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Hans Withoos, la belleza y la pérdida

Hans Withoos, la belleza y la pérdida

 

 

Hans Withoos

 

Hay algo deliberadamente anacrónico en las imágenes de Hans Withoos, artista y fotógrafo neerlandés nacido en Son en Breugel en 1962. Frente a buena parte de la fotografía contemporánea, ligada al instante, al documento o a la observación de lo cotidiano, Withoos construye escenas cuidadosamente elaboradas en las que flores, cuerpos, animales, paisajes y objetos parecen pertenecer a un tiempo suspendido. Sus imágenes no registran lo que existe mas bien proponen lo que podría ser.

Formado en diseño textil y fotografía en la Academy of Visual Arts de Tilburg, Withoos vive y trabaja en Rotterdam desde 1990. Lleva más de treinta y cinco años dedicado a la fotografía y ha presentado su obra internacionalmente. Pero para comprenderla hay que mirar también hacia el pasado. Su lejano antepasado Mathias Withoos (1627-1703) fue un pintor del siglo XVII vinculado a la tradición de los bodegones, los paisajes urbanos y las composiciones alegóricas. De ese parentesco surge Withoos meets Withoos, una serie en la que la historia del arte se convierte en materia viva.

Hans Withoos no reproduce los cuadros de Mathias, sino que establece con ellos una conversación. Recupera sus flores y paisajes y los introduce en nuevas composiciones donde aparecen modelos contemporáneos, mariposas y pájaros. Las imágenes de ambos artistas se encuentran así separadas por varios siglos, pero unidas por una misma atención al detalle, la abundancia y la potencia simbólica de los elementos naturales.

La operación resulta especialmente interesante porque Withoos no aborda la tradición desde la nostalgia. La pintura del siglo XVII funciona como punto de partida para una interpretación contemporánea. El barroco neerlandés, con su gusto por la exuberancia y su conciencia de la fugacidad, encuentra en sus fotografías una nueva dimensión. Las flores dejan de ser únicamente flores; los animales y los objetos adquieren una presencia que oscila entre lo decorativo y lo simbólico.

En este sentido, tulipanes, limones, mariposas, pájaros, miel o agua desempeñan un papel fundamental. Son elementos asociados a una larga tradición de significados, pero Withoos no parece querer encerrarlos en una lectura única. Una flor puede sugerir la fugacidad de la belleza; un limón, un amor amargo; el agua, el territorio cambiante de la imaginación. El espectador reconoce las referencias, pero debe completar el relato.

La narración es, de hecho, uno de los motores de su trabajo. Withoos se define como un romántico y un contador de historias, y sus fotografías funcionan como escenarios de relatos que nunca llegan a contarse por completo. Los personajes parecen haber entrado en mitad de una historia o estar a punto de abandonarla. No hay una secuencia que seguir ni una conclusión que descifrar. Cada imagen plantea una situación abierta.

Su fascinación por la belleza tampoco es exclusivamente luminosa. La exuberancia de sus composiciones convive con una cierta sensación de extrañeza. Hay abundancia, sensualidad y teatralidad, pero también algo de decadencia, aislamiento o melancolía. Withoos ha definido esta tensión mediante el concepto de «estética alienante». Una belleza que atrae al espectador y, al mismo tiempo, introduce una distancia que le impide instalarse cómodamente en ella.

Esa ambivalencia aproxima su trabajo al espíritu de ciertas naturalezas muertas barrocas. Bajo la riqueza de las flores y los objetos aparece siempre la conciencia del tiempo. Lo hermoso puede marchitarse; lo abundante puede desaparecer. Withoos retoma esas preocupaciones y las traslada a un lenguaje visual contemporáneo, sin convertirlas en una lección moral.

Su aproximación es más observacional que doctrinal. Las imágenes no parecen querer decirle al espectador qué debe pensar. Más bien construyen un espacio para que cada mirada encuentre sus propias asociaciones. En ellas también ocupa un lugar importante la diversidad de los modelos, integrada en escenas que buscan celebrar la diferencia sin reducirla a un mensaje explícito.

Esta concepción se despliega a una escala mayor en The Joy of Life, su exposición individual más ambiciosa, presentada en Domain Oogenlust, en Eersel, el año pasado. El título, The Joy of Life, resume una actitud que atraviesa buena parte de su producción. Withoos reivindica el placer de mirar y la capacidad de la belleza para generar emoción, pero sin negar sus contradicciones. Su optimismo nace precisamente de reconocer que la belleza convive con la pérdida, que la naturaleza está sometida al tiempo y que nuestra relación con las imágenes está inevitablemente condicionada por la memoria y la historia.

Quizá el mayor interés de Withoos se encuentre en esa capacidad para hacer dialogar épocas que normalmente contemplamos por separado. Entre pintura y fotografía, pasado y presente, belleza y extrañeza, Hans Withoos ha construido un lenguaje reconocible. Sus imágenes nos invitan a detenernos ante un mundo exuberante, pero también a preguntarnos qué buscamos cuando miramos una imagen bella, si queremos encontrar una verdad, recordar algo perdido o, simplemente, imaginar que otro mundo es posible.

Como sugiere el propio artista, quizá no sea necesario que aquello que vemos sea verdadero. Basta con que, por un instante, podría serlo.

 

 

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Sobre el autor

MALCOLM LARDER

Malcolm Larder estudió en el Department of Design Media Arts (DMA) de la University of California (UCLA), en Los Angeles. Trabaja en la industria tecnológica en Seattle, una ciudad de hombres antisociales engreídos y mujeres independientes con mucho carácter

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