Marciavamo con l’anima in spalla/ nelle tenebre lassù/ Ma la lotta per la nostra libertà il cammino ci illuminerà/ Non sapevo qual era il tuo nome, neanche il mio potevo dir/ Il tuo nome di battaglia era Pinin/ ed io ero Sandokan” (https://www.youtube.com/watch?v=YaLaz1flg7E). “Marchábamos con el alma sobre los hombros/ en la oscuridad de arriba/ Pero la lucha por nuestra libertad el camino nos iluminará/ No sabía cuál era tu nombre, tampoco podía decir el mío/ Tu nombre de batalla era Pinin / y yo era Sandokán”. Io ero Sandokan (https://www.youtube.com/watch?v=xRREKb3GGRg), “Yo era Sandokán”, era el título de la canción que sirvió de tema de C’eravamo tanto amati (https://www.youtube.com/watch?v=ZtqQntjKB0I). Títulos en español “Una mujer y tres hombres” y “Nos habíamos querido tanto”, una película que marcó la entrada definitiva del director de cine Ettore Scola en la historia del cine italiano. En el título retoma un verso de la canción de 1918 Come pioveva (https://www.youtube.com/watch?v=bWFRCZBIwbo). El cuento habla de la vida de tres ex partisanos interpretados por Vittorio Gassman, Nino Manfredi y Stefano Satta Flores, desde la guerra de liberación hasta los años 1970.

No es un verdadero canto partisano, como muchos piensan o han considerado. La música, come todas las otras de la película, es en realidad de Armando Trovajoli, autor de famosos temas cinematográficos y también de las notas de la comedia musical Rugantino (https://www.youtube.com/watch?v=XxDMVdnwH74).  incluida la histórica Roma nun fa’ la stupida stasera (https://www.youtube.com/watch?v=vQkC3z5EjaE), “Roma, no seas estúpida esta noche”. Las letras no son en realidad del propio Scola. En el libro Chiamiamo il babbo – Ettore Scola. Una storia di famiglia (https://amzn.to/41Wx3K0), publicado 45 años después, las hijas del director, Paola y Silvia, cuentan que el texto fue escrito por Paola, entonces adolescente, a petición de su padre.

Lo que si es cierto es que los personajes de Emilio Salgari eran populares entre los partisanos. En algunas páginas que dedica a los nombres de las batallas de los partisanos en su clásica Storia della Resistenza italiana (https://amzn.to/48XlPax) Roberto Battaglia señala que junto a los topónimos de la ciudad de origen, típicos de los partisanos originarios del Sur; al “mayor número de seudónimos” que “venían del mundo de los animales y de las fieras” según una tradición campesina a la que también pertenecen “diablos”, fenómenos naturales y también personajes de la epopeya popular como Rolando, Rinaldo o Guerrino; junto a personajes históricos como Graco, Robespierre o Espartaco, que revelan orígenes más “cultos” o en todo caso militantes, intelectuales o obreros; “los apodos derivados de las novelas de aventuras se remontan ciertamente a los jóvenes (Salgari es uno de los pocos escritores populares, que bautiza a los distintos Corsarios o Piratas) y los sincopados o americanizantes tomados de la novela cómica o del cine, Gordon, Gim, Flik” .

 

 

