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«Los viajes secretos», de David Lorente Fernández. Editorial Cántico. Córdoba, 2025

«Los viajes secretos», de David Lorente Fernández. Editorial Cántico. Córdoba, 2025

Los naturalistas Humboldt y Aimé Bonplant en la selva amazónica, con sus materiales de estudio. Óleo por Eduard Ender, hacia 1850.

 

A quienes buscan más allá de la certidumbre

 

Hace cinco años tropecé en Cuadernos Hispanoamericanos con un artículo de David Lorente titulado Escribir como Humboldt. Me llamó la atención el tema y también el enfoque. Desde el primer párrafo tuve la sospecha de que al autor le atañían muy directamente las reflexiones del sabio alemán sobre las dificultades de la escritura que se proponía llevar a cabo. Humboldt realizó su trabajo de investigación en entornos naturales sumamente difíciles de describir, que le obligaron a integrar la observación objetiva de una realidad complejísima y la fuerte descarga emocional que desencadena su contemplación. Lo que ocurre en esos lugares, y no digamos lo que sus gentes cree que ocurre, resulta en no pocos casos chocante para la lógica occidental e inexpresable para nuestras lenguas. Y no son los únicos problemas con que se encuentra el investigador que llega allí, pues: ¿cómo retener tales impresiones sin desvirtuarlas hasta el momento de ponerlas por escrito?

Humboldt consiguió captar la complejidad del Nuevo Mundo en su Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente, un libro por el que Lorente muestra gran admiración.Yo no lo he leído, aunque intuyo que ha debido influir profundamente en Los viajes secretos, la  obra que vamos a reseñar aquí. Más aún, sospecho que el autor estaba escribiéndola cuando se le ocurrió el artículo, porque todos sus retos, todos sus problemas, resurgen de alguna manera en ella.

 

COMPRAR LIBRO

 

Los viajes secretos, como se anuncia en la cubierta, es un libro de relatos. El autor, que es antropólogo, conoce América, ha estudiado las culturas indígenas y está familiarizado con las leyendas y los mitos que esas culturas han producido y en los que todavía se cree, pero el fin de su libro no es ofrecer una visión científica de todo ello. Al contrario, ha  querido aproximarse a ese mundo, o mejor, evocarlo, no como experto etnógrafo, sino como literato dispuesto a narrar sin prejuicios algunas experiencias propias desconcertantes para la mentalidad dominante en nuestros días.

Es lo que dice también el subtítulo: estos relatos son fruto de una “experiencia de descubrimiento por esos otros mundos que están en este”. Toda una declaración de principios. Que hay otros mundos, pero que están en este, lo sabemos desde que lo dijo Eluard, Yeats o Valery (vaya usted a saber). Lorente ilumina la frase recordando algo decisivo: que esos otros mundos están ahí solamente para “quien sabe ver tras lo evidente”, o expresado de otra manera, para quien no está dispuesto a quedarse sólo con lo evidente.

 

Vista aérea del Orinoco

 

El pensamiento moderno nació recomendando quedarse ahí, en lo evidente, el mundo cartesiano de lo claro y distinto, de la objetividad científica. Desde entonces, cualquier intento de ir más allá se considera delirante, un extravío sospechoso. El problema actual de la ciencia, ya convertida en todopoderosa y peligrosísima tecnociencia, es que copa y monopoliza de tal manera la realidad que fuera de sus teorías todo es error, mito, superstición, ficción. Lorente, que lo sabe y tiene sus dudas, dedica por eso su obra “a quienes buscan más allá de la certidumbre”. Yo abrí mi libro La musa política con una cita de Godard que va en esa línea: “Cuando la novela haya muerto, la sociedad tecnológica nos dominará por completo”. Se trata de lo mismo: intentar saltar fuera de la red que cada día nos aprieta más (y ya veremos si no se rompe y nos lleva a todos por delante) a fin de comprender que el mundo es mucho más que este mundo.

Y eso es lo que encontramos en forma de “ficción realista” en los relatos de Los viajes secretos de Lorente: palmeras que en su origen fueron un inmenso pulpo, olas que son las innumerables bocas de un gigantesco ser amenazante, espíritus que se manifiestan a través de las burbujas de un rio, músicas que ahuyentan tempestades, sirenas que comen peces y arrastran a los hombres hasta sus frenéticas moradas subacuáticas (la pintura de Burne-Jones que ilustra la cubierta, Una ninfa del mar, guarda relación con un relato de la tercera parte titulado Sirenas), en suma, un mundo donde las fronteras entre la realidad y la ficción han desaparecido hasta el punto de que ni siquiera tiene sentido hacer esa distinción porque esa es, en buena medida, la naturaleza de lo selvático que en ellos se quiere recoger.

 

Humanitas, Literæ, Fruges. umanitas, Literæ, Fruges Grabado en cobre. Frontispicio, en: A. de Humboldt: Atlas géographique et physique du Nouveau Continent […], Paris, 1814 -1834 Universidad Iberoamericana, México D.F. Foto: Agustín Estrada

 

 

Sobre el autor

JOSÉ MARÍA HERRERA

José María Herrera (Ronda, 1961) es escritor. Sus últimos libros son Los archivos de Alvise Contarini (Frontera D), El telar de Penélope (Tréveris) y La tumba de Dios: (y otras tumbas vacías)

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