Giulia Pompili se presenta así en el sitio web del periódico Foglio. “Nació el 4 de julio. Periodista del Foglio desde 2010, se ocupa de los sucesos que atraviesan el este de Asia, especialmente Japón y Corea, y también escribe periódicamente sobre China y sus relaciones con el resto del mundo. Tiene un boletín semanal llamado ‘Katane’. Es tercer dan de kendo” (https://www.ilfoglio.it/autori/giulia-pompili/index.html).  Toda la prensa italiana habló de ella cuando en 2019 estuvo en la sede de la presidencia italiana, el Quirinal, seguir la conferencia de prensa conjunta del presidente Mattarella y Xi Jinping visando Italia, y el jefe de la oficina de prensa Yang Han la amenazó en un pasillo. “Tienes que dejar de hablar mal de China”, la amonestó, negándose a darle un apretón de manos y luego advirtiéndola que no sacara un teléfono celular (https://www.ilfoglio.it/politica/2019/03/23/news/non-siamo-a-pechino-244900/).

Evidentemente, esa oficina de prensa está acostumbrada a otro tipo de contactos. Recientemente, justo cuando el primer ministro italiano Draghi discutía con Biden cómo contrarrestar la intrusión china y llamaba a China “una autocracia que no se adhiere a las reglas multilaterales”, Beppe Grillo visitó ostentosamente al embajador chino. Grillo es líder del partido populista Cinco Estrellas que sigue siendo el más fuerte en el Parlamento y que forma parte del gobierno. Y la misma embajada ha exaltado a Vito Petrocelli: otro dirigente de las Cinco Estrellas que es presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, y que ha dicho que considera la persecución de los uigures “un invento”.

En realidad, sin embargo, el principal interés de Giulia Pompili no es tanto “hablar mal de China”, sino desde el punto de vista del régimen de Beijing, algo probablemente incluso peor. De hecho, ella explica que el autoritarismo de Xi Jinping no es de ninguna manera un hecho cultural ineludible cuyo rechazo equivale a una falta de comprensión de la civilización asiática; y que por el contrario en el Este de Asia existen otros países cuya cultura es muy cercana a la de China, y que sin embargo han logrado combinar el desafío de reconciliar la libertad con el desarrollo y la democracia con la preservación de la propia identidad, permaneciendo “bajo el mismo cielo”.

 

Giulia Pompili

 

«Bajo el mismo cielo. Japón, Taiwán y Corea, los rivales de Pekín que están haciendo grande a Asia ”es precisamente el título de un libro de ella que acaba de salir y que pretende hablar de este otro Oriente https://cutt.ly/In9glft.  Otro Oriente que, mientras China después de exportar Covid está tratando de aprovechar la pandemia precisamente para exportar también su propio modelo de autoritarismo, en cambio dio un gran ejemplo de cómo se podría controlar la emergencia respetando al máximo las libertades individuales.

Es un viaje que comienza en Okinawa, una isla con una historia de identidad distinta del resto de Japón. Una identidad también alimentada por un largo período de ocupación estadounidense, luego de una feroz batalla durante la Segunda Guerra Mundial. Un nuevo campo de batalla posible cerca de Okinawa son las “islas de la discordia”. Cinco islotes y tres rocas para un total de 7 kilómetros cuadrados, que Japón llama Senkaku, China Diaoyu y Taiwán Diaoyutai. Hoy están deshabitados y técnicamente administrados por Japón. Pero son reclamados como parte de su territorio tanto por China como por Taiwán, de ahí una serie continua de escaramuzas que ocasionalmente llevan esta zona al centro de las noticias. Luego viene Japón, con su engorroso pasado. Corea del Sur, “entre el K-pop y las revoluciones”. Corea del Norte, “deja de ser un estado imposible”. Taiwán, “una isla que resiste” (en el título italiano hay un juego de palabras con “existe”). Y, por último, la “cuestión de la imagen” de todos estos países, entre las Olimpiadas y self branding.

Giulia Pompili también es una conocedora de la cultura japonesa por su práctica del antiguo arte marcial del kendo, el “camino de la espada”, heredero directo de las técnicas de esgrima samurái. Ha recorrido a lo largo y ancho todos los pueblos de los que habla y se enfrentó a sus habitantes. Relata de una chica coreana que una vez le confesó «Envidio tu estilo», y de otra que, por el contrario, se ve molesta cuando descubre que las occidentales no usan máscaras de belleza para la cara una vez al día. Nos cuenta las explicaciones sobre tifones dadas por un taxista; las de la Guerra de Corea de un veterano; la entrevista con un famoso exiliado norcoreano. Describe la experiencia gastronómica y cultural del okonomiyaki japonés y del kimchi coreano; la visita al santuario de Yasukuni; los jardines del emperador; la Casa Azul de Seúl; las protestas en la plaza Gwanghwamun; el Museo del Palacio Nacional en Taipei; la Zona Desmilitarizada «más militarizada del mundo» entre las dos Coreas y, su ideal opuesto, la fiesta nacional en la que en Taiwán no desfilan tanques ni vehículos blindados sino títeres y bailarines, vestuario escénico y carrozas festivas.

El desfile «no violento» en Taiwán es quizás el mayor símbolo de experiencias que también han pasado por terribles experiencias de autoritarismo y masacres. Pero luego encontraron la máxima garantía para su supervivencia en la capacidad de abastecer al mundo de toda una serie de productos de alto valor agregado que van desde frutas y carnes hasta microchips pasando por gabinetes tecnológicos, musica pop o series de TV. Pero cuyo valor más agregado de todos es la libertad.