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¿Salgari partisano, entonces? De hecho, una fascinación libertaria, de izquierdas o tercermundista por Salgari la atestigua el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II, autor de El regreso de los Tigres de Malasia , con Sandokán como protagonista, y también propone la tesis de que el Che Guevara había leído sesenta y dos novelas de Salgari. Profesor de literatura que se ocupa de este tema después de haber escrito un libro sobre la novela policíaca durante la época fascista, Cesare Marino sitúa una larga cita de Paco Ignacio Taibo II al comienzo de su recién publicado Salgariexploitation. La lingua, i romanzi e lo sfruttamento in epoca fascista di Emilio Salgari. “Salgariexploitation. El lenguaje, las novelas y la explotación de Emilio Salgari en la época fascista”. “Los salgarianos somos una horda de aventureros, aventureros con columna de acero, en los que la aventura tiene un sentido ético. Creo que Salgari fue esencial en la educación sentimental de miles de jóvenes: en esos momentos en los que se forma una manera de entrar en la vida, ciertos elementos de la ética-estética salgariana son esenciales. No conozco a ningún adolescente que se formó leyendo a Salgari que en la edad adulta se volvió racista… Nosotros que nos formamos leyendo a Salgari sabemos que los torturadores no tendrán perdón, que no olvidaremos a los traidores… ¿Cómo puede ser un salgariano machista militante cuando uno de los héroes más queridos es una mujer? […] En la literatura salgariana no se abandona a un amigo herido. Esta es la verdadera filosofía, todo lo demás es una mierda”.

El homenaje no evita algunas críticas. “Paco Ignacio Taibo II es un gran amante de Salgari, tanto que le agradecía al inicio de su novela ‘A quattro mani’ como ‘al lamentablemente fallecido y fundador de la novela de aventuras Emilio Salgari, cuyo estilo intenté imitar  con éxitos alternos’, recuerda Marino, quien define lo antes mencionado El regreso de los Tigres de Malasia  como “un divertido pastiche salgariano”. Sin embargo, observa que “la lectura que hace de Salgari no es exactamente correcta desde un punto de vista filológico: es la lectura personal y creativa que un escritor hace de otro escritor, incluso de orientación ideológica”. Sin embargo, una opinión mejor que la de Felice Pozzo: quizás el mayor estudioso vivo de Salgari, no sólo a través de sus libros sino también con una animada página en Facebook (https://www.facebook.com/groups/199913257969172). El autor de estas notas se siente honrado de contar con su amistad, y puede atestiguar que Pozzo no sólo en sus escritos publicados sino también en sus intercambios personales se refiere con horror a esta incursión de Paco Ignacio Taibo II en el mundo de Salgari. En particular, en la descripción de Sandokán como frecuentador de prostíbulos.

 

 

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Por otro lado, Pozzo es partidario de la otra tesis según la cual Giuseppe Garibaldi es el modelo tanto del Corsario Negro, cuyas tierras de las que es señor están muy cercanas a Niza; como de Sandokán, con su mano derecha Yáñez inspirado a su vez en Nino Bixio. Paradójicamente, es precisamente juntando a Pozzo y Taibo II como se demostraría una filiación entre Garibaldi y Che Guevara a través de los héroes salgarianos. “Algunos comentaristas también han visto analogías con la figura de Garibaldi, correlacionando las camisetas rojas de Garibaldi con la bandera, también roja, de los cachorros de tigre, Nino Bixio con Yánez, Marianna con Anita, Caprera con Mompracem”, señala Marino citando precisamente en notas de Pozzo. “Se trata ciertamente de una hipótesis sugerente, que otros, sin embargo, consideran infundada”, añade inmediatamente después, citando en cambio en una nota el libro sobre Salgari de Claudio Gallo y Giuseppe Bonomi. Por su parte, observa que quizás Garibaldi sea más bien Sandokán, mientras que el Corsario Negro evocaría, en todo caso, a Mazzini.

En realidad, una lectura atenta de Salgari ofrece razones ideológicamente heterogéneas. Sin duda, es un ciudadano que creció con los valores de una Italia que acababa de ser unida por el Resurgimiento (https://librosnocturnidadyalevosia.com/el-eterno-regreso-de-emilio-salgari-el-julio-verne-italiano/). Sin embargo, el Corsario Negro era un oficial de Saboya y moriría en la batalla por los duques de Saboya; la novela I naviganti della Meloria (https://it.wikisource.org/wiki/I_naviganti_della_Meloria) muestra a marineros italianos que buscan un paso subterráneo entre el mar Tirreno y el Adriático para la marina militar italiana y son obstaculizados por un traicionero eslavo; Le meraviglie del 2000 (https://it.wikisource.org/wiki/Le_meraviglie_del_Duemila) nos muestra un mundo de 2003 en el que Italia ha recuperado no sólo Trento, Trieste y Dalmacia sino también Niza, Saboya, Córcega y Malta.

