«Miradas cruzadas. A través del estrecho de Gibraltar» de Alberto Masegosa y Mohamed Siali. Tirant Humanidades, 2026
Miles de jóvenes marroquíes llegan el 30 de julio pasado a la frontera entre Castillejos (Marruecos) y Ceuta para tratar de cruzar la valla que separa las dos ciudades. EFE/Mohamed Siali
Partiendo de la base de que la culpa de todo la tiene Hércules, por provocar la conmoción telúrica que separó dos continentes, Europa y África, cuyas legendarias columnas marcaron la proeza, «Miradas cruzadas. A través del estrecho de Gibraltar» (Tirant Humanidades, 2026) recorre las dos orillas del Mediterráneo siguiendo la compleja historia de encuentros y desencuentros entre dos países vecinos: Marruecos y España, unidos por un mar traicionero.
Un elemento fundamental de alejamiento es el factor religioso. España, enraizada en el cristianismo, ha evolucionado hacia un importante laicismo político y social; Marruecos, por el contrario, es un país profundamente musulmán, con un sistema político fuertemente centralizado en el rey, que ostenta además una autoridad religiosa determinante.
Ambos países han seguido sus propios procesos históricos, tomando direcciones necesariamente divergentes. A pesar de ello, permanecen como dos imanes distantes que ejercen una atracción mutua, fruto quizá de algo tan elemental como el aire que respiran.
Miradas cruzadas es una muestra de la voluntad de diálogo y entendimiento desde lugares supuestamente opuestos. Sus páginas exponen las estrategias de poder y las circunstancias políticas, externas e internas, que llevan a tomar decisiones sobre los pueblos y, finalmente, sobre la vida de las personas.

A través de las miradas de dos periodistas de la Agencia EFE fajados en el campo de batalla, Alberto Masegosa y Mohamed Siali, asistimos al transcurso histórico de dos naciones intensamente unidas durante siglos y sometidas, al mismo tiempo, a una tensión siempre susceptible de echar chispas.
Desde la orilla europea del Estrecho, Alberto Masegosa nos narra, con mirada española, el devenir de unas relaciones más que controvertidas, en las que España puede mostrarse hermana fiel de Marruecos en unas ocasiones y cainita en otras.
Mohamed Siali ilumina la perspectiva de la otra orilla desde la «Muralla de los Vagos», donde, en cada atardecer, se contempla el mar y, al fondo, se vislumbra España asomando por la Punta de Tarifa. Siali nos lleva hasta Tarif ibn Malik y las primeras incursiones que precedieron a la conquista musulmana de la península y al nacimiento de Al-Ándalus.
Desde la sorpresa de que íberos y bereberes pertenecieran a un mismo tronco étnico, pasamos a la España musulmana, donde el intercambio económico, social y cultural enriqueció buena parte de la península y convirtió a Córdoba en un faro de la civilización.

Franco sale del Ayuntamiento de Sevilla ante los honores de la Guardia Mora en abril de 1937
Al-Ándalus termina con la Reconquista y con la posterior expulsión de judíos y moriscos. Desde el lugar de los expulsados, Siali muestra cómo pervive en Marruecos la imagen de Al-Ándalus como «el paraíso perdido», una tragedia cuya huella continúa anclada en la memoria colectiva. Es una de esas heridas históricas que, aunque parezcan cicatrizadas, conservan la capacidad de volver a sangrar.
Los siglos XIX y XX traen nuevos enfrentamientos. La guerra de África, durante el reinado de Isabel II y bajo el gobierno de O’Donnell, culmina con la toma de Tetuán. Masegosa recuerda que sus cañones de bronce fueron fundidos para moldear los leones que custodian el Palacio de las Cortes.
Más tarde, la aventura colonial española desemboca en la guerra del Rif y en el dramático Desastre de Annual, con más de diez mil muertos en las filas españolas. El desembarco de Alhucemas resultará decisivo para derrotar a Abd el-Krim, enemigo para los españoles y figura heroica de resistencia para muchos marroquíes. En la memoria rifeña permanece también el empleo de armas químicas, incluido el gas mostaza, por parte de España durante aquella guerra.
Franco tuvo una intensa y favorable relación con Marruecos desde su formación militar, relación que resultaría decisiva en la Guerra Civil española. Entre sesenta y cien mil marroquíes participaron en el bando sublevado y formaban parte del Ejército español desplegado en el norte de África. Mohamed Siali nos explica qué es la baraka: una suerte de protección divina derramada sobre los hombres llamados a cumplir una misión. Las fuerzas regulares rifeñas atribuían ese don a Franco. Este correspondió a la ayuda prestada con grandes dosis de reconocimiento y gratitud, y una parte mínima de esta fuerza formó parte de su escolta después de la Guerra.

La marcha Verde marroquí, 1975
La Marcha Verde hacia el Sáhara Occidental, protagonizada por miles de marroquíes con el Corán en la mano mientras agonizaba el dictador español, supuso una demostración de fuerza pacífica que llevó a la cesión de parte del territorio del Sáhara. Parece ser que Hassan II pensaba que era la mejor decisión que había tomado durante su reinado: Más allá de la restitución del orgullo herido, Marruecos amplió fronteras e impidió que Argelia, tuviera acceso al mar.
Durante la democracia, con los gobiernos de Felipe González, se desarrolla la política del «colchón de intereses» consistente en tejer una red de vínculos económicos, políticos y sociales suficientemente sólida para limar distancias.
El colchón, sin embargo, no siempre resulta suficiente.
En 2002, durante el gobierno de José María Aznar, la ocupación marroquí del islote de Perejil provoca una grave crisis y la posterior intervención militar española. Una afrenta para España, una demostración para Rabat.

Mujeres del Frente Polisario
La cuestión del Sáhara Occidental, a pesar de la retirada española en 1975 dejó pendiente el proceso de descolonización y abrió un conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario, que reclama la autodeterminación del pueblo saharaui y defiende la independencia del territorio. Décadas después, el conflicto continúa sin una solución definitiva.
Un nuevo giro se produce en 2022, cuando Pedro Sánchez dirige una carta al rey Mohamed VI en la que considera la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara «la base más seria, creíble y realista» para resolver el conflicto. Se abre así una nueva etapa en las relaciones bilaterales, con la pretensión de reforzar la estabilidad y la cooperación entre ambos países.
En ningún momento deja de haber asuntos que mantienen en permanente negociación a ambos países. Marruecos reivindica Ceuta y Melilla, mientras España sostiene la plena soberanía española sobre ambas ciudades. Y la inmigración ha adquirido un peso creciente: Marruecos es país de origen y tránsito de los flujos migratorios hacia España y Europa, lo que convierte el control fronterizo en un instrumento fundamental de cooperación, pero también de presión y conflicto.
Guerras, migraciones, heridas históricas, intereses económicos, reivindicaciones territoriales y acuerdos políticos han forjado una relación tan fuerte como compleja. Este mosaico está desplegado y explicado desde ambos lados del conflicto, por un periodista español y otro marroquí, donde la vehemencia de la documentación y la investigación están acompañadas por la sensibilidad que señala las consecuencias humanas de las jugadas del poder.
En el libro nos cuentan también que existe un sueño muy pensado y trabajado, pero poco materializado: la idea de unir las dos orillas a través de puentes o túneles, obras de ingeniería de gran envergadura que podemos entender como expresión de ese intento, casi hercúleo, de facilitar la comunicación.

Recreación virtual del proyecto de túnel entre España y Marruecos. | SNED
