Foto de Michael Kenna

 

Fallecido el cinco de mayo de  2023 en París, se publica ahora en Gallimard el último libro de Philippe Sollers bajo el título de La Deuxiéme Vie y el marchamo de novela: en realidad se trata de una serie de fragmentos aforísticos que no sobrepasan las sesenta páginas y que Sollers escribió en el hospital poco antes de morir tal y como se presenta en la edición, que Georgi Galabov y Sophie Zhang han ordenado y corregido. El libro se completa con un epílogo de Julia Kristeva, que fue mujer de Sollers en los años locos del estructuralismo de avant la lettre, cuando combinaban los análisis semióticos con la militancia maoísta.

En el epílogo, Julia Kristeva ofrece ciertas claves de la composición del libro: “ En este libro, la urgencia que asalta ha resuelto la virtualidad misma del texto en una casi- máximas del siglo clásico. Las palabras, cargadas de chispas, injurian; las ideas y los juicios concluyen, pero también, a la inversa, de pronto fustigan, feroz ironía o autoironía agri-dulce, el humor no está lejos. Entre la vida y la muerte, el lenguaje se clarifica en un signo hacia Eros” Aquí hay que atender a lo de las casi-máximas ya que,  en  efecto, en muchas ocasiones las frases adquieren esa categoría tan querida a los escritores franceses que toman el ejemplo de los moralistas casi siempre: los casos de André Gide y de Albert Camus son aquí pertinentes. En el caso de Philippe Sollers nos tendría que resultar previsible: “Amo los insomnios de las tres de la mañana, las más duras, las más inquietantes, las más luminosas. Es, de pronto,  con un sobresalto, escoger entre la vida y la muerte. Es necesario, deprisa, a pesar de sus heridas, acoger la vida, porque la muerte es demasiado larga y desesperadamente aburrida. La muerte esa una condena eterna al aburrimiento”. Aquí nos encontramos ante el más puro Sollers, al que le puede la ironía, el humor, porque sabe que sin esa actitud, la más adecuada para alejar fantasmas, el discurso quedaría truncado precisamente por su adscripción a la gravedad.

 

Philippe Sollers

 

Entonces, se dedica a definir por ciertas cualidades qué sea esto de la Segunda Vida. En realidad es una bella manera, muy de Sollers, de referirse a lo que hemos llamado la Posteridad, esa vía que tienen los escritores de instalar vías paralelas en el Tiempo.  Esta Segunda Vida tiene mucho que ver con la concepción católica de la que nunca renegó el escritor:  “Si creo en la Teología, tengo derecho, después de mi resurrección, a un Cuerpo Glorioso, del que conozco sus principales caracteres: impasibilidad, claridad, agilidad y sutileza. He trabajado mucho sobre la impasibilidad en mi primera vida, a causa de la enfermedad. La claridad me parecía natural, la agilidad es mi especialidad, la sutileza me permite atravesar sin esfuerzo todas las materias duras y candentes” De esta adscripción a todas las travesías que podemos hallar en la Biblia, Sollers puso sus ojos en Rimbaud, estamos en el territorio de las tres de la mañana, en Rimbaud, y gracias a él, dirige su atención a Eva, en una querencia de amor místico hacia este personaje enigmático  a quién llama su hermana para centrar su atención en Picasso, figura central en la obra de Sollers:  “Todo el odio del puritanismo se desencadenó contra este español que destruía la pintura con su enorme potencia en lugar de adaptarse a los tópicos democráticos”. El recuerdo de Venecia le puede entonces para, tenía que hacerlo, referirse a su adscripción maoísta del pasado: “En tu Primera Vida, habéis defendido tal o cual peripecia política. Incluso si era una locura, no os arrepintáis. No os arrepintáis jamás de una locura viva. Es digna de ser archivada”

Del maoísmo a Houellebecq, descrito como un muñeco agonizante en el Espectáculo, destinado a ser olvidado. Ya al final, cuando todo aparece sombrío, Sollers, de pronto cita, sin nombrarlo, “ al más grande pensador de nuestro tiempo”. Es cuando sobreviene la presencia de la Nada… Sollers nos deja, así, con nuestra mirada dirigida hacia Martin Heidegger: “Es necesario experimentar la Nada, a fin de escapar de la Potencia” El libro finaliza con una frase que semeja una visión mística: “Si la Nada se encuentra aquí, está aquí, a punto de ver el mundo iluminado por un sol negro”   

El último libro de Sollers retoma ciertas actitudes del Pasado para llegar a entrever una especie de mística moderna, ahí donde se unen los moralistas del XVII con Rimbaud, Picasso y Heidegger… y Sade, siempre Sade, del que cita Juliette: “El presente me electriza, el porvenir me da miedo”

Sollers, nuestro autor cómplice, nuestro hermano.

 

 

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