Foto de autor desconocido de la escritora neozelandesa Janet Frame
Literatura oceánica
Sí, en el Pacífico también se escriben libros. Y no sólo en Australia. Aunque de allí fuera Patrick White, el hasta ahora único australiano (y oceánico) que ha acaparado el Nobel de Literatura, exactamente en 1957. Su novela Voss, editada en España por el sello Impedimenta, es una de sus más aclamadas. En la misma, su protagonista se dispone a atravesar el inmenso desierto australiano donde conocerá a supuestas tribus peligrosas. Janet Frame, desde la vecina aunque no tan cercana Nueva Zelanda, se descubrió ante el mundo con Un ángel en mi mesa, que en tres volúmenes convirtió sus diarios en bienes de interés público mediante una autobiografía que los más expertos la califican de excelente. Satendra Nandan, es el único autor fiyiano reconocido que he encontrado. Y en las Islas Salomón me cuentan que Sam Alasia y Celo Kulago, a la búsqueda de agentes literarios de habla hispana, serían sus máximos representantes. Lo que debe quedarles claro es que la literatura no es habitual en el quinto continente, aunque en Australia y Nueva Zelanda sí posean un alto índice de lectores per cápita. Y un consejo: no dejen de visitar Nueva Zelanda, sobre todo su isla sur.

Literatura erótica

Una escena de la película «Historia de O» de Just Jaeckin, con Corinne Clery.
Si la semana pasada escribí sobre el amor como tema principal en la literatura, esta quiero hacerlo aumentando la dosis de eso, de amor, aunque esta vez llevada al límite a través del sexo o sus cercanías. Entre las obras literarias más eróticas nos encontramos con una que, para mí, además de erotismo desprende literatura a espuertas. Y me estoy refiriendo a Ada y el ardor, del grandísimo Vladimir Nabokov. Aunque la aclamada mundialmente, más actual y llevada a la gran pantalla Cincuenta sombras de Grey, de E.L. James, ha sido un libro que, en realidad, es el que ha situado el género patas arriba, o sea, muy de moda. En España, Antonio Gala tocó techo con La pasión turca, llevada al cine y a la pequeña pantalla. Historia de O, de Pauline Rage, lleva el erotismo a la esquina de la esclavitud sexual. Y por participar de mi puño y letra, y para el que tenga tiempo de sobra tras sus lecturas favoritas, les recomiendo que echen un ojo a Veinte brotes, selección de relatos cortos cuando yo era tsunami y no embalse.

Ángel González

Ángel González. Foto de Antonio Salas
En la ciudad de Kioto, allá por 2011 creo recordar, fue cuando conocí en persona a Fernando Sánchez Dragó. Con la que por entonces era su mujer, Naoko, me quedé unos días en su casa. Y allí, mientras leía Hambre de Knut Hamsun y paseaba por tan bellísima ciudad, iba haciendo preguntas de todo tipo al gran Fernando, no pocas de ellas que tenían que ver con la literatura. Y una de sus respuestas me encantó porque yo, años atrás, había leído Palabra sobre palabra habiendo caído rendido –como Dragó– a sus perfectos versos, que narran lo cotidiano como si en realidad estuviera explicándonos una fórmula milagrosa.

El escritor Fernando Sánchez Dragó, acompañado por su pareja, Naoko Kuzuno. EFE/Paco Torrente
De la generación del 50 y de ironía suprema, quiero aprovechar este espacio para homenajear a un género, como lo es el poético, algo desclasado dadas las nuevas formas poéticas de las que suelo alejarme por completo. Funcionario del Ministerio de Obras Públicas, Gonzalez también ejerció de corrector de estilo para varias editoriales, demostrándose que vivir de tu prosa, y ya no digamos de tus versos, ya era utopía profunda el pasado siglo. Mar de invierno/El agua gris mancha de frío las rocas/Tus piernas, tus dulces piernas, enternecen a las olas/Un cielo sucio se vuelca sobre el mar/El viento borra el perfil de las colinas de arena.