En las mismas “Maravillas del 2000”, además de una curiosa conversación con un marciano que logra virar hacia un acalorado antisocialismo, imaginan un imperio británico desmantelado con una India independiente; una China dividida para evitar que se vuelva peligrosa; una Austria anexada a Alemania a cambio de la devolución de Alsacia y Lorena a Francia con los Habsburgo a su vez compensados ​​por los territorios balcánicos arrebatados al Imperio Otomano; una Rusia liberal todavía con el zar que devolvió la independencia a Polonia pero también a Siberia, pero bajo un gobernante Romanov; y los indios americanos definitivamente neutralizados por la expansión de la civilización estadounidense. Son motivos que encontramos en la posición antiindia de las novelas del ciclo del Lejano Oeste, en la posición antiinglesa de las novelas del ciclo indio y malayo, en la posición antiespañola del ciclo corsario. El segundo y el tercero de estos enfoques pueden en realidad caer dentro de la hipótesis antiimperialista de Salgari, pero el primero no. Y luego hay una novela como La capitana del Yucatan (https://it.wikisource.org/wiki/La_capitana_del_Yucatan) que se desarrolla durante la guerra hispanoamericana y en la que los colonizadores españoles se convierten en los buenos, mientras que los malos son los activistas independentistas cubanos y sus aliados yanquis. No sin algunas notas sobre los negros entre los combatientes cubanos que hoy sería difícil no percibir como racistas.

 

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En definitiva, se le puede achacar todo, y lo contrario. Y el punto de apoyo de este libro es precisamente la reconstrucción de cómo “a través de un complejo y extraño entrelazamiento de intereses políticos, económicos y familiares, de odios personales y rivalidades editoriales, durante los veinte años de fascismo Emilio Salgari, el novelista que había contado distintas  aventuras en los cuatro rincones del mundo sin abandonar nunca el norte de Italia, muy amado por el público pero poco considerado por la crítica, se encontrará, muerto desde hace décadas, explotado y exaltado no por una sincera admiración por sus creaciones sino con fines propagandísticos, distorsionados. y voluntariamente incomprendidos para alimentar las ambiciones sobrehumanas y las ideas imperialistas de la dictadura”.

Como observa Marino, “el hombre Salgari ciertamente tenía su propia visión del mundo, incluidas creencias políticas que podemos conocer hasta cierto punto”. Pero éstas “son de relativo interés para el escritor Salgari, y en sus tramas brillan de forma parcial o marginal”. Más bien, hay estructuras ideológicas y de valores que gobiernan sus novelas: “podemos, por ejemplo, leer una epopeya de coraje y lealtad que se opone a los abusos”. Pero “no es un escritor que utiliza la literatura para demostrar o exponer razones ajenas a ella, ya sean filosóficas, ideológicas o políticas”. En definitiva, “todo en él se resuelve en las razones de lo literario, de lo novelístico, de narrar por narrar. Sus tramas no tienen un carácter ideológico, sino novelístico, si no en cierto modo ‘mitológico’”. Por esta razón puede arremeter en contra de los españoles en una era histórica en la que aparecen como desagradables dueños de un imperio autoritario, y en cambio ponerse de su lado en otra época en la que se ven reducidos a perdedores románticos. En Salgari, sin embargo, también hay una buena dosis de sobrehumanismo: no Nietzsche, sino el del Conde de Montecristo de la novela popular. Un “superhombre de masas” (https://amzn.to/3O4Hu8F) definido por Umberto Eco como “demagógico y consolador”, ya que “posee un poder que el lector no tiene” y por tanto puede vengar sus frustraciones. Desde el Zorro hasta Superman o Batman, e incluso en personajes que van incluso en contra de la legalidad oficial como Fantomas o Diabolik, en cierto momento para este tipo de personajes se vuelve casi obligatorio tener una identidad secreta específicamente para permitir mejor al hombre común imaginarse él mismo a su vez que es capaz de causar estragos una vez que se pone la máscara o el disfraz. Pero ésta, si queremos, es una evolución que viene en gran medida después de Salgari.

