LUIS DE LEÓN BARGA

Francesc Catalá Roca

No abundan los
empresarios en la novela española y Sergio Vila-Sanjuán viene a rellenar parte
de ese hueco en su tercera novela El
Informe Casabona
. Todo comienza en un presente inmediato, en el 2015, con la muerte del
empresario Alejandro Casabona durante el banquete oficial que el Rey ofrece con
motivo del premio Cervantes.
Casabona ha legado
parte de su fortuna a una fundación de fomento de la ética en la empresa, cuya
directora decide investigar la figura del empresario antes de aceptarlo. Tocará al periodista cultural
Víctor Balmoral hurgar en las muchas vidas de Casabona, antiguo líder político
de la Transición española, mecenas y aparente empresario de éxito, pero con una
conflictiva vida familiar entre cuyos episodios se encuentra el asesinato de su
segunda mujer, el gran amor de su vida.
Lo que podía ser una novela más o
menos negra con investigador/investigado y  el mundo de los negocios como una de las líneas de la narración, junto al contorno familiar e histórico de
cierto empresariado catalán que ha sido importante en  la historia de España y que se encuentra en vías de extinción, acaba siendo un interesante relato moral.
Una fábula que se sirve de la investigación biográfica para mantener el interés
del lector con múltiples personajes y episodios históricos (alguno notables
como el de la Guerra Civil) que llegan hasta nuestros
días. 
La vida de Casabona no fue lo que
parecía y serán sus familiares, amores y  compañeros de viaje ocasionales, junto a unas
memorias, las que nos vayan desvelando los secretos del empresario.
Sergio Vila-Sanjuán
A diferencia del poderío económico de
Casabona, al que conoce bien, cuando muere su madre Víctor Balmoral tiene que abandonar el piso
familiar en el que vivió toda su vida porque no puede pagar el alquiler. Sin embargo, entre uno y otro hay ciertas concomitancias. Una de ellas podría ser las relaciones entre padres e hijos. Sólo que cada uno es la cara opuesta de la misma moneda. Si a Casabona los hijos se le han descarrilado, el padre de Balmoral abandonó el domicilio conyugal con deudas importantes cuando el periodista era niño. 

Vila-Sanjuán elabora una novela en lo que lo narrativo es importante, como lo demuestra la trama, capaz de encajar las distintas piezas de la investigación de una forma ágil y entretenida, y los personajes bien trazados. Pero también busca contar algo más que trasciende lo estrictamente literario.

