Arturo Nathan, «La onda»

 

Si la soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió, como escribió Quevedo, lo confirma esta novela de Recaredo Veredas titulada precisamente Soberbia (De Conatus, 2024). En las aventuras y desventuras de Sebastián López de Lucena, que aspira por convicción y costumbre familiar a subir en la escala social, la arrogancia no procede del orgullo sino del artificio.

Ambientada en el tardofranquismo y la Transición española, y geográficamente localizada en los barrios madrileños de clase alta y media de Salamanca y Chamberí, las anteriores generaciones de los López Lucena sumaron un “de” entre los dos apellidos como expresión de ese anhelo de reconocimiento social, pagado con “mil reales al secretario del registro”. El origen de la familia se sitúa en esa categoría social que se encuentra en los “puestos intermedios entre el caciquismo y la Corte”. El abuelo Agustín hizo algún dinero en los negocios turbios surgidos durante la primera guerra mundial, como el tráfico de morfina, producto que su padre Alfonso, médico, administra liberalmente a sus pacientes al tiempo que cultiva una aureola de “médico humanista”. Desde una vivienda en el centro de Madrid ha conseguido acceder al barrio de Salamanca, espacio determinante en la trama de la novela, escenario de la lucha por ese reconocimiento social que Sebastián, determinado por las altas expectativas puestas en el por sus padres está dispuesto a cumplir. 

Sebastián se matricula en medicina especializándose en neumología. Son los años del tardofranquismo y frecuenta los ambientes antifranquistas y las relaciones familiares le permiten en alguna ocasión salir del paso, con solo algunos golpes, por su participación en protestas universitarias en contra del régimen franquista.

 

Recaredo Veredas

 

Sin embargo, no se queda corto en sus aspiraciones, pretende ser el tercer premio Nobel español. En definitiva, triunfar como científico y alcanzar la  posición social que se merece. En consonancia con sus ambiciones busca una novia adecuada y la encuentra en la prima lejana de un compañero de facultad. Blanca Samaniego, “bella y fría, morena y delgada”, de familia aristocrática venida a menos en fortuna, y cuyo padre es médico. Ella ha cursado la carrera, sin voluntad de ejercerla. Su carrera es otra, un buen matrimonio con un hombre solvente que le proporciones la mayor libertad posible y “dar brillo a su familia y pensar en las próximas generaciones”. 

Son los años de los trasplantes, el mismo Marqués de Villaverde, el yerno del Caudillo Francisco Franco, ha intentado sin éxito un trasplante de corazón. Sebastián decide que su camino a la gloria pasa por un implante que tenga éxito, la colocación de un pulmón artificial. Se centra en su proyecto, y su tesis versa sobre tal hipótesis y ansía culminarla con una experiencia real. La medicina del franquismo ve con esperanza el experimento, tras el fracaso del marqués de Villaverde. Un éxito sería un triunfo definitivo de la cirugía española. 

Durante varias estancias en Heidelberg es tutelado por el doctor Karl Fichte, sospechoso de cierta heterodoxia, que pese a contar con una sólida formación como neumólogo y una práctica experimental no desdeñable, fue medico en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Resultó absuelto al final de la guerra tras un proceso, gracias a que siempre tuvo el detalle de anestesiar a sus pacientes. Sus puntos de vista inquietan al colegio de médicos alemán que no ve viable un doble trasplante de pulmón. Sebastián se convierte en su más fiel discípulo.

 

Foto de Nicolás Muller

 

El momento de la operación se acerca. Blanca es consciente de que ha llegado el momento de jugar sus cartas. En caso de éxito Sebastián podría entrar en una partida que la sobrepasa, entre la élite económica o los jerarcas del Régimen franquista. Blanca tiene miedo, solo es la hija de un aristócrata empobrecido y ni siquiera heredará el título. Sabe que en dos generaciones “pueden convivir con el mismo apellido la riqueza y un barrio de protección oficial, con esos yugos y flechas que marcan la miseria”. Con el tiempo buscará el consuelo al maltrato de Sebastián.

De momento se casan en la iglesia donde se casa la gente con pedigrí, San Fermín de los navarros y un equipo de la revista Hola fotografía el evento para sus páginas de sociedad. La celebración de la boda es en el Hotel Ritz, como mandan los cánones no escritos de la buena sociedad. Alfonso, el padre de Sebastián, comenta a sus vecinos de convite que su hijo ganará el Premio Nobel de Medicina y éstos lo toman a broma, pero él sabe que no lo es. 

Soberbia es una novela sobre la ambición social, o más bien sobre el fracaso de un ascenso de clase frustrado que nos lleva desde los años finales del franquismo hasta los primeros de la era de Aznar a través de los avatares de un narcisista que busca de manera enfermiza el reconocimiento ajeno y es incapaz de reconocer que es “clase media”. Una verdad que al final le es planteada por su hija, que ha salido opuesta a las esperanzas familiares, poetisa poco agraciada y alcoholizada. 

Recaredo Veredas ha publicado once libros, entre novelas, poemarios, crónicas y ensayos. Contada por un narrador externo, esta buena novela con momentos disparatados, divertida, que se lee sin tregua y caricaturiza un clasismo a la española, se mezcla la picaresca de “nadar al mismo tiempo en todos los mares”, y otros males eternos de este país. Con esta ficción se sale de lo trillado en la narrativa española contemporánea. Bienvenida sea.

 

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