El narrador de esta novela es un francés que se encuentra de paso por Rusia e intercambia mensajes con un desconocido a través de Twitter sobre un escritor de ciencia ficción, Yevgeny Zamiatin, que pronto se desencantó de la revolución de Octubre del 1917. Al final, el francés se deja llevar hacia las afueras de Moscú con cierta aprensión, ya que puede tratarse de una trampa. Allí vive un exasesor de Putin en una lujosa vivienda. Vadim Baranov intima con el francés y poco a poco, empezará  a contarle los últimos años de la política rusa y su juventud.

El personaje de Baranov está inspirado en Vladislav Surkov, asesor político e ideólogo de Vladimir Putin desde finales de los años noventa hasta el 2020, tras un periodo de distanciamiento.

Baranov es nieto de un aristócrata antibolchevique, que tuvo un hijo que se hizo comunista para jorobar al padre. Baranov conoce a Putin gracias al oligarca Berezovski, que  es el que de verdad manda. A Baranov, Putin le parece un funcionario soso y de aspecto un poco estúpido. Pero es el hombre ideal según Berezovski para dar un lavado de cara al régimen ruso sin sacrificar los privilegios cosechados por los oligarcas. Lo que no sabe Baranov, es que parecer un poco tonto siempre ha sido útil en política. Lo aprenderá enseguida Berezovsky a  sus expensas cuando pierda el control de su criatura política, Vladimir Putin.

 

Giuliano da Empoli. Foto de Francesca Mantovani

 

El consejero ruso y sus obsesiones resultan verosímiles y también el pensamiento de una clase dirigente que se siente cercada por Occidente y humillada tras la desaparición de la Unión Soviética. Ya no está Yeltsin al frente de los mandos del Gobierno para dormir sus siestas alcohólicas sin poder bajarse de la escalerilla del avión que lo lleva en viaje oficial.

Lo que nos cuenta Baranov interesa. No habla sólo de política, sino también de sus mujeres y su juventud soviética, o el interludio liberal y hedonista de los años noventa, durante el cual Baranov se convirtió en productor de una televisión cutre, y el ascenso de Putin, a quien el oligarca Boris Berezovski rescata de las profundidades del aparato estatal.

El mago del Kremlin acaba de ser publicada en España, mientras que en Francia lo fue justo poco después de la invasión de Ucrania, lo que claramente la ha favorecido, pero es una buena novela que se puede leer sin reclamos publicitarios. Está escrita por una suizo-italiano, Giuliano De Empoli, (1973), hijo de un consejero político herido en un atentado terrorista en 1986 en Italia. De Empoli fue asesor político del expresidente del Gobierno italiano Matteo Renzi.

 

El oligarca Boris Berezovsky (1946 – 2013)

 

En la primera reunión Putin-Clinton, el nuevo presidente ruso estableció inmediatamente las nuevas reglas.  Baranov dice: «Con él sería diferente. Se acabaron las palmadas en la espalda y las grandes risas». Clinton estaba decepcionado. Había creído que a partir de entonces todos los presidentes rusos serían buenos porteros de hotel, vigilantes de los mayores recursos de gas del mundo para las multinacionales estadounidenses…

Ucrania no está ausente de la novela, ya que Baranov estudió la protesta ucraniana de las elecciones de 2004 en torno a los jóvenes reunidos en la plaza Maidan y apoyados por el dinero de Berezovsky. Esta subversión ucraniana iba a inspirar directamente al régimen ruso, que intentaría que todos los elementos marginales y subversivos de Rusia, desde los moteros a los comunistas, pasando por la extrema derecha, controlasen el movimiento.

Baranov le cuenta al francés que un día recibió en su despacho en el Kremlin al líder de una banda de moteros, que se dejó comprar rápidamente. Sabía que los rebeldes más feroces son los más proclives a las pompas de poder. “A diferencia de los notables, que a veces ocultan impulsos anárquicos bajo el hábito, los rebeldes se deslumbran como animales salvajes ante los faros de los camioneros”.

Una novela que ayuda a entender que ocurre en el lado ruso de la trinchera.

 

 

 

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