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Sayuri Ichida, fotografiar la ausencia

Sayuri Ichida, fotografiar la ausencia

 

 

 

 

La fotografía de Sayuri Ichida se articula en torno a la memoria, la pérdida y los vínculos familiares. Sus imágenes parten de experiencias personales, pero no se limitan a ilustrarlas. La artista construye escenas en las que el paisaje, el cuerpo y los objetos adquieren una función narrativa, aunque su significado no siempre resulte evidente. Más que documentar una realidad, Ichida trabaja con sus fragmentos para explorar lo que permanece de una relación cuando la ausencia pasa a formar parte de ella.

Fotógrafa japonesa afincada en el Reino Unido, Ichida comenzó su trayectoria en el ámbito comercial. Tras graduarse en el Tokyo Visual Arts College en 2006, trabajó en Tokio y Nueva York, donde desarrolló una práctica vinculada a los encargos y a las exigencias profesionales del medio. En 2016 decidió abandonar ese circuito para centrarse en la fotografía artística. Posteriormente cursó un máster en «Photography Arts en la Universidad de Westminster», que completó en 2021 con la calificación de matrícula de honor.

Ese mismo año de su transición profesional, en 2016, recibió el Japan Photo Award por «Deja Vu», una serie de casas inspirada en el recuerdo de la casa de muñecas de su infancia. El proyecto anticipaba algunos de los intereses que atraviesan su trabajo posterior, especialmente la relación entre los espacios domésticos y la construcción de la memoria. En sus imágenes, la casa no funciona únicamente como escenario, sino como una representación de los mecanismos con los que reconstruimos el pasado. La miniatura introduce, además, una distancia significativa entre la experiencia recordada y su representación, reduciendo el espacio a una escala que permite controlarlo, pero también pone de manifiesto su carácter artificial.

Más adelante desarrolló Mayu, una serie que toma su nombre de una bailarina de ballet japonesa y que fue seleccionada para exposiciones colectivas en el Unseen Photo Festival de Ámsterdam, Photo Saint Germain en París, la IMA Gallery de Tokio y el Asama International Photo Festival de Nagano. También presentó su trabajo sobre el apartamento parisino de Gabrielle Chanel en la IMA Gallery, dentro de la exposición Mademoiselle privé de Chanel en Tokio. En 2019 fue seleccionada para participar en Today is, una muestra dedicada a nuevas generaciones de fotógrafos vinculados al legado de Daido Moriyama. Estas exposiciones sitúan su obra en un contexto internacional, aunque su principal interés no reside tanto en la tradición fotográfica a la que pueda asociarse como en la manera de abordar la experiencia íntima mediante una puesta en escena cuidadosamente construida.

En 2021 publicó de forma independiente Absentee, cuya edición comercial apareció en septiembre de 2022, de la mano de IBASHO y the(M) éditions. El libro reúne buena parte de las preocupaciones centrales de su práctica y plantea la ausencia como un problema de representación. ¿Cómo fotografiar aquello que ya no está? Ichida no intenta resolver la cuestión mediante imágenes documentales ni reconstrucciones literales. Su estrategia consiste en trabajar con las huellas que deja la pérdida y con los objetos, lugares y relaciones que permiten aproximarse a ella.

La serie que presentamos en estas páginas continúa esa investigación a través de la relación entre la artista y su hermana. Tras la muerte de su madre durante la adolescencia, ambas fueron construyendo una relación cuya evolución se convirtió en el eje del proyecto. Fotografiar a su hermana le permitió observar ese vínculo y registrar sus transformaciones. El trabajo se sitúa así entre el retrato y la exploración autobiográfica, sin que ninguno de los dos géneros llegue a imponerse por completo.

Las imágenes evitan la exposición directa del dolor. En lugar de recurrir a gestos explícitos o a situaciones reconocibles de duelo, Ichida introduce a su hermana en composiciones donde el cuerpo comparte protagonismo con el entorno y con elementos naturales o escultóricos. Esta elección desplaza la atención desde la expresión individual hacia la relación entre las figuras y el espacio. El procedimiento tiene una ventaja evidente, ya que evita convertir la experiencia familiar en una narración sentimental cerrada. También plantea un límite. Al mantener las emociones bajo un control formal tan estricto, algunas imágenes corren el riesgo de quedar atrapadas en una estética de la melancolía, en la que la belleza de la composición puede imponerse sobre la singularidad de la experiencia que la origina.

El paisaje de Niigata, la región japonesa donde nació Ichida y conocida por sus intensas nevadas, desempeña un papel central. La nieve remite a la memoria por su capacidad para cubrir, alterar y transformar la percepción de un lugar. La artista ha explicado que la entiende como una metáfora visual del recuerdo, siempre cambiante y parcialmente oculto. Sin embargo, su función no se agota en esa correspondencia simbólica. La nieve modifica las condiciones de visibilidad, reduce las referencias espaciales y altera la relación entre el cuerpo y el entorno. De este modo, el paisaje interviene activamente en la construcción de las imágenes, en lugar de limitarse a proporcionarles una atmósfera determinada.

La materialidad de las copias constituye otro de los elementos decisivos del proyecto. Ichida realiza cada impresión a mano mediante una combinación de pigmentos de archivo y la técnica del fotograbado de fotopolímero, sobre papeles japoneses washi. El resultado combina la profundidad tonal del grabado con la intensidad cromática de los pigmentos y la textura de la fibra del papel. No se trata únicamente de una elección técnica. La impresión introduce una dimensión física que contrasta con la naturaleza reproducible de la fotografía y obliga a considerar cada imagen también como un objeto.

Este proceso requiere tiempo y un grado de intervención manual que se opone a la circulación rápida de las imágenes digitales. No obstante, el valor del procedimiento no debería darse por sentado. La elaboración artesanal puede reforzar la relación entre la forma y el contenido, pero también corre el riesgo de convertirse en un recurso estético autónomo. En el trabajo de Ichida, la cuestión está en determinar hasta qué punto la riqueza de las superficies contribuye a pensar la memoria y la pérdida, y cuándo empieza a funcionar como un atractivo visual independiente de ellas.

La obra de Sayuri Ichida encuentra su principal interés en esa tensión entre experiencia personal y construcción formal. Sus fotografías no ofrecen una explicación definitiva de la relación entre las hermanas ni pretenden convertir el duelo en una historia de superación. En su lugar, muestran cómo un vínculo puede cambiar con el tiempo y cómo la fotografía permite examinar ese proceso sin agotarlo. Su aproximación es deliberadamente indirecta y depende de la interacción entre retrato, paisaje, composición y técnica de impresión. Es ahí, en la distancia entre lo vivido y lo representado, donde el proyecto adquiere su sentido y donde también quedan expuestos sus límites.

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el autor

MALCOLM LARDER

Malcolm Larder estudió en el Department of Design Media Arts (DMA) de la University of California (UCLA), en Los Angeles. Trabaja en la industria tecnológica en Seattle, una ciudad de hombres antisociales engreídos y mujeres independientes con mucho carácter

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