James Joyce

La selección de las cartas que el biógrafo de James Joyce, Richard Ellmann, reunió en este libro ahora publicado por la editorial Navona con el título de «La perfección de mi arte. Cartas escogidas», del escritor irlandés James Joyce, y traducidas por Carlos Manzano, es un acierto porque enseña al escritor, su obra y el hombre con un logrado equilibrio entre las partes. Y encima escrito por Joyce.

Las cartas enseñan de una manera directa la vida y obra del escritor irlandés, su ego, sus celos hacia los amantes reales o imaginarios de su mujer, sus frustraciones literarias y sus sentimientos hacia su círculo familiar, incluidos mujer, hijos, hermanos y padre. Y también de sus amigos del ambiente literario.

Joyce puede ser obstinado, pedante, arrogante, tacaño y desconsiderado, pero también cariñoso, tierno, atento, incisivo y generoso. Vemos sus continuas dificultades materiales, y que se materializan también en sus cambios de domicilios y ciudades para probar mejor suerte y escapar de los acreedores. Y también del artista que sacrifica las comodidades y cualquier apariencia de estabilidad para lograr dar salida a su obra. De la lucha que mantuvo a lo largo de su vida con la literatura, tanto para escribirla como publicarla. (Tardó nueve años en publicar Dublineses). Su frustración se manifiesta una y otra vez, al igual que su superioridad intelectual y su firme creencia en sí mismo.

 

Nora Bernacle y James Joyce

 

La mayoría de las cartas están dirigidas a Stanislaus Joyce o ‘Stanny’ (su hermano que le ayudó a menudo); Nora Barnacle Joyce (su esposa); otros intelectuales y escritores italianos que conoció durante su estancia en Trieste;  a Ezra Pound (que defendió la obra de Joyce y le ayudó a conocer a otras figuras ilustres que contribuyeron a impulsar enormemente la carrera de Joyce). Harriet Shaw Weaver, benefactora y amiga inquebrantable,  T. S. Elliot, Yeats…

La colección contiene las cartas eróticas que escribió a Nora y que son famosas por su carácter explícito y ciertas pequeñas perversiones conyugales y de las que nos ocupamos hace tiempo https://bit.ly/3vajri1 en una edición que apareció en una editorial y sacadas de las selección de cartas de Richard Ellmann.

Leyéndolas de nuevo, resulta evidente que representan tanto las obsesiones eróticas de Joyce, como la expresión del deseo que siente por su esposa. No son solo eróticas; también expresan un nuevo lenguaje del amor que Joyce quería proponer, una forma de insertar intensidad en las palabras para representar los sentimientos que albergaba.

En su mayor parte las envió a Nora Barnacle cuando él estaba de viaje en Irlanda en 1909 y ella se alojaba en Trieste. Sería fantástico disponer de las cartas de Nora a Joyce en esta correspondencias. Joyce y Nora se conocieron en 1904; su hijo Giorgio nació al año siguiente y su hija Lucia en 1907.

 

Joyce y Ezra Pound

 

Se escribieron ocho cartas con pasajes pornográficos y hasta 1975 fueron censuradas. Pero Richard Ellman finalmente obtuvo permiso para imprimirlas en su totalidad. Y luego regresamos a la vida cotidiana para ganarse unas pocas libras, quejándose de su aburrido trabajo, de noticias que le deprimen…

Las últimas cincuenta páginas son muy duras de leer, con el brusco deterioro de su salud física, el internamiento de su hija esquizofrénica en un manicomio, la ruptura del matrimonio de su hijo y, por último, la confusión y el caos al estallar la Segunda Guerra Mundial, cuando su familia tiene que huir de Francia a Suiza.

Para los fanáticos joyceanos están los volúmenes de las cartas completas de James Joyce, que ocupan tres volúmenes. Para los aficionados tenemos este libro que se puede ir leyendo poco a poco. Un libro entretenido y que tiene un poco de todo, que es mucho al tratarse de la vida de Joyce. Muy recomendable.

En el futuro sabremos mucho menos de nuestros grandes escritores, porque a los correos electrónicos habría que añadir audios, WhatsApp, Instagram…. Tal vez sea mejor.

 

 

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