Cesare Sofianopulo, Maschere, 1930

 

Si hay
un escritor cuya vida nos despierta simpatía y su obra sigue vigente, como lo
demuestra el que se siga reeditando, fue el
italiano Ettore Schmitz,  mas  conocido como Italo Svevo  (1861-1928) y del que se acaba de publicar
una biografía escrita por el escritor y diplomático italiano Maurizio Serra La
antivida de Italo Svevo
 (Fórcola).
Para
recorrer los entresijos de esta vida hacía falta alguien que supiera
desenvolverse bien por esos tiempos históricos, Trieste y la obra de Svevo.
Maurizio Serra cumple con creces el cometido. A su favor juega ser uno de los
mayores especialistas sobre los intelectuales y escritores europeos del periodo
de entreguerras del siglo pasado, como lo demuestra L´esteta
armato
 (Il Mulino, 2015) aún no traducido al español.
A
diferencia de sus hermanos menores, los otros dos grandes de la literatura
italiana de comienzos del siglo XX, Gabrielle D´Annunzio y Curzio Malaparte, del
que Serra también ha escrito la biografía de este último: Malaparte. Vidas y Leyendas (Tusquets,
2012) y que ganó el premio Gouncourt de biografía, Svevo fue un hombre
replegado en sí mismo. Desde luego nada más lejos de su personalidad que
lanzarse a grandes gestos y exhibiciones para hacer de su vida un espectáculo continuo.
Svevo fue un burgués conformista que aborrecía la guerra y no le gustaba la política, una de las
razones por las que será de los pocos escritores de comienzos del siglo XX que
no secundará ningún extremismo ideológico. Lo cual no quiere decir que no tuviese
sus ideas, mas  bien moderadas, pero habiéndole tocado vivir un
tiempo histórico bastante agitado y siendo de origen judío, la prudencia guió
sus pasos.

 

Nacido
en Trieste, por entonces perteneciente al imperio austrohúngaro, su familia
formaba parte de la burguesía local aunque sufrió una importante decadencia
debido a la ruina económica del padre lo que le marcó a Svevo, entre otras
tragedias familiares como el suicidio de un hermano.
En
cuanto a Trieste, como dice Serra, “el
empresario Ettore Schmitz viajó mucho por Europa, sin embargo, para el escritor Svevo
sólo existía Trieste, una ciudad de frontera que convirtió en universal”. El biógrafo sabe hacer de Trieste no sólo la
cuna de Svevo sino un elemento esencial de su obra.
Trieste
era entonces una ciudad cosmopolita, rica, de población mayoritaria italiana,
aunque con una importante minoría eslava. En  un principio, Svevo
trabajó en un banco como traductor de su correspondencia al inglés y el
francés. Luego, tras su matrimonio con su prima Livia Veneziani, pasó a la
empresa de pinturas industriales de sus suegros.
Serra
deja las clasificaciones a un lado sobre si Svevo es el Gran escritor italiano o no, y lo incluye en la
estirpe de los espíritus libres a los que los desastres de la Primera
Guerra Mundial hermana en la incertidumbre. Los protagonistas de las novelas de Svevo son hermanos de los de Robert Musil, Thomas Mann o
Herman Hesse.
Italo Svevo

 

