Beatriz Guido

Beatriz Guido. Espía privilegiada. Un mundo propio en la literatura y en el cine (Eudeba, 2023), de los argentinos José Miguel Onaindía y Diego Sabanés, es un ensayo biográfico que nos devuelve a una escritora muy leída y conocida en los años sesenta y principios de los setenta del siglo anterior. Beatriz Guido también ejerció un papel importante en el cine argentino como autora de 25 guiones, muchos de ellos filmados por su pareja, el cineasta Leopoldo Torres Nilsson.

Beatriz Guido perteneció a la ”generación del 55” de la que también formaron parte Manuel Mujica Laínez y David Viñas. Nacida en 1922, en Rosario (Argentina), era hija del arquitecto Ángel Guido y la actriz uruguaya Berta Eyrin. Estudió Letras en Buenos Aires y Filosofía en Roma y París, donde descubrió el existencialismo.

Escribió novelas que tuvieron un gran éxito, como “La casa del ángel”, que ganó el primer premio de novela Empecé,  “La caída” o “Fin de fiesta”. Para hacernos una idea de su popularidad, los autores cuentan que El incendio y las vísperas, (1964) sobre el incendio en la sede del Jockey Club de Buenos Aires, se vendieron dieciséis ediciones en una década, con tiradas de entre ocho y diez mil ejemplares cada una.  En todas las novelas mezcla géneros distintos, como el melodrama, el gótico o el cuento popular.

Políticamente, Beatriz Guido fue una antiperonista de primera hora. El antiperonismo aflora en novelas como La casa del ángel, El incendio y las vísperas, en la que Perón es un pequeño monstruo, así como en Fin de fiesta (1957), y Escándalos y soledades (1970).

 

Diego Sabanés (izqda) y José Miguel Onaindía (drcha)

 

Pero igual de importante fue su trabajo en el cine. Los 25 guiones que escribió la convirtieron en una figura importante del cine argentino. Muchos fueron convertidas en películas y dirigidas por el realizador argentino Leopoldo Torre Nilsson. En unos años en los que el cine argentino rara vez se veía en el exterior, Guido junto a su pareja sentimental y creativa, Leopoldo Torre Nilsson, acompañaban la proyección de sus películas en los festivales internacionales de cine, como Berlín, Venecia o Cannes, donde recibieron el premio especial de la crítica por La mano en la trampa, película coproducida por Uninci, la empresa liderada por Juan Antonio Bardem. Incluso en 1965 el MoMA realizó una restrospectiva con siete de sus películas.

Guido y Torres Nilsson se habían conocido en 1951 en casa de Ernesto Sábato cuando los tres intentaron adaptar la novela «El túnel» de Sábato al cine, un proyecto fallido. A partir de entonces, los dos escribieron a cuatro manos los guiones de las películas de Torres Nilsson, muchos de ellas basadas en cuentos de Guido.

 Torre Nilsson fue uno de los directores más importantes en la historia del cine argentino. En todo ello jugó un rol central Beatriz Guido, que coescribía con él sus guiones, en muchos casos basados en los cuentos y novelas que ella iba escribiendo en paralelo.

 

Beatriz Guido

 

Como señalan Onaindia y Sabanés, Guido hizo de sí misma un personaje excéntrico, de vistosos trajes pop (estábamos en los años sesenta) y declaraciones que a veces buscaban llamar la atención.  Acerca de la idea de “espía privilegiada” del título del libro, Onaindia escribe que la escritura de Guido se caracteriza por ese ojo que mira a través de una cerradura y describe una realidad extrañada, distante del naturalismo. «Sus personajes son extravagantes, las situaciones inusuales, las pinturas de ambiente exageradas por esa mirada que recorta, agranda, deforma aquello que describe. La imagen que mejor ilustra esa situación heredada en inicio, elegida después, es ella sentada en un set escribiendo en pequeños cuadernos a distancia del rodaje”.

En sus novelas , Guido da forma narrativa a esa subjetividad emergente y crea protagonistas femeninas que parecen estar en un umbral entre la mirada y la acción, posicionadas para vivir su vida pero no del todo.

Beatriz Guido creó los primeros personajes femeninos que no respondían a los estereotipos de la mujer ingenua o malvada que tenían las  mujeres en la narrativa de la época. Sus personajes femeninos eran atrevidas y desafiaban el mundo masculino. También se entrometían en asuntos de la literatura masculina como la corrupción política, los conflictos sociales o la crueldad como forma habitual de las relaciones humanas.

 

Beatriz Guido y Leopoldo Torres Nilsson

 

La ensayista argentina Alejandra Laera afirma en el libro que Beatriz Guido emerge en sus obras con un lado disruptivo: “Esa emergencia en un mundo regulado y previsible, lo disruptivo lo es en el ámbito familiar y social y, con Beatriz Guido, también literario: la adolescente de la ciudad, la joven en la ciudad, que asume una voz propia, que tiene deseos y no solo fantasea con cumplirlos sino que incluso se entrega a ellos y lo cuenta”.

También fue muy importante el trabajo de gestión cultural que Beatriz Guido realizó desde la Embajada argentina en Madrid, donde en 1984 fue nombrada agregada cultural por el gobierno de Raúl Alfonsín. Guido  abrió una oficina de promoción del cine argentino en la embajada en Madrid, ciudad en la que estuvo exiliada durante el régimen de Agustín Lanusse. Como hizo años atrás, Guido  fue muy importante en la proyección del nuevo cine argentino a través de los ciclos y encuentros que organizó, entre otras actividades.

En este libro escrito por el agitador cultural José Miguel Onaindía y el guionista y director de cine Diego Sabanés, se pueden leer también algunos textos inéditos de Beatriz Guido, así como artículos que escribió para diferentes medios de comunicación, tres cuentos, un poema y una carta dirigida a Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. En lo que también es una panorámica de la vida y obra Beatriz Guido, se puede leer el testimonio de otras personas que la conocieron, como la actriz Graciela Borges que protagonizó varias de las películas y el realizador Manuel Antín que llevó al cine su novela ‘La invitación’.

 

 

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