El infierno de Dante, entre la oscuridad de Doré y el mundo de Rauschenberg
Infierno, Canto 31: Efialtes (Ephialte) encadenado entre los gigantes, ilustración de La Divina Comedia de Dante Alighieri, 1885 (grabado coloreado digitalmente). Infierno, Canto 31: Efialtes (Ephialte) encadenado entre los gigantes, ilustración de La Divina Comedia de Dante Alighieri, 1885 (grabado coloreado digitalmente) Gustavo Doré
El Infierno de Dante Alighieri (1265-1321) es la primera parte de la Divina comedia y con sus círculos, condenados, monstruos, castigos y paisajes forma parte de una memoria visual que no pertenece sólo a la literatura. La Fundación Canal presenta en Madrid una exposición que permite comprobar hasta qué punto esa permanencia depende también de quienes han vuelto a imaginar el mundo de Dante. «El infierno de Dante. Doré y Rauschenberg,» podrá visitarse del 7 de octubre de 2026 al 5 de enero de 2027, y reúne por primera vez las series completas que Gustave Doré y Robert Rauschenberg dedicaron al Infierno. Son 111 piezas realizadas con casi un siglo de distancia y, sobre todo, desde dos maneras radicalmente diferentes de entender la imagen.
Cuando Gustave Doré (1832-1883) se enfrenta a Dante, en el siglo XIX, el poema tiene ya más de quinientos años. Sin embargo, sus ilustraciones proporcionarán al lector moderno una imagen casi definitiva del Infierno. El libro se publicó en París en 1861. Las ilustraciones fueron realizadas a partir de los dibujos de Doré y trasladadas al taco de madera por diferentes grabadores. El British Museum conserva la primera edición y documenta 75 grabados a toda página en el primer volumen; otras fuentes y la propia exposición de la Fundación Canal contabilizan 76 xilografías en la serie presentada ahora en Madrid.
Doré comprendió que Dante necesitaba una escala monumental. Sus personajes aparecen muchas veces empequeñecidos ante precipicios, montañas, abismos y espacios cuya profundidad parece no terminar nunca. La oscuridad ocupa una parte esencial de esas imágenes. El blanco sirve para recortar cuerpos, rostros y paisajes contra grandes masas negras, creando una atmósfera en la que el infierno parece tanto un lugar físico como un estado de conciencia.
No es casual que muchas de estas imágenes hayan terminado siendo más conocidas que el propio texto que ilustraban. Doré convirtió a Dante en un imaginario visual. El bosque oscuro, Caronte, Minos, los círculos infernales, los gigantes o Lucifer adquirieron en sus grabados una apariencia que todavía hoy asociamos espontáneamente con el poema.

Canto XVIII: Octavo círculo, Malebolge, Las zanjas del mal, Los fraudulentos y maliciosos: Bolgia 1, Los proxenetas y seductores; Bolgia 2, Los aduladores, de la serie «Treinta y cuatro ilustraciones para el Infierno de Dante» The Museum of Modern Art, New York
En cambio, Robert Rauschenberg (1925-2008) se acerca a Dante en un momento completamente diferente. Entre 1958 y 1960 trabaja durante aproximadamente dos años y medio en una serie de composiciones correspondientes a los 34 cantos del Inferno. Para ello utiliza la traducción inglesa de John Ciardi con la ayuda del especialista en Dante, Michael Sonnabend.
La distancia con Doré no podría ser mayor. Rauschenberg no pretende construir un infierno medieval. Introduce en el poema el mundo que vive. Toma fotografías procedentes de revistas y periódicos, imágenes de personajes públicos, fragmentos de la cultura popular, dibujos, acuarelas y transferencias realizadas mediante disolventes. Incluso incorporó a sus composiciones figuras populares como John F. Kennedy y Adlai Stevenson, introduciendo así un contexto contemporáneo en el poema medieval.
Es una operación decisiva. El infierno ya no necesita monstruos para resultar inquietante. Puede encontrarse en las imágenes de la prensa, en la política, en la sociedad de masas, en la violencia cotidiana o en la acumulación indiscriminada de fotografías que caracteriza la cultura visual del siglo XX. Rauschenberg convierte así a Dante en una especie de espejo de su propio presente.
La comparación entre ambos artistas es lo que proporciona a la exposición su interés. Doré representa un mundo cerrado y vertical. Su Dante desciende hacia las profundidades de una arquitectura cósmica perfectamente organizada. Hay una sensación de destino. Cada círculo tiene su lugar, cada pecado su castigo y cada condenado su espacio.

La visión del infierno (Inferno), Gustave Doré, Hélidore-Joseph Pisan, no. 55, Canto XXVI,
Rauschenberg rompe esa claridad. Sus imágenes están construidas mediante fragmentos. El espectador tiene que reconstruir relaciones entre fotografías, manchas, dibujos y referencias que pertenecen a épocas diferentes.
Doré pertenece a una cultura todavía fascinada por la literatura, la historia y lo romántico. Rauschenberg trabaja cuando la fotografía y los medios de comunicación han transformado definitivamente la experiencia visual. En sus composiciones, la realidad llega al espectador ya convertida en imágenes.
Pero Dante no escribió un infierno abstracto, ya que su poema está lleno de personajes históricos, políticos, contemporáneos y mitológicos. El poeta coloca en sus círculos a personas y figuras que forman parte de su propio universo y convierte el viaje de Dante y Virgilio en una reflexión sobre la conducta humana, el poder, la violencia, el fraude y la traición.
Por eso Rauschenberg puede regresar al Inferno siete siglos después sin convertirlo en una pieza arqueológica. El artista norteamericano comprende que Dante había hablado de su propio tiempo utilizando una estructura imaginaria capaz de sobrevivirlo.

Canto XXX: Círculo Ocho, Bolgia 10, Los Falsificadores: Los Malvados Impostores, Falsificadores y Falsos Testigos. Robert Rauschenberg. MOMA
La imagen del canto XXXI que forma parte de la presentación de la exposición resulta especialmente significativa. Dante y Virgilio llegan ante los gigantes que rodean el pozo central de Malebolge, en el octavo círculo. En el poema, ese espacio está dedicado al fraude y dividido en diez fosas. Es uno de los lugares en los que la arquitectura moral del Infierno alcanza mayor complejidad.
Rauschenberg no necesita reproducir literalmente aquel escenario. Le interesa el procedimiento de Dante de construir una estructura capaz de ordenar las contradicciones del mundo.
El visitante que recorra la exposición podrá seguir los nueve círculos del Infierno. Desde el Limbo hasta el lago de hielo de Cocito, donde Dante sitúa a los traidores, con Lucifer inmóvil en el centro. En el fondo, también es un viaje que va desde el siglo XIV hasta el XIX y desde allí hasta el XX. Cada época cambia sus monstruos, sus miedos y sus formas de violencia, pero sigue necesitando imágenes para representarlos.

El infierno de Dante. Doré y Rauschenberg
Fundación Canal, Sala Mateo Inurria 2, Madrid.
Del 7 de octubre de 2026 al 5 de enero de 2027. Entrada gratuita
