LUIS
DE LEÓN BARGA

Cuando un libro llega a las
librerías, el autor se puede preguntar si ha valido la pena escribirlo y si no
sería mejor haber empleado el tiempo en otros fines, como un viaje soñado a una
playa desconocida (suponiendo que todavía existan) o incluso cosas más
prosaicas. Mientras llega la respuesta, el libro sigue a la espera de un lector
o lectora que lo despierte de su sueño en un estante repleto de libros como la
bella durmiente de nuestros cuentos de infancia. 

Pero esta novela, como cualquier
otra, escrita con esfuerzo porque en cierto modo para escribir hay que hacerlo a
veces incluso en contra de uno mismo, espera que ese lector o lectora la
despierte de su letargo, que por algo se titula “los durmientes”, y lea la
historia de unos personajes a través de diferentes intrigas y vicisitudes
históricas que van desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días. Unos
personajes que representan vidas más o menos reales porque la ficción se
construye con una variada amalgama con el objetivo de lograr dar verosimilitud
a lo que el autor desea contar.
Casi siempre la primera pregunta
que le hacen a un autor es de qué trata la novela que ha escrito. Una respuesta
complicada porque se puede responder desde varios lados, pero si hubiera de
resumirlo en un par de palabras diría que esta novela cuenta la historia de una
lealtad particular. Entre las tres deficiones que la Real Academia Española
ofrece sobre esta palabra se encuentra la de “amor o gratitud que muestran al
hombre algunos animales, como el perro y el caballo” lo cual nos está diciendo
algo importante.

Tal vez una razón se encuentre en
que la lealtad es la otra cara de la moneda de la traición y todos sabemos que
las traiciones menudean mas que las lealtades en la vida pública y privada. Tanto
una como otra pueden deberse a razones profundas y diversas, desde el amor, el
odio, el interés, la amistad o cualquier otro motivo.

Como escribió un gran escritor,
Elías Canetti, y he puesto en la dedicatoria de esta novela, en la vida de
cualquier hombre o mujer resuenan miles de ecos y ninguno acaba siendo una voz
de verdad. Por eso, afirma Canetti, “es muchisímo lo que dormita en cada
hombre, pero no es lícito despertarlo en vano”.

Pero al igual que en el cuento de
la bella durmiente, yo creo que ha llegado la hora de que el lector o la
lectora se acerque a los estantes de las librerías para despertar a “Los durmientes”.
Porque no hay mayor fundamento que preguntarse qué hubiéramos hecho nosotros
en una situación parecida a la que viven los dos protagonistas que describe
esta novela, y descubrir nuevas preguntas sobre la lealtad.