Lula Carson Smith, que adoptó el apellido de su marido McCullers, había nacido en 1917 en un pequeño pueblo del sur de Estados Unidos. Cuando publicó su primera novela, El corazón es un cazador solitario en 1940 con veintitrés años, fue un éxito inmediato. La crítica alabó la precisión de su estilo, el conocimiento que tenía de la soledad humana y su capacidad para interpretar una ciudad del sur de Estados Unidos.

El personaje central es John Singer, un sordomudo y, por lo tanto, la quintaesencia del aislamiento. El sordomudo se convertirá en el confidente de los demás personajes, pero él no puede confiar nada a nadie. También está el alter ego de la escritora, una adolescente grandullona, Mike Kelly, que quiere ser compositora y da clases de piano, al igual que hizo Carson McCullers y que tiene relaciones sexuales con un chico. En todas sus novelas encontramos una versión de sí misma.

Luego está Biff Branon, el dueño del café donde los personajes se encuentran; Copland, el médico negro, intelectual marxista. Jake Blonde, el rebelde alcohólico delirante que puede haber cumplido una larga condena en una prisión o viajado mucho tiempo en países extraños…

 

Tennesse Williams y Carson McCullers

 

La novela dosifica lo trágico y lo humorístico, lo sentimental con lo político, lo rebelde con lo pasional. En el personaje de Mike Kelly cualquier adolescente verá reflejado su malestar. Mick Kelly tiene trece años y no encaja en ningún sitio. Es la marginada por excelencia. Ella quiere formar parte de lo que sea sin lograrlo.

Es una novela extraña, difícil de clasificar. No es la clásica historia de amor que una joven de veinte años podría escribir, pero tampoco una novela de formación. Tampoco los lectores pueden reconocerse en todos los personajes, y no acaba bien. La novela persigue a un grupo de raros e inadaptados, los habitantes de una pequeña ciudad sureña que trasmiten individualmente sus esperanzas y temores a otro bicho raro e inadaptado, el sordomudo.

Estos personajes, en su condición de marginados, o incluso en su rareza, eran algo por lo que ella sentía una gran compasión. Los genios, los bichos raros y los psicópatas ocasionales de la ficción de Carson encajaban bien en la categoría literaria de «gótico sureño», Pero la compleja sexualidad de sus personajes siempre estaba en primer plano; también reflejaban, mucho más que otros practicantes del género, los intentos de Carson por comprender el racismo de la época. Y estaban sacados de la vida, de su vida.

 

 

Carson McCullers sabía de soledades no deseadas. Cuando le llegó el éxito se encontraba sin un céntimo en la habitación de una pensión neoyorquina. Su marido estaba en un barco con un amigo.

Los lectores se quedaban atónitos al enterarse de que la autora era alguien tan joven y, encima mujer. Era difícil creer que supiera tanto sobre los «corazones solitarios» de los demás. Parecía sui generis, única y, al final, tan extraña como algunos de sus personajes. La crítica la comparó con Hemingway y Faulkner, Sherwood Anderson, Dostoievski y Gertrude Stein.

Alta y desgarbada, a veces vestía pantalones cortos de tenis y sudaderas, sin tener en cuenta las costumbres de la ciudad. Pero también le gustaban las camisas blancas de vestir con pantalones o traje, y casi siempre llevaba zapatos Oxford, y calcetines hasta la rodilla de color blanco.

McCullers se casó con un hombre de Alabama, Reeves McCullers, que estaba muy enamorado de ella. Se divorciaron y se volvieron a casar, lo que indica bastante el tipo de relación que mantenían. Sin embargo, ella amaba también a las mujeres.

 

Carson McCullers y su marido Reeves en Venecia

 

Al cabo de un año, Reeves inició un romance con otro hombre, un compositor que inicialmente se había enamorado tanto de él como de Carson; el triángulo resultante trajo dolor a los tres. El amor de Reeves por Carson nunca se puso en duda. Era un hecho central de su joven vida, y para Reeves, ella era literalmente la razón por la que estaba vivo. Pero poco a poco llegó a comprender que su amor por otros hombres no desaparecería; era sólo uno más de sus problemas, que incluían el alcoholismo y una búsqueda desesperada de una vocación.

Un mes después de su llegar a Nueva York, Carson se enamoró perdidamente de una hermosa escritora suiza que visitaba a unos amigos en Nueva York. «Tenía una cara  que me perseguiría hasta el final de mi vida», dijo Carson. Annemarie Schwarzenbach volvió pronto a sus viajes, y murió dos años después tras un accidente de bicicleta en los Alpes. Ella correspondió a la pasión de Carson brevemente. El amor de Carson por Annemarie estableció una forma de comportarse que continuaría hasta el final de su vida: enamorarse de mujeres mayores y más mundanas que a veces correspondían a su afecto pero que casi nunca deseaban tener relacione sexuales con ella.

Dos infartos a los treinta años y otras enfermedades dejaron a Carson sólo veinte años más de vida (falleció en 1967), cada vez más dolorosos. Para combatir el dolor bebía en exceso, lo que hizo que su vida fuera una lucha y la escritura casi imposible, mientras su marido se deslizaba hacia la autodestrucción alcohólica.

Si te gustan otros escritores sureños como Tennessee Williams, amigo suyo, Truman Capote o Patricia Highsmith, te gustará Carson McCullers.

 

 

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