El Alisio. Martín Chirino
Pocas cosas pueden parecer más diferentes que la solidez del hierro y la ligereza de la arena transportada por el viento. Pero son precisamente las espirales de arena que vio levantar el viento en las playas de su Canarias natal y que parecían reproducir un símbolo espiral más antiguo característico de la cultura aborigen que están en el origen de uno de los motivos más presentes en el arte de Martín Chirino. El “escultor del hierro» que el pasado 1 de marzo hubiera cumplido cien años y en cuyo homenaje el Instituto Cervantes ha organizado una exposición en Roma del 20 de febrero al 3 de mayo (https://www.facebook.com/watch/?v=1385701926130073). “Martín Chirino. Lo scultore del ferro. Martín Chirino. El escultor del hierro”, en la Sala Dalí de Piazza Navona (https://cultura.cervantes.es/roma/es/mart%C3%ADn-chirino.-el-escultor-del-hierro/175271) con seis esculturas; cinco dibujos; cuatro estampas y 36 fotografías.
Martín Chirino nació en Las Palmas de Gran Canaria el 1 de marzo de 1925, a la orilla del mar, en un entorno familiar tradicionalmente vinculado al mundo de los astilleros del Puerto de La Luz. Estos conocimientos, desde muy pequeño, le permitieron aprender a utilizar herramientas y le introdujeron en un mundo que lo llenó de asombro y pasión por la artesanía del hierro y la talla de la madera. Tenía 23 años cuando viajó a Madrid para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Una vez finalizados sus estudios, realizó un período de investigación sobre el hierro y la forja española. Pero luego se fue a Italia a estudiar los clásicos, para completar su formación en la School of Fine Arts de Londres.
Tras su regreso a Canarias, creó la serie “Reinas Negras”, obras influenciadas por el arte africano y el surrealismo. En 1958 se incorporó al grupo «El Paso» en 1958, junto a Saura, Canogar, Feito, Millares, Rivera. Después de la exposición Nueva pintura y escultura española en el MOMA, la presencia de Chirino en Estados Unidos fue frecuente y periódica. Desde la década de 1970 creó proyectos monumentales inspirados precisamente en la espiral del viento, un vestigio que se encuentra en el legado de los primeros pobladores de su tierra natal, Canarias.

Martín Chirino. Foto de Alejandro Togores
De 1983 a 1990 ocupó el cargo de presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid y de 1989 a 2002 fue director del Centro Atlántico de Arte Moderna de Las Palmas de Gran Canaria. Ha sido galardonado, entre otros, con el Premio Internacional de Escultura de la Bienal de Budapest, el Premio Nacional de Artes Plásticas, el Premio de Artes Plásticas de Canarias, la Medalla de Oro de las Bellas Artes, el Premio Nacional de Escultura de la CEOE, la Medalla de Honor del Círculo de Bellas Artes de Madrid y el Premio de Artes Plásticas 2003 de la Comunidad de Madrid. En 2004 la Real Fundación de la Moneda le concedió el Premio Tomás Francisco Prieto de medallas y en 2008 recibió el Premio Fundación Cristóbal Gabarrón de Artes Plásticas. Fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (2008) y por la Universidad Nebrija de Madrid (2011). En 2014 fue nombrado Académico de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.
El 28 de marzo de 2015, la Fundación Martín Chirino para el Arte y el Pensamiento abrió sus puertas en el emblemático Castillo de la Luz, en Las Palmas de Gran Canaria. El espléndido edificio, símbolo de los orígenes de la ciudad tras la colonización, está vinculado a los orígenes biográficos del escultor nacido en los alrededores de La Isleta. “Concibo mi Fundación como un organismo vivo para la difusión del arte y la cultura. Una plataforma amplia para la reflexión y el debate”, afirmó.
Martín Chirino falleció en Madrid el 11 de marzo de 2019. “Creo que todo lo que me pasa es quizá lo mejor que me pudo pasar en el camino recorrido por aquel niño, arrebatado por la fuerza del mar, tumbado soñando que quizá un día el horizonte se movería un poco”.

Cabeza. Martín Chirino
Con motivo del centenario de su nacimiento, la exposición, organizada por el Instituto Cervantes de Roma y promovida por la Fundación CajaCanarias junto a la Fundación Martín Chirino para el Arte y el Pensamiento en colaboración con Turespaña, comisariada por Marta Chirino y Alejandro Togores, ofrece, por primera vez en Italia, una cuidada selección de obras entre esculturas, dibujos y grabados datados entre 1957 y 2011 que quieren ser un homenaje a uno de los artistas españoles más importantes del siglo XX.
Esta exposición romana marca el inicio de las celebraciones de Chirino fuera de España, reforzando la dimensión internacional de un escultor por un lado profundamente vinculado a su tierra de origen, Canarias, y por otro caracterizado a lo largo de toda su producción artística por una inspiración universal. La exposición se enriquece con una selección de fotografías de su amigo Alejandro Togores, realizadas entre 1971 y 2018, que permiten comprender los procesos creativos del artista.
“El hierro al rojo vivo parecía fluir de mis manos y obedecer a mi voluntad”, así recuerda Chirino cómo decidió que el hierro sería el material principal de su obra y de ahí el título de la exposición que presenta algunas de las series más famosas del artista: Vientos, Alisios, Cabezas, Paisajes y Aeróvoros. declinadas mediante el uso de diferentes técnicas.

