Foto de Luis de León Barga

En Curar la piel, ensayo en torno al tatuaje, premio Anagrama de ensayo 2023, el escritor y crítico Nadal Suau, pone las cartas encima de la mesa desde la primera línea: tatuarse es una fiesta, sostiene. Tomar partido de esta forma tan rotunda implica un punto de vista militante que incluso se traslada a la forma de contarlo, ya que lo hace desde la historia de cinco de sus veinte tatuajes y que sirven de título a los distintos capítulos.

En menos de un siglo el tatuaje ha pasado de ser algo marginal a una forma de expresión popular en la que cabe desde lo decorativo hasta el cuerpo tatuado por entero. Suau asocia su masificación al individualismo de nuestra época tardocapitalista, en lo que vendría a ser una posible vía de escape exótica o una forma más del narcisismo imperante.   

Nadal Suau se adentra en un mundo que conoce bien para explicarnos a qué se debe este auge, pero también qué representa la decisión de tatuarse o qué se siente cuando la tinta penetra en la piel. Estas reflexiones no rehúyen el debate con el otro lado de la barrera. Curiosamente, el autor no empezó a tatuarse en su extrema juventud, sino que lo hizo con treinta y cinco años. En su caso fue una decisión meditada y consciente, aunque a su padre no le hacía mucha gracia los crecientes avances de la tinta en la piel de su hijo.

El padre falleció de cáncer antes de que pudiese leer este ensayo, aunque el hijo pudo explicarle que una parte del libro trataba de las posibles objeciones reales o imaginarias paternas al tatuaje, y de paso, de cualquiera que no vea la gracia de “mancharse” la piel.

 

Nadal Suau. Foto de Eli Don/ACN

 

El primer tatuaje que se hizo Nadal Suau fue un escarabajo en el lado interno del tobillo en marzo de 2016, con el objetivo de expresar su renacimiento tras tomar unas decisiones difíciles y acertar. Se decidió por la simbología ya que este insecto representaba los cambios de ciclo vital en la cultura del antiguo Egipto. Una decisión pensada que le hizo sentirse feliz. Desde entonces asocia las sesiones de tatuaje a un estado de felicidad. Además, esta curación simbólica a través del tatuaje le da pie para emplear el término de curador para referirse al cuerpo tatuado.

El segundo tatuaje que cita le cubre la espalda y todavía no está acabado. Lo empezó el 9 de abril de 2021 y se lo hizo Gustavo Barahona, una leyenda viva del tatuaje. Entramos con Suau en el estudio de Bara.  Él dice que aprendió tres cosas. Los lectores unas cuantas más. La primera es lo mucho que puede llegar a doler un tatuaje grande. La conclusión del autor es que jamás desistirá de hacerse un tatuaje por miedo al dolor, pero que preferiría no volver a experimentarlo en cien años.

Este libro conduce al lector también hacia otros escenarios, ya que un buen ensayo debe abrirse todo lo que pueda acerca del asunto que toca. Curar la piel, por ejemplo, nos lleva a un niño que sufría asma. Había noches en que estaba a punto de asfixiarse. Su familia vivía a hora y media del hospital más cercano en coche y los viajes por la carretera de madrugada en busca de oxígeno eran dramáticos, aunque Nadal nunca se quejaba, según le contaron sus padres. Tal vez para grabarse en la espalda un tatuaje inspirado en los diseños centenarios del maestro japonés Akamatsu hace falta ese valor que nace con ese niño.

 

 

El dragón se enrosca con una joven a la que no ahoga. Nadal Suau dice que entre el dragón y la joven se percibe complicidad. Y añade que es precioso. Viendo los diseños de Bara en internet no lo ponemos en duda, pero ese dolor… “Llega la última, insoportable, media hora. La desesperación ataca por sorpresa… Siento que me raja la lumbar…”. Cuando Nadal va a rendirse, el tatuador termina. Le ofrece un espejo para mirarse y él contempla feliz el nuevo tatuaje.

Una bruja apareció en su bíceps izquierdo en 2017 con la intención de comunicar una posición política, pero nadie puede descifrar lo que dice salvo que sea capaz de traducirlo.

