Denzel Washington en Macbeth de Joel Cohen. Apple TV

El último ensayo del viajero, analista y escritor norteamericano Robert Kaplan La mentalidad trágica nace de su equivocación al apoyar la invasión de Irak para derrocar a Sadam Husein e instaurar un gobierno elegido democráticamente. Su postura cambió al comprobar en persona la sangrienta anarquía en que cayó el país tras el final de la tiranía de Husein, lo que incluso le causó una depresión clínica. En este ensayo breve subtitulado Sobre el miedo, el destino y la pesada carga del poder que se lee de un tirón, analiza nuestro presente complejo e incierto a través de la antigua tragedia griega y escritores como Shakespeare, Melville, Conrad, Dostoievski y Camus.

Kaplan cubrió como corresponsal de prensa, antes y después de la caída de los regímenes comunistas, los principales conflictos bélicos que se desencadenaron en los Balcanes y África. De sus experiencias, ha escrito más de veinte libros que trascienden lo periodístico al ahondar en la historia, el ensayo y la literatura para entender mejor lo que a simple vista puede parecer una guerra de buenos contra malos desde una óptica occidental.

Según La mentalidad trágica, nos encontramos en un momento donde pese a los felices deseos tras el final de la Guerra Fría de ver el triunfo global de la democracia y la economía de mercado, las tres grandes potencias están cada vez más cerca de la guerra abierta, en las redes sociales triunfan las divisiones étnicas, nacionales y religiosas, y en muchos países del Tercer Mundo predomina el caos sin contar que en Europa tenemos una guerra como nunca hubo desde la Segunda Guerra Mundial.

 

Robert D. Kaplan

 

Kaplan hace hincapié en que la condición humana, pese a los adelantos técnicos, no ha cambiado demasiado a lo largo de los siglos y siguen vigentes las mismas pasiones de siempre.  Por eso en los antiguos griegos, como en Shakespeare, Melville, Conrad, Dostoievski y Camus, se encuentran arquetipos humanos válidos hoy día. También la esencia de la vida actual puede asociarse a la mentalidad trágica. En algún modo, escribe Kaplan, la tragedia nació cuando los antiguos griegos se dieron cuenta que el mundo era tan injusto y cruel como hermoso. La mentalidad trágica consiste en aceptar el mal menor, que las cosas pueden descarrilarse y tener consecuencias imprevistas. Y lo más importante, nos invita a ser humildes, huir de la arrogancia, el orgullo, y lo irracional.

Su experiencia bélica como periodista en Irak, Yemen, Afganistán y Sierra Leona es lo que le lleva a defender la mente trágica que entiende la vida como una tensión permanente entre civilización y barbarie. Pero como nos enseñan los grandes clásicos, la barbarie anida siempre entre nosotros. Los antiguos griegos identificaron al dios Dionisio, como el dios de la Tragedia, la divinidad que enloquece al hombre y le incita al salvajismo.

Kaplan es crítico con la actuación de los últimos presidentes de su país, y las intervenciones norteamericanas en Vietnam, Irak y Afganistán, que enseñaron a los estadounidenses a costa propia que su poder para cambiar el mundo era más limitado de lo que pensaban, y que existen tradiciones históricas arraigadas que nada tienen que ver con el concepto occidental de democracia, producto de una larga evolución de siglos.

 

Una escena de la película Macbeth de Joel Cohen. Apple TV

 

La tragedia no es fatalismo, desesperanza ni guarda relación con el quietismo de los estoicos. “Cuando pensamos con mentalidad trágica”, escribe Kaplan, “nos hacemos conscientes de todas nuestras limitaciones y, de ese modo, podemos actuar con mayor eficacia”. La mentalidad trágica sabe que el desafío no es sólo entre el bien y el mal, sino también entre el bien mayor y el bien menor o el mal mayor y el mal menor. Por eso a veces la mejor elección es evitar una tragedia mayor.

Si aceptamos que las dos fuerzas que luchan entre sí son el orden y el caos, lo apolíneo y lo dionisiaco, entendemos que el mundo es una gran Tragedia Griega no en un sentido catastrófico, sino en darse cuenta que es imperfecto, y no una película de Hollywood de buenos y malos, sino de gente que intenta hacerlo lo mejor posible y actúan con prudencia conscientes que algunas elecciones pueden desembocar en lo que nos destruya.  

La mentalidad trágica es la esencia de todo realismo y, según explica Kaplan al final de este magnífico ensayo, no es tanto una teoría como una sensibilidad  que, a su entender donde mejor se manifiesta es en los cuadros de Velázquez y Goya  “los dos grandes genios de la gran microcivilización española”.

 

 

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