Pero
Svevo no es un escritor centroeuropeo. Procede de una tradición muy italiana, un
escritor realista donde “el Decamerón nunca está lejos,  la
metafísica lo aburrre, el lirismo lo deja frío, la épica lo irrita y el
sacrificio no es para él” .
Desde
luego de su italianidad no caben dudas. Aún sabiendo alemán a la perfección
nunca escribió una línea en ese idioma y estuvo a favor del irredentismo
italiano sobre Trieste. Dos causas que confirman la elección de su seudónimo.
Lo
que le marcó a fuego fue el fracaso de sus dos primeras novelas de las que
nadie se hizo eco. La primera Una vida (1892) fue rechazada y tuvo que autoeditarla y Senilidad (1898) siguió el mismo camino. Un
trauma imborrable que le prejubiló de cualquier veleidad literaria durante años y le empujó a seguir la vida del perfecto burgués.
Para
contrarrestar los impulsos que le empujaban a escribir, se empeñó en ver la
literatura como una adicción perniciosa y se juró a sí mismo no recaer en ese vicio,
lo que no logró. Tampoco abandonó su adicción al tabaco. Svevo fumaba unos 60 cigarrillos diarios y llegó a pedir, instantes antes de su
muerte, un cigarrillo.
Maurizio Serra
Es aquí
donde surge lo que Serra denomina  la “antivida” de Svevo. Un artista
que vive una existencia normal y cuya “antivida” le permite sobrellevar esa
existencia. “Svevo es así: una
parte de adhesión y otra de fuga, inseparablemente unidas. La antivida, pues,
como condición de la obra”.
Svevo
es agnóstico en materia religiosa, escéptico, inteligente y ni siquiera el
psicoanálisis le convence ni sirve de ayuda. Sus únicas ilusiones, una vez
eliminadas las aficiones literarias, son el tabaco, la música y el teatro. En
el fondo es un heterodoxo al que sus errores, fracasos y desengaños le
descubren a expensa propia el azar que  domina todo vivir, por muy
bien vestido que esté de orden y normalidad.
Una
existencia agridulce y cómoda en la que el trabajo se alterna con los deberes
familiares, mujer e hija, y en especial con la suegra que detenta con mano firme el bastón de mando de toda
la familia.
Pero
la pulsión literaria gana la partida y reemprende la escritura. A los 63 años,
veinticinco años después de sus primeros intentos, publica su tercera novela:
“La conciencia de Zeno”, su obra maestra, que también pasa desapercibida para
la crítica y el público. Una novela en la que su protagonista recurre al
psicoanálisis para intentar conocer las razones de su adicción al tabaco,
aunque en el fondo busca explicarse su errática vida desde la muerte del padre, el amor, el matrimonio, la guerra…
Vito Timmel, Incompatibilità (Sogni), 1930
Se
trata del típico personaje de Svevo, el hombre que escapa para atarse más de lo
que huye, capaz de reírse de sí mismo, lúcido y que miente en las sesiones de
análisis porque no cree en su capacidad de curación. Zeno no dejará el tabaco, justificará sus faltas, infidelidades y
seguirá sintiéndose culpable en un eterno monólogo que nos retrata a un
inadaptado que se esconde bajo múltiples prismas y seguir
fracasando porque la suya es una enfermedad que no tiene remedio y que nos contagia en mayor o menor medida a todos. Por eso Zeno es un personaje que puede ser nuestro vecino.
Será
James Joyce, su profesor de inglés cuando vivió en Trieste antes de la
Primera Guerra Mundial, quien le ayude a dar a conocer “La conciencia de  Zeno”
entre los críticos franceses. A partir de entonces la obra de Svevo, traducida
al francés, fue ganando lectores y reconocimiento en Italia y otros
países europeos.
Un
reconocimiento tardío que tampoco dio para mucho, pues  moriría poco después a consecuencia de un accidente de coche, y en el que el único
consuelo que nos cabe es que le ahorró ver las medidas raciales
decretadas por Mussolini en 1938.
Por
todo esto y mucho más nos gusta Svevo, un escritor nocturno, marginal, que
cumple a rajatabla con las  rutinas  de la vida como el
vecino al que vemos todas las mañanas salir de casa camino del trabajo. Sin
embargo, como esta excelente biografía nos descubre, hay algo en él que
desconocemos aún siendo tan parecido a nosotros y llevando la misma vida.

 

 

LA ANTIVIDA
DE ITALO SVEVO
SERRA,
MAURIZIO
Editorial: FÓRCOLA
EDICIONES
Año de
edición: 2017
Materia Memorias,
diarios y cartas
ISBN: 978-84-16247-83-7
Páginas: 400

 

Encuadernación:
Rústica

 

Maurizio Serra (Londre, 1955), diplomático de carrera, ha estado destinado
en Berlín, Moscú, Londres y París. Actualmente es el representante permanente
de Italia ante la UNESO en Ginebra. Ha dirigido el Instituto Diplomático del
Ministerio de Asuntos Exteriores y ha enseñado “Historia de las Relaciones Internacionales”
en la Universidad LUISS de Roma. Es autor di numerosos ensayos y artículos. Entre
sus numeros libros publicados están “L´esteta armato” (Il Mulino, 1990, 2015) “Le
passager du siècle” (Hachette, 1999), biografia-intrevista con el historiador François
Fejtő, “Dopo la caduta. Episodi del Novecento” (Ideazione, 2004), “Fratelli
separati. Drieu-Aragon-Malraux” (Settecolori, 2006), “La Gabbia infranta” con
Ennio di Nolfo (Laterza, 2010) y Malaparte. Vidas y Leyendas (Tusquets,
2012)