Albert Camus en un ensayo de Le Malentendu
«… Una vez que el hombre es despojado de sus ilusiones y abandonado por sus dioses, puede, mediante la acción y la rebelión, reclamar la única forma de libertad que le sigue siendo soportable…», escribe Albert Camus en 1944 en el borrador manuscrito completo de una introducción a su obra de teatro, «Le Malentendu» (El malentendido), con una clara exposición de su filosofía y de la obra.
Escrito en tercera persona, Camus compara Le Malentendu con L’Étranger, revela sus técnicas y objetivos dramáticos, sitúa Le Malentendu en el contexto de su obra, es decir, explorando la experiencia del «exilio y el extrañamiento», antes de concluir con una poderosa y clara declaración de su filosofía.
El manuscrito fue escrito como introducción a su obra -probablemente para ser entregado al público que asistiese a la funcion- y difiere de la versión publicada posteriormente en forma de libro. Le Malentendu se estrenó el 24 de junio de 1944 en el Théâtre des Mathurins de París y debió ser escrito en 1943 o 1944. Se trata de un manuscrito autógrafo de dos páginas con tachaduras y correcciones.

Procedencia:
Este manuscrito procede de la colección de Fred Feinsilber que se vendió en Sotheby’s del 11 al 12 de octubre de 2006. La colección abarcaba del siglo XV al XX, y una gran variedad de temas. El escritor francés Albert Camus era uno de los favoritos de Feinsilber (quien declaró públicamente que compartía su visión del mundo) y su colección contenía importantes obras, manuscritos y cartas de Camus. Actualmente el manuscrito se encuentra en https://www.manhattanrarebooks.com
El texto completo del manuscrito escrito por Albert Camus en tercera persona es el siguiente:
«El Théâtre des Mathurins estrenará próximamente …
“Le Malentendu” es una obra que, a primera vista, no parece plantear ningún reto particular al director. Ya sea por voluntad propia o por instinto, el autor se atiene a la unidad clásica de los tres actos: una historia trágica que se desarrolla en el marco reducido de una posada, a lo largo de veinticuatro horas. El autor ya había explorado este tema en su obra anterior “L’Étranger”, publicada en 1941. Aunque se han modificado algunos elementos, la premisa central se mantiene en gran medida intacta, pero sirve simplemente de pretexto narrativo.
Inspirándose en un suceso real ocurrido en una pequeña ciudad checoslovaca en la que el autor estuvo una vez. Camus parece decidido a dar forma a una tragedia de exilio y extrañamiento. No cabe duda de que los temas desarrollados en esta pieza se hacen eco de los que se encuentran a lo largo de toda la obra del autor.

Todo se reduce a su esencia más pura. Sin embargo, la naturaleza única del texto que se nos presenta revela retos mucho más profundos y complejos.
Como él mismo reconoce, el autor pretendía crear lo que podría llamarse una «tragedia con traje», una obra enraizada en el realismo contemporáneo, pero impregnada del sentido de lo trágico. Sin embargo, al hacerlo, separa la narración, la tradición y el mito de su contexto original.
“Le Malentendu” intenta trasplantar los grandes temas de la tragedia clásica a un entorno moderno. Esta ambiciosa fusión plantea importantes retos, el principal de los cuales es el del tono. Los héroes legendarios pueden asumir naturalmente un registro trágico; su lejanía de nuestra vida cotidiana les protege de parecer absurdos. Pero los personajes con atuendo moderno -figuras del presente- deben permanecer anclados en la autenticidad.

Para resolver esta tensión, el autor ha intentado…
1) Adoptar un tono lo bastante elevado para mantener la dimensión trágica, pero lo bastante natural para resultar creíble.
2) Situar la sensación de distancia no en los acontecimientos en sí, sino en la propia naturaleza de los personajes.
3) Modular cuidadosamente la progresión del tono y el efecto dramático, de modo que tanto el lenguaje como los personajes, inicialmente basados en el realismo, vayan gradualmente de un acto a otro hacia un registro más mítico.

Este reto del tono se extendía naturalmente a los intérpretes y al director. Y es aquí donde residía el verdadero desafío. No se intentó resolverlo más que con un espíritu de perfecta y simpática colaboración entre los actores y el propio autor. A juzgar por la reacción del público, parece que el reto se cumplió.
Una última palabra: el autor desea subrayar que el aparente pesimismo de esta obra no es absoluto ni definitivo. Bajo su sombría superficie subyace un optimismo más profundo: el que afirma que, una vez despojado el hombre de sus ilusiones y abandonado por sus dioses, puede, mediante la acción y la rebelión, reclamar la única forma de libertad que le sigue siendo soportable. Pero sobre esta cuestión, es mejor dejar que el autor hable por sí mismo».

Albert Camus
