ANNA MARÍA IGLESIA

 

 

“La brisa, como
si de una inspectora se tratara, revisaba cada rincón del comedor bellamente
dispuesto para la cena. No había nada y, visto así, los objetos adoptaban una
presencia casi humana con esa quietud imponente solo turbada por el movimiento
volátil de las cortinas. En el piso de arriba, sin embargo, la vida transcurría
falaz y postiza en todo su esplendor.”
Así comienza Kind of Blue, uno de los veinte relatos
que conforman Anatomía de las distancias
cortas
, el primer trabajo literario de Marta Orriols. Escrito originalmente
en catalán (Anatomia de les distàncies
curtes
, ed. Periscopi), los relatos se publican ahora en castellano en la
editorial Lumen traducidos por Eugenia Vàzquez Nacarino. En las primeras frases
de Kind of blue, un relato sobre la
infidelidad y la búsqueda de libertad más allá de la aparente felicidad
conyugal, se puede leer la poética de Orriols, que construye sus relatos
precisamente a través de dos niveles que bien podrían corresponder a los dos
pisos de la casa descrita: por un lado, el bello escenario inerme de los
objetos, convertidos en reflejos de la presencia humana, y, por el otro lado,
la falacia de una vida adornada para un esplendor del que carece.
A través de una
doble construcción, metonímica y metafórica, los objetos no sólo evocan la
presencia humana, sino que la describen; como el bibelot de la habitación vacía
del Soneto en Ix de Mallarmé, los
objetos de Orriols afirman sin afirmar aquello que los personajes no dicen ni
tan siquiera muestras. En efecto, las historias de Orriols se esconden tras lo
no dicho, tras aquellos objetos y aquellos gestos que ocultan una vida
quebrada, donde la felicidad aparece, la mayor parte de las veces, tras
concesiones, donde la libertad es más ilusoria que real y donde el dolor se
disfraza de frustración asumida.
Sin embargo,
todo esto no se ve, aunque se percibe, y no sé ve porque Orriols es consciente
de que la cotidianidad es el gran relato donde todos actuamos, dejando ese yo
más íntimo para los espacios de soledad, como en Kind of Blue, donde todo se revela cuando la fiesta ha concluido,
cuando ya solo quedan las copas medio vacías de una falaz celebración. Y lo que
se impone es la cotidianidad como una repetición de dinámicas, incluso el sexo
sigue unas dinámicas, las mismas de siempre, como el autoengaño para confiar en
un deseo que, en verdad, ya se ha apagado: “Harán el amor, esta noche,
siguiendo la fórmula prescrita” escribe Orriols refiriéndose a los
protagonistas de su relato Ficción,
al que le sigue Daños Colaterales,
donde podemos leer: “Treinta y siete años de matrimonio sirven para tener
siempre monedas a punto, para asumir que, si las reuniones del despacho se
alargan, una ya puede congelar la carne en salsa y pelar una manzana.”

Marta Orriols

 

Y no acaso el
libro se concluye con este relato, con los daños colaterales que toda vida
conlleva y con vida nos referimos a las relaciones de un yo con un otro: amigo,
amante, hijo, vecina e, incluso, desconocido. Y a veces el Otro es como la
piedra arrastrada por Sísifo, el lastre de un yo que no quiere o no puede
deshacerse de ese Otro.
Fascinada por
las relaciones que todo individuo establece con el Otro, Orriols escudriña en
ellas, buscando las distorsiones que conllevan, esos daños colaterales que
siempre acompañan a toda relación. Marc, protagonista de Sísifo en la novena planta, se encuentra en la encrucijada, entre
su tía mayor y necesitada de ayuda y un ascenso en el trabajo. No puede optar
por ambas cosas o, mejor dicho, no se lo permiten, pero elegir conlleva
renunciar. Precisamente la renuncia y el miedo a lo que ésta conlleva es
aquello que une gran parte de los relatos de Orriols: los personajes se
enfrentan a la necesidad de escoger, pero en muy pocos casos lo hacen. ¿Miedo?
¿Falta de valentía? ¿Asentamiento en la cotidianidad? Todos estos sentimientos
confluyen y todos ellos hacen de la existencia una forma de anclarse en lo
seguro, en lo sólido y en la materialidad. Impera el envoltorio de lo
socialmente aceptado y de la inercia, pero, ¿acaso hay alternativa alguna?
Era 1956 cuando
Erwin Goffman comparaba el teatro y la vida social en su ensayo de programático
título: La presentación de la persona en
la vida cotidiana.
Escribía Goffman: “Concebimos el ‘sí mismo’ representado
como una imagen, por lo general estimable, que el individuo intenta
efectivamente que le atribuyan los demás cuando está en escena y actúa conforme
a su personaje”.

 

Con una prosa
precisa y concisa, sin divagaciones ni preciosismos, Marta Orriols indaga en
sus relatos en ese “sí mismo” de los individuos, en la imagen construida y
representada en la cotidianidad, convertida esta última en expresión del gran
teatro del mundo. Construidos en gran parte desde la elipsis, los relatos no
narran ni lo previo ni las consecuencias, sino el conflicto. En efecto, Orriols
parece empezar siempre a escribir in
media res
, cuando ya todo ha sucedido, convirtiendo el conflicto en una
suerte de momento epifánico tras el cual se impone esa misma vida de siempre
que “transcurre falaz y postiza”.
Anna María Iglesia (Granada, 1986, residente en
Barcelona) está terminado una tesis doctoral sobre las prácticas urbanas dentro
del doctorado de Teoría de la literatura y literatura comparada. Se define
principalmente como lectora. Desde hace ya algunos años ejerce el periodismo
cultural como freelance, colaborando con distintos medios. El Asombrario (Público), Nueva Revista, Letras Libres, Llanuras o El
Confidencial
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