Esta semana traemos en la sección de fotos a un fotógrafo español, Alfonso Blanco, cuya intensa y apasionada relación con la fotografía supera ya los cincuenta años. Como él mismo explica:

«El primer regalo que pedí a mis padres que no fuera propiamente un juguete fue, precisamente, una cámara fotográfica. Con aquella Kodak Instamatic empezó la realización de una afición que me ha acompañado toda la vida.

Quizá tuvo que ver en ello el que mi madre había trabajado en un estudio fotográfico cerca de la madrileña Puerta del Sol, hoy desaparecido, los doce años previos a su unión con mi padre, y que él era muy aficionado a la fotografía familiar.

Fotografía y viaje, otra de mis pasiones, están unidos en mí casi desde siempre, al igual que ese conjunto vital se une a otra intensidad elegida e irrenunciable, la que me mantiene en relación permanente con el arte en casi todas sus facetas, incluida la fotográfica. Quizá por ello mi gran especialidad como fotógrafo ha sido el encuadre. Esa selección de la realidad que la convierte en algo muy pequeño y en algo lleno de posibilidades infinitas. Buscar un buen encuadre es como encontrar la mejor frase posible para expresar una sensación, un momento único o cotidiano, o una curiosa historia que conocemos o nos sucede.

La fotografía es parte de mi vida y le ha proporcionado un relieve que solo esa técnica con vocación de arte es capaz de desvelar».