La primera parte del libro trata precisamente de “Emilio Salgari el verdadero Corsario”, centrándose en cuatro novelas clave como son El Corsario Negro (https://it.wikisource.org/wiki/Il_Corsaro_Nero), Los Piratas de Malasia , La reconquista de Mompracem (https://it.wikisource.org/wiki/La_riconquista_di_Mompracem) y La cazadora de cabelleras (https://it.wikisource.org/wiki/La_scotennatrice). Pero la segunda parte trata sobre “Corsarios en Camisa Negra”, a partir de un “caso Salgari” que estalló entre 1927 y 1928, y que pretende reevaluar a un escritor ya considerado por la crítica como autor de obras “baratas y precipitadas, violentas, buenas sólo para excitar la imaginación de forma burda, imitaciones mediocres de Verne sin ningún valor educativo”. En 1927, la revista Augustea lo definió como “magnífico animador de la juventud impetuosa y ardiente”, “el marino que comenzó a vivir peligrosamente y que constituye la voz más evocadora de la Idea fascista, educador de los valores del superhombre antipacifista”, incluyéndolo en una lista de precursores del fascismo, exaltando al Corsario Negro como italiano e insistiendo en el mito del marinero Salgari. A partir de ahí comenzó una campaña del semanario Il Raduno, con tono definido como “risueño” por Antonio Gramsci, quien también era lector y admirador de Salgari. “Fundada por el escritor Antonio Beltramelli, un fascista entusiasta, con el objetivo de organizar a los artistas en sindicatos para defender los derechos de autor, Il Raduno parece casi concebido con el único objetivo de atacar personalmente a la editorial florentina Bemporad, con quien Beltramelli había tenido una disputa, vinculada a los derechos de una de sus novelas. Y como instrumento de esta batalla personal, Beltramelli elige, desde el primer artículo, a Emilio Salgari”.

 

 

Aparte de los tonos antisemitas contra el judío Bemporad, acusado de haber empujado al suicidio al pobre Salgari por no pagarle lo suficiente, en los artículos que se sucedieron en la revista entre el 31 de diciembre de 1927 y julio de 1928 se definía a Salgari como “uno de los más grandes artistas italianos, porque ninguno de los escritores de este siglo, ni siquiera Gabriele D’Annunzio, ha dejado una huella tan profunda en el alma nacional”. Y no duda en afirmar que “hoy Emilio Salgari cuenta más en el balance histórico de la nueva Italia que Giacomo Leopardi, más que Petrarca, más que Ariosto y probablemente más incluso que Manzoni”. Y pide la creación de un Instituto Nacional para la reedición completa de las obras de Salgari a costa del Estado, partiendo del supuesto de que “el primer aliado tácito y seguro de Benito Mussolini fue el propio Emilio Salgari, un novelista para niños, pero que había hecho de aquellos niños muchos soldados, capaces de las audacias más locas y asombrosas”. Sin embargo, todo fue bloqueado por Margherita Sarfatti, amante del Duce e ideóloga del primer fascismo. Quizás molesta por esos tonos y porque ella también era judía, en marzo de 1928 escribió un artículo dedicado a la literatura infantil en el mismo órgano oficial Il Popolo d’Italia, que respondió a la exaltación con una crítica. “Los libros de Salgari no son heroicos: exudan un bajo erotismo, a menudo asociado con una especie de satisfacción baja e incluso morbosa con los crueles y sanguinarios. Pero sobre todo […] son ​​libros con un espíritu profundamente antifascista por dos razones fundamentales: 1) Exaltan la revuelta, la indisciplina y la desobediencia a las autoridades legalmente constituidas de la sociedad y el Estado; 2) Son libros anticolonialistas, cuyo protagonista es siempre un nativo, o (y es aún más grave) un líder blanco de nativos, piratas o bandidos sublevados contra los colonizadores”. “Salgari escribe mal, en un italiano ilegible e imposible. Sigue siendo el menor de los problemas, aunque no despreciable. El problema es que «piensa» mal; o más bien no piensa en nada. Escribe bajo el impulso de ese espíritu de revuelta romántica, y de exaltación romántica, hipercrítica, nihilista y destructiva de la revuelta por la revuelta misma”. En resumen, comenta Martino citando el famoso lema fascista “creer, obedecer, luchar”, “los héroes salgarianos creen y luchan, pero no están allí para obedecer”.

