express. El tren de Europa, donde el posiblemente mejor prosista vivo en lengua española –tomen nota a ver si aciertan alguna vez, jurados del Nobel–, nos deleita con la historia de Europa y el arte a través de aquel tren hoy ya desaparecido.

Y aunque, hasta donde yo sé, no haya escrito sobre trenes, el mirandés Pedro Cuartango, es otro gran escritor, columnista y exdirector de El Mundo, que creció siendo hijo de ferroviario. Cuánta envidia. Existen otras obras, no precisamente menores, que de una forma u otra tiene al tren y lo ferroviario en su epicentro: Anna Karenina, de Lev Tolstoi; Extraños en un tren, de Patricia Highsmith; El largo viaje, de Jorge Semprún y El gran robo del tren, de Michael Chrichton. De una forma u otra, se me presenta una oportunidad histórica, para quién sabe cuándo, tratar de hilvanar una historia congruente sobre trenes y Asia. Viajen en tren y lean: último consejo como última estación.

 

 

Comprar en Amazon