A principios de la década de 1940, Martín Chirino, por voluntad de su padre, trabajó durante un par de años en los barcos del Puerto de la Luz. Continúan los viajes a las costas africanas de Marruecos, Sahara, Mauritania, Senegal y Guinea Ecuatorial para reabastecer barcos.
“Sentí que pertenecer a un lugar significaba reafirmar mis raíces y recuperar mi historia”. En muchas cabezas, incluidas las expuestas, “la latitud del archipiélago me hace sentir la cercanía del arte africano […] Se percibe la imagen de las máscaras africanas por las que sentía una gran admiración”. La máscara del hombre, el Afrocán, es personalizada, redondeada, en la serie más figurativa de la obra de Chirino.
Al mismo tiempo, el escultor se sumerge en la aventura de crear arte abstracto, tratando de conectar su obra con la naturaleza. En el recorrido por la obra de Martín Chirino siempre estarán Julio González, pero también Malevitch, Mondrián, El Lissitzky, los creadores constructivistas que fueron sus padres sagrados, a quienes veneró por su manera de entender e interpretar el espacio. Fueron influencias importantes, como sin duda lo fue la experiencia de El Paso, grupo al que se unió en 1958. Chirino da el salto hacia la abstracción más absoluta, rindiendo homenaje al trabajo artesanal que tanto admira, y del que tanto ha aprendido. En la década de 1950, la profesión de herrero era el referente más importante de su trabajo. “Mi escultura está más cerca de la herramienta en sus orígenes. Es similar al arado o a la reja. Lo que estos instrumentos populares tienen como extensión humana, mi obra lo puede tener. “Conectan al hombre con la tierra en un abrazo armonioso y necesario”.

El viento. Martín Chirino
El viento es la clave para entender la producción madura de Martín Chirino. En La Espiral, que el artista entiende como un signo atlántico pero también mediterráneo, el viento emerge materializado, capturando lo intangible en la materia más condensada, en el hierro o el acero. Chirino encuentra en la espiral la huella del origen: “Antes de que llegara Chirino – subraya Serge Fauchereau – nadie había pensado en esculpir el viento”.
En la obra de Chirino la escultura siempre va más allá de su volumen y peso. Es, ante todo, su proyección: penetra y transforma el espacio que la rodea. A través de la manipulación del hierro forjado como soporte, desarrolla un lenguaje plástico específico. Chirino, al esculpir el viento, confronta su concepto congelando el tiempo y su movimiento a veces violento a través del duro material del hierro. “La espiral de hierro se abre para flotar en el espacio, como el horizonte distorsionado del sueño que siempre he perseguido. Alisios, Alfaguaras y Solanos, en definitiva, toda mi obra es deudora de esa espiral de hierro cerrada en su punto de partida, que se extiende y desliza de manera que la materia de estas esculturas sugiere la simulación de levedad, ligereza y libertad a la que aspiran todas mis obras”.
En los años 70, la escultura de Martín Chirino tomó vuelo, se liberó de un peso real y se convirtió en un sueño fantástico. Los devoradores del aire, los Aeróvoros, elevan la increíble ligereza del hierro forjado al espacio, transformándose en alas. La espiral permanece en el centro, como el nudo que se niega a desatarse, como la unión del metal con su consistencia antigua, con su ser primordial. Los Aeróvoros con las alas abiertas, como si fueran las de un gigantesco pájaro planeador, ven su vuelo detenido en este despliegue de ligereza, de ascenso horizontal. La materia de las raíces, transformada por la materia de los vientos, se convierte así en materia de sueños.

Colección Chicago III, 1973
Los Paisajes, también representados en la exposición, son el regreso del Aerávoro a la tierra. La tierra reaparece, no a través de herramientas, de raíces, sino a través del ojo humano, el ojo que observa y se recrea.
Como demuestra claramente la exposición romana, para Martín Chirino el dibujo es, junto a su producción escultórica, si no el principal medio de expresión, sí el más habitual. Se trata de un medio de trabajo y experimentación inseparable de la escultura, con el que se resuelven todos los problemas espaciales que plantea la primera. Es pues natural que, en su conjunto, la obra dibujada de Chirino refleje las distintas fases de su recorrido artístico, una práctica que parte de un dibujo académico que ya indicaba una personalidad especial y que adoptaría posteriormente la configuración esquemática de su creación escultórica.
Los dibujos de Martín Chirino son, por supuesto, dibujos de un escultor. Lo que guía la mano del artista no es tanto el aspecto visual como el conocimiento tridimensional de los objetos.
Como continuación del dibujo, y en perfecta armonía con la serie escultórica, Martín Chirino realizó frecuentes incursiones en el mundo del grabado, con ediciones limitadas y un cuidado exquisito.

Violonchelo, Sueño de la Música. Homenaje a la Música VIII, 2019, hierro forjado y madera.