En un ensayo de 2022 en torno a las múltiples formas que adopta el narcisismo contemporáneo, el historiador Valentín Groebner reduce los tatuajes a “correo de sus propietarios“ que reclaman a gritos la atención ajena, aunque dirigida a puntos concretos de su piel. Suau lo niega y afirma que la gran mayoría de curadores se tatúan para ellos mismos, aunque resulta evidente, como dice el autor, que nadie se tatúa para salir menos atractivo del estudio de tatuador.

También hay otros motivos para hacer del propio cuerpo el marco de un cuadro viviente. Para Suau, uno de los valores esenciales que atribuye a esta práctica es una cierta memoria particular que nos habla de los aciertos y errores del pasado. En este sentido, sería una especie de rito que se repite y nos crea una cierta trascendencia temporal ya que una de sus funciones es la de envejecer junto al portador.

 

Tommy Lee. Foto de Jeff Dunas

 

Defiendes un pasatiempo caro, un bien de consumo. Nada más, le dijo un día su padre. Él responde que, aunque la lógica capitalista se adentra en cada parte de nuestras vidas, permite también maniobras para eludirlo. Suau hace un simil con la literatura y se pregunta que espacios quedan hoy para una escritura con propuestas disruptivas. Del mismo modo, un tatuaje impertinente puede transformarse enseguida en un simple reclamo sexual, lo mismo que “un libro desafiante (en el caso rarísimo de que logre editarse más allá de un sello periférico testimonial) se desactivará cuanto nadie lo lea o, peor, las tendencias lo canonicen como complemento necesario… dirigida a universitarios enteraos, esa forma amable de asesinato”.

Suau cita el ensayo de Patricio Pron No, no pienses en un conejo blanco en el que se aborda esta amenaza y aboga no tanto por un exceso de purismo sino en responder a la pregunta de “cómo constituirse en mercancía editorial y, al mismo tiempo, no volverse propiedad del mercado ni internalizar sus reglas”.

Una de las respuestas que ofrece Nadal Suau es la ironía, como hizo en el caso de la bruja tatuada que se burla de algunos políticos de su isla. Su tatuaje irónico favorito es el que Samanta Hudson se grabó en 2019 en una nalga con la cara del presentador de concursos televisivo Arturo Valls. Y aunque la distancia entre la travesti iconoclasta y el presentador Valls es infinita y el motivo partió de un impulso arbitrario, para Nadal Suau resulta un happening que desacomoda expectativas y se burla de los motivos para tatuarse.

También hay tatuajes agresivos, sucios o los que se hacen en las manos y la cabeza. Este tipo de tatuajes implica cruzar una frontera, ya que la visibilidad o invisibilidad de un tatuaje es importante. Quien renuncia a pasar desapercibido siempre, elige una nueva identidad a tiempo completo, aunque Suau no cree del todo que sea una penúltima frontera para colonizar. Personalmente, prefiere pasar inadvertido porque desconfía de las identidades totales, los prejuicios que pueden suscitar en una entrevista de trabajo, una visita, los controles de seguridad…

 

Foto de Brown W. Cannon III

 

Una mañana de 2016 un artista brasileño le grabó cerca de la muñeca una golondrina Black Work junto a su entonces mujer, Begoña. Y el 4 de marzo de 2018 viajó con Begoña a Barcelona para que Rafa les tatuara una Sibila a los dos. La suya se inspira en Caravaggio. La de ella le gana en elegancia. No recuerda por qué decidieron hacerlo.

Visto lo anterior, ¿por qué tatuarse? Suau lo tiene claro. Para disfrutar y reventar de belleza. También, según escribe, “porque echamos en falta mecernos en un ritmo que se ajuste a la medida de nuestra brevedad. Para reconocernos en quienes fuimos y seremos, tan parecidos, a aquellos que fueron, a los que serán… Para fingir que no todo huye”. En definitiva, porque le apetece y lo goza como una fiesta.

Nadal Suau nos habla en este ensayo en torno al tatuaje al estilo de un chamán  que imprime sus palabras sobre la página que leemos como si fuera un tatuaje. Hacen falta ensayos que cuenten nuestro presente. Que es lo que ocurre en Curar la piel.

 

 

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