En sus dos novelas
anteriores, Una heredera de Barcelona (2010), y Estaba en el aire, que ganó el premio Nadal en 2013, Sergio Vila-San Sanjuán nos contaba distintas historias de Barcelona
durante otras épocas, los años veinte y sesenta del siglo pasado, con un trasfondo moral.
En El informe Casabona la ciudad
sigue siendo el marco del cuadro, y el color predominante del retrato es el gris. No es una  novela de buenos y malos. Entonces el lector puede dejarse llevar por la historia que está leyendo o mirar de cerca el cuadro para entender mejor lo que ha ocurrido
en este país en estos últimos años. Pero más interesante es conocer el coste personal de llamarse Alejandro Casabona. Y ahora dejemos que sea el
autor quien explique su propósito al escribir su tercera novela.
-De
entrada podemos pensar que vamos a leer una novela negra pero pronto
descubrimos que es una investigación sobre la vida de una persona, una
«quest» novelada por explicarlo de algún modo. ¿A qué se debe esta
forma de contarla?
Soy un gran lector de novela negra, y por
eso considero que en el género suelen ser más atractivos los inicios, el
planteamiento del misterio, que su resolución, que habitualmente queda por
debajo de lo que uno esperaba. En El
informe Casabona
he intentado hacer una novela de investigación que toma
algunos elementos del relato policial pero no sigue su esquema clásico.
-No
es habitual hacer a un empresario protagonista de una novela en la actual
narrativa española, ¿por qué lo elegiste como una de las figuras centrales de
tu libro?
Sí, en la narrativa española el empresario
suele ser un personaje o bien caricaturizado o bien directamente negativo.
Supongo que existen razones que lo justifican. Sin embargo, a lo largo de los
años yo he ido conociendo bastante hombres de empresa que escapaban a este
tópico, personajes que además de mucha iniciativa tenían sensibilidad cultural
y capacidad de seducción (y, como todos los seres humanos, evidentemente
también zonas oscuras). Me pareció que alguien de estas características podía
dar bastante juego novelístico.
¿El
empresario Alejandro Casabona es un superviviente de si mismo o un camaleón que
ha necesitado adaptarse a los diferentes momentos históricos de su larga vida?
Al principio de la novela he colocado una
cita de Orson Welles: ·”Si quieres un
final feliz, todo depende, por supuesto, de donde detengas tu historia”.
Casabona es un hombre de casi noventa años y en su vida se marcan distintas
etapas: la de joven militante antifranquista en los años 50, la de empresario
de éxito en los 60, la de político de centro en la etapa de la Transición y la
de  mecenas de las artes en los últimos
lustros. Según qué etapa analices te parece estar viendo a una persona
diferente. Y según donde te pares te parecerá que es un triunfador o un
completo fracasado. Esta gran ambivalencia de una trayectoria vital de cierta
envergadura era lo que me interesaba explorar.
Víctor
Balmoral es también en cierto modo el representante de un mundo venido a menos
y en este sentido, ¿se puede hablar de las dos caras de una misma moneda?
Víctor Balmoral conoce bien el mundo del magnate
Casabona, pero al proceder  de una
familia venida a menos tiene, por un lado, la tendencia a idealizar ese mundo
de los triunfadores, que es un mundo que ha perdido, y, al mismo tiempo, un
sentido crítico respecto a sus normas de conducta que le afina como periodista y
también como ser humano. Son dos tendencias claramente en contradicción que he
intentado sirvieran para dar cierta profundidad al personaje.
La
figura del padre no sale muy bien  parada,  porque Casabona es todo
menos un padre ejemplar y el padre de Balmoral tampoco lo fue. ¿Es una
constante del siglo pasado estas  paternidades fracasadas debida a las
prioridades de valores que existían entonces entre los hombres o eran casos
particulares?
Es difícil establecer tipologías
generacionales, pero no hay duda de que en ciertos sectores acomodados, durante
los años sesenta y setenta del siglo pasado, hubo bastante gente que se lanzó a
un intenso disfrute de la vida que hizo tambalear no pocas estructuras
familiares. Estos años de desmadre los vivieron tanto hombres como mujeres,
aunque posiblemente los primeros los disfrutaron con más tranquilidad. En la
novela, Casabona es un padre al que se le han escapado los hijos, y Balmoral un
hijo que sigue buscando a su padre. En la reconstrucción de la personalidad del
empresario, Balmoral persigue en parte al progenitor que no ha podido tener.
Barcelona,
como en tus anteriores novelas, es casi otro “personaje” de la obra. ¿A qué se
debe tu interés en reflejarlo?
En mis dos novelas anteriores intenté
combinar la memoria familiar con la crónica urbana. En Una heredera de Barcelona recreaba la figura de mi abuelo Pablo,
abogado y periodista, con el fondo de las luchas armadas entre anarquistas y
pistoleros de la Patronal en la Barcelona de los años 20. En la segunda, Estaba el el aire, evocaba un programa
de radio de los años 60 que buscaba personas desaparecidas, Rinomicine le busca, en el que había
participado mi padre junto con el periodista de sucesos Enrique Rubio. Quería
recuperar la atmósfera de los años del desarrollismo y el “boom” de la
publicidad. En estos dos libros la documentación y el detalle me preocupaban
mucho. El informe Casabona comparte
con las dos anteriores una cierta visión del patriciado barcelonés, que es un
concepto más acotado que la consabida “burguesía catalana”; pero la narración
es más libre y menos deudora de las fuentes documentales.
-¿La
tía Mary es la que  viene a enseñar, entre otras cosas, lados menos
conocidos de la Guerra Civil española como fueron los desmanes  cometidos
en el lado republicano?
El episodio de la persecución religiosa en
la Cataluña de la Guerra Civil española fue muy duro y muy intenso. Yo quería
remontarme a la guerra civil para reflejar como se reestructuró el capitalismo
español en esos años y los inmediatamente posteriores. Pero también quería
mostrar un personaje que atravesara la guerra con integridad y sin perder sus
valores. La tía de Casabona se juega la vida ayudando a escapar a curas y
monjas, y su valentía tiene un efecto positivo sobre Alejandro Casabona, que
contrapesa el pragmatismo con ribetes de cinismo que ha recibido de otras
personas de la familia.
Cadáver de una monja en una calle de Barcelona durante la Guerra Civil
¿Tu
novela es también una fábula sobre el arte de enriquecerse o un canto de cisne
sobre un mundo desaparecido?
Más que sobre el arte de enriquecerse,
pretende ser una fábula sobre la ética empresarial. Sobre esa gama de
claroscuros a la que tienen que enfrentarse los hombres y mujeres de negocios
antes de trazar rayas rojas de conducta. 
Los mundos desaparecidos tienen encanto literario, y en mis novelas
tiendo a reflejarlos, pero no soy una persona nostálgica, al menos en exceso, y
espero que mis novelas no lo sean.
¿Por
qué ese papel de mecenazgo que ejerce Casabona y de interés por el arte, que
fue algo bastante común entre los empresarios catalanes del siglo pasado y
anterior, no lo fue en el resto de España?
Al interés de la burguesía catalana por el
arte (y al dinero que ganaron en las colonias americanas) se debe el esplendor
del modernismo, que es uno de los grandes momentos de Barcelona. La burguesía
catalana ha hecho cosas malas, pero hay que reconocerle que ésta la hizo
bastante bien. Actualmente existen en la ciudad varios museos y fundaciones que
muestran colecciones privadas de arte. Ese interés de una parte del mundo del
dinero por el mundo de la cultura sigue estando en el ambiente.
¿Qué
es lo más importante a la hora de escribir una novela: los persones, la trama o
la forma de construirla?

A mí lo que me preocupa en primer lugar es
encontrar una historia con un simbolismo lo bastante fuerte y que me interese
lo suficiente como para dedicarle dos o tres años de mi vida. A continuación hay
que dibujar una estructura que permita desplegar esa historia de una forma
original y lo más interesante posible para el lector. El dibujo de personajes y
atmósferas viene después, así como arroparlos mediante la documentación
adecuada. Al menos como propósito inicial, claro.
Sergio Vila-Sanjuán (Barcelona, 1957). Periodista y novelista. Ha estudiado la historia de la
edición española en Pasando página.
Autores y editores en la España democrática
(2003), El síndrome de Frankfurt (2007) y Código best seller (2011). Reunió una selección de sus artículos en
Crónicas culturales (2004). En el año
2010 publicó su primera novela Una heredera
de Barcelona
. En el 2013, con la segunda, Estaba en el aire, ganó el premio Nadal. Autor de la monografía Miquel
Barceló
(1984) comisarió las exposiciones Realismo de vanguardia (1997) y Realismo
en Cataluña
(1999). Coordina el suplemento Cultura/s del diario
La Vanguardia.