 

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Pero en cierto momento la propia Sarfatti se vio obligada a exiliarse debido a las leyes raciales. Y a partir de 1937 el régimen inició otra ola de exaltación salgariana, que exaltó especialmente los tonos antiingleses. Y en este punto el fenómeno que Marino define como “Salgariexplotation” alcanza su paroxismo. Una intensa producción de apócrifos salgarianos presentados como póstumos y escritos en realidad por autores como Luigi Motta, Giovanni Bertinetti, Riccardo Chiarelli, Sandro Cassone, Carlo De Mattia, Mario Casalino, Renzo Chiosso, Americo Greco, Emilio Moretto, incluso un sobrino de Carlo Lorenzini autor de Pinocho, junto con sus hijos Nadir y Omar Salgari. Un censo preciso cuenta 55 libros. En simetría con los cuatro libros de Salgari en la primera parte, Marino analiza aquí cuatro de estos apócrifos igualmente emblemáticos: Le Ultime Imprese del Corsaro Nero(https://amzn.to/3U44ckX), La Vendetta dei Tughs, La Gloria di Yanez ,  y L’indiana dei Monti Neri (Minnehaha, la figlia della Scotennatrice). Y aquí también hay un análisis del lenguaje, del que se desprende que no sólo los motivos de este Salgari post-salgariano parecen cada vez más alineados con la ideología del régimen, desde la ahora explícita exaltación del nacionalismo italiano hasta el desprecio por los no blancos. El mismo lenguaje se hace eco cada vez más cercano al de Mussolini. “¡Sí!… ¡Voy a ganar!” proclama el Corsario Negro, mientras el fiel Moko afirma que quiere “romperle los riñones a quien quiera acercarse demasiado”, y Carlo Emanuele de Saboya explica que la orden de defender la Assietta dada al Conde de Ventimiglia es «ir -re-vo -ca-bi-le”!

Después que Romero Salgari se suicidó en 1931 y Nadir murió en un accidente de moto en 1936, es Omar Salgari quien “sigue siendo el único heredero y, viviendo únicamente de los derechos de las obras de su padre, se ha comprometido en los últimos años a construir un imperio salgariano. Para alimentar sus ambiciones, Omar no tiene escrúpulos en distorsionar los hechos y explotar la retórica y la ideología fascistas, en una explotación franca y cínica de su padre y del momento político”.

Incluso después del final de la guerra y de la epopeya de los partisanos Sandokán, la producción de apócrifos continuaría hasta 1959. Pero ahora se les acabó el tiempo, y después de que un proceso judicial entre Omar Salgari  y el editor André Viglongo revelara que las libros póstumos eran falsos. En 1963 el último de los hijos también se suicida. Como siempre explica Martino, “la cuestión quedará definitivamente aclarada con un artículo firmado por Viglongo en 1981 y con el trabajo de Felice Pozzo de finales de los años 1980”.

 

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