«Die Weltbühne». Seminario de política, arte y economía. Prólogo, selección y notas de Francisco Uzcanga Meinecke, Acantilado, 2026.
Kurt Tucholsky y Carl von Ossietzky
De la Alemania de la República de Weimar, entre 1919 y 1933, es un tópico decir que constituye un tema inagotable para cualquier estudioso de (casi) cualquier cosa: cine, pintura, literatura, historia de las ideas o lo que encarte. Aquello fue un verdadero estallido de creatividad, sí. Y sucede que hubo una revista, Die Weltbühne (literalmente, La escena mundial), donde se publicaron artículos -desde sesgos ideológicos muy diversos: no era uno de los típicos panfletos que en esta época de polarización tanto abundan- sobre todo ello. Francisco Uzcanga Meinecke ha tenido la buenísima idea de seleccionar y traducir al español casi cien de sus artículos, entre cuyos autores estaba lo mejor de cada casa. Por ejemplo, y por riguroso orden cronológico -el que se sigue en el libro- un Thomas Mann, Sobre la problemática de los hijos de la naturaleza, 6 de octubre de 1921; un Emil Ludwig, Borrador para un manifiesto, 9 de agosto de 1923; un Alfred Döblin, Vacaciones en Francia, 19 de octubre de 1926; un Lion Feuchtwanger, Bertolt Brecht (presentado al público inglés), 4 de septiembre de 1928; un Arthur Koestler, Crimen en Palestina, 10 de septiembre de 1929; o un Ernst Toller, La oportunidad de los negros, 2 de septiembre de 1930. Y eso sin contar las colaboraciones firmadas por los propios editores de la revista, Carl von Ossietzky y Kurt Tucholsky.
El libro no tiene desperdicio. Muy bien, una vez más, Uzcanga Meinecke, que está contribuyendo a que Alemania, la tierra de su madre y donde él vive, sea cada vez mejor conocida en España, de donde era su padre. De San Sebastián: no hay sitio mejor.
¿Qué nos encontramos en esos artículos de hace casi un siglo? ¿Sobre qué materia versaron? La respuesta consiste en decir que lo difícil sería encontrar algo que haya quedado al margen, porque en efecto en Weimar, como en botica, había de todo. Y casi siempre muy bueno.

En cine, para empezar por ahí, nos encontramos con crónicas sobre El gabinete del Doctor Caligari, la película -todavía muda- de 1920, en la que un hipnotista manipula a un sonámbulo para cometer asesinatos, donde se intenta denunciar lo irracional que puede ser la autoridad. O también -no podía faltar- sobre la legendaria El ángel azul, ya de 1930 (diez años que en el celuloide fueron como varios siglos), basada en la novela de 1905 El profesor Unrat, de Heinrich Mann (el hermano de Thomas) y protagonizada, en el papel de Lola Lola, por Marlene Dietrich, que cantaba eso tan famoso de Ich bin von kopf bis fuss anf liebe eingestellt, es decir, desde la cabeza a los pies estoy hecha para el amor. Una verdadera gozada.
Si Weimar dio lugar a esas películas tan extraordinarias, qué no decir de literatura. Y también aquí muchas de las novedades se recogieron en esta revista. Aparte de lo más notorio, como La montaña mágica o Berlín Alexanderplatz, nos topamos con artículos sobre Kafka, sobre Rilke, o, en fin, sobre la versión cinematográfica de Sin novedad en el frente de Erich María Remarcke, también de 1930.

Carl von Ossietzky obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1935 estando internado en el campo de concentración de Esterwegen por el régimen nazi
No faltaron trabajos sobre temas de Derecho, empezando por los que postulaban la derogación de los delitos de homosexualidad, de prostitución o de aborto, así como la abolición de la pena de muerte. Y, en el plano internacional, recuérdense los Tratados de Rapallo (1922: el firmado con la Unión Soviética por Walter Rathenau que le costó literalmente la vida) o de Locarno en 1925. La interrupción del embarazo es precisamente el título de un artículo de 7 de octubre de 1920 de Robert Kempner, del que hay que recordar que luego participó en el enjuiciamiento de Hitler tras el putsch de la cervecería de Munich y que en 1945, ya con nacionalidad norteamericana, se desempeñó como acusador en el juicio de Nuremberg.
Y eso por no hablar de pintura, con el Expresionismo y la Nueva Objetividad (con George Grosz siendo objeto de un trabajo monográfico el 10 de febrero de 1921). O de la Banhaus, ya tras su traslado a Dessau (31 de mayo de 1927, firmado por cierto por Rudolf Arnheim, que se dice pronto).
España no habría podido estar ausente en la revista. Se recoge, por ejemplo, un artículo de 4 de noviembre de 1924 firmado (con pseudónimo) por el citado Kurt Tucholsky con el título de Unamuno habla, acerca del homenaje que al ex-Rector de Salamanca (cargo que había desempeñado hasta 1914 y que en 1931 iba a recuperar), desterrado por Primo de Rivera, se le había dispensado en un teatro en París. También merece cita el artículo La República española, de Hanns-Erich Kaminiski, de 28 de abril de 1931: la fecha lo explica todo.

Un cabaré berlinés durante la República de Weimar
Ni que decir tiene que, no tratándose en exclusiva de una publicación cultural, no faltan artículos sobre la política alemana de esos catorce años, empezando por los relativos a los inicios, en los primeros meses de 1919, cuando tanto Berlín como en Munich, con los Consejos de estirpe soviética, se vivía un ambiente de guerra civil con una violencia de extraordinaria gravedad, asesinatos de los espartaquistas incluidos.
La lista de temas de los artículos de la revista que se han visto seleccionados es, en efecto, tan inagotable como todo lo que proviene de Weimar. Ahora basta con volver a Uzcanga Meinecke y agradecerle la presentación -sintética pero muy expresiva- que se ha tomado la molestia de hacer para cada uno de los casi cien trabajos y por las notas a pie de página que ha puesto a muchos de ellos.

