Estatua de Sándor Márai en Budapest

 

Entre las memorias y diarios, y la obra novelística del escritor húngaro Sándor Márai (1900-1989) me parecen mejor los primeros. Las novelas suelen ser conversaciones y monólogos, algo teatrales y donde se profundiza en lo psicológico y sentimental, con escasa o nula acción. Sin embargo, atrapan al lector y se leen sin interrupción. Los análisis psicológicos son lúcidos, los personajes creíbles y tiene frases memorables, pero será su vida, contada en memorias y diarios, donde Márai da lo mejor de sí.

Como la mayoría de los escritores centroeuropeos, la historia del siglo XX afectó de lleno a su vida personal. Tras vivir toda la Segunda Guerra Mundial en Budapest y tener puestas sus esperanzas en los soviéticos, pronto comprendió que pasó de una dictadura a otra. El régimen comunista al comienzo lo respetó, pero pronto lo tachó de decadente y Márai emprendió la vía del exilio junto a su mujer, Lola. Primero en Italia y luego en Estados Unidos donde murieron ambos.

Como lector, es una voz muy cercana, muy familiar. A pesar de la lejanía en el tiempo, lo es en el ambiente y en su talla intelectual, Márai me resulta muy próximo, su manera de pensar y sentir son las mías, sus reflexiones son muy similares a las que yo hago. Su manera de escribir no, él escribe como los ángeles. Es el estoico inquieto, es el sensible espectador al tiempo que un observador frío, es el hombre tranquilo que contempla la complejidad del tiempo, es el burgués que renuncia, el católico que abandona, el hombre cuya conciencia está por encima del sentir colectivo, el agnóstico que ama la libertad por encima de todos los engaños que acompañan a ésta.

 “Divorcio en Buda” (Salamandra), cuenta el drama de una noche, las confesiones a un juez de un médico casado con una antigua conocida del primero, una historia muy romántica y triste con el trasfondo de la locura y del silencio fatal.  Como siempre en los escritores centroeuropeos de la época, la tristeza es el elemento sentimental fundamental, la revisión interior y el ambiente burgués en el que la moral ni es doble ni gratuita o banal.

 

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La mujer justa (Salamandra) es una novela muy propia del autor, y quiero decir con ello, que es el modo y manera del escritor húngaro. Bonita e interesante. Es la narración de una sentida historia de adulterio, contada por la mujer, el marido y la amante. Sociedad burguesa austrohúngara tan próxima a la vallisoletana… Me gusta decir que el mundo de Marai lo siento como propio. Está bien, en su línea.

En La herencia de Eszter, (Salamandra) otra exquisita novelita que releo a los cinco años de haberlo hecho por primera vez. Y digo primera o segunda porque este tipo de novelas, como aquellas tan románticas de Zweig, se pueden leer siempre, siempre que quiere uno leer una historia infinitamente bella, triste y romántica. Absolutamente romántica y triste, esta Herencia… es la historia de un engaño y de la aceptación del mismo.

El último encuentro (Salamandra), es la novela que menos me ha gustado de este autor. Trata de un diálogo entre dos personajes cuya vida ha estado íntimamente unida. Recuerda las novelas-epístolas de Zweig. Sin embargo, emociona hasta la última página.

En cambio, en sus memorias, por ejemplo Tierra, tierra (Salamandra), es tan exquisita como su primera biografía de adolescencia y juventud, Memorias de un burgués (Salamandra). En esta cuenta la invasión nazi, la ocupación y dictadura soviética y la necesidad de exiliarse de Hungría. Es un gran escritor, sensible como ninguno, exacto y preciso en sus apreciaciones, divino.       

 

 

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Los Diarios 1984-1989 (Salamandra)  recorren los últimos cuatros  años de vida Márai que dejó Salerno por San Diego, donde se suicidó en febrero de 1989, unos meses antes de la caída del Muro de Berlín y tres años después de la muerte de su esposa, Lola.

Aunque su exilio comenzó en 1948, cuando el escritor y su esposa abandonaron Hungría para emigrar a Suiza, instalándose después en Nápoles antes de irse a Nueva York en 1952. En 1967, la pareja regresó a Europa, a Salerno, mientras que János, su hijo adoptivo, permaneció en América.

En los años finales todo apunta a una extrañeza con la que el escritor está acostumbrado a tratar. Al mismo tiempo experimenta una familiaridad creciente con los lugares que recorre o vive. Márai se siente tan forastero en América como en Europa, pero elige envejecer en América. “Para el poco tiempo que nos queda, no es realmente aquí donde quiero vivir, y menos aún en Europa, con la que ya no tengo ningún vínculo: todo se ha fosilizado y se ha convertido en una reliquia»

Pero en este Diario la vida persiste y se impone cada día, marcada por el amor que siente hacia su mujer. Ella está presente en estas páginas, sus lecturas, viajes, el avance de su enfermedad y su vejez. La muerte de la mujer le causó un «dolor indecible» (1985). Este amor proporciona a las páginas de este diario un sentimiento hermoso. A finales de 1988, poco antes de su muerte, Márai escribió: «Hoy he echado mucho de menos a Lola, su cuerpo, noble y elegante. Su sonrisa. Su voz». Nosotros, al menos, aunque le echamos de menos, tenemos a sus libros.

 

 

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