Vivamos donde vivamos, cambiamos como personas ya que el escenario, las costumbres y las personas que nos rodean nos moldean o, al menos, eso concluimos tras la lectura de El choque ideal (Eda Libros) de José María Herrera y con fotos de James Boyd. En este libro contemplamos Ronda con encuadres distintos a los habituales mientras actualizamos la genealogía de sus ilustres viajeros que, cautivados con la belleza de la ciudad malagueña, la visitaron o hicieron de ella su residencia.

No vamos a descubrir la geografía rondeña de relieves impresionantes, la altura vertiginosa del Tajo, la blancura de sus casas encaladas, los cielos y las nubes que elevan la orografía de la ciudad más alto de lo que se encuentra. En ella conviven restos de muchas épocas, asunto complejo para el urbanismo y la arquitectura ya que con el paso del tiempo se han renovado muchas piezas del puzle. Sin embargo, la ciudad no ha perdido su magia.

Cuando el Grand Tour se convirtió en una costumbre de los jóvenes de las élites europeas en el siglo XVIII y XIX, principalmente británicos, España ofrecía un exotismo distinto al de Italia. Ronda era el origen del toreo, el refugio de contrabandistas y bandoleros, y la cuna de la gitana más famosa de la historia, Carmen, gracias a la novela del escritor y arqueólogo francés Próspero Mérimée (1803-1870), de la que Georges Bizet trasladó a la ópera.

 

Edificaciones de las bodegas Descalzos Viejos

 

Desde entonces hasta ahora una genealogía de menciones literarias, visitas y residencias se entrelazan. Desde el Ulises de James Joyce, donde hay una alusión a las rejas de Ronda por parte de Molly Bloom, la mujer infiel de Leopoldo, mientras recuerda sus aventuras juveniles. O el poeta Rainer María Rilke que estuvo tres meses en Ronda, entre 1912-1913, y que hoy, como señala el escritor José María Herrera, es básicamente el nombre de una autoescuela y una avenida. Borges tiene un poema dedicado a la ciudad, pero nadie sabe la fecha de su viaje aunque, como poeta ciego, habla del rumor del agua de las fuentes y el perfume del jazmín en los patios. 

Los británicos siempre han sido grandes admiradores de Ronda. Uno de los primeros en establecerse en la segunda mitad del siglo XX fue Alastair Boyd, el séptimo barón de Kilmarnock, y padre del autor de las fotos de este libro, James Boyd. Escribió diversos libros sobre España. Otro fue Guy Hunter-Watts, que acabó siendo el hombre que sabía casi todo de la serranía de Ronda y muchas partes de Andalucía.

El escultor y pintor David Seaton y su mujer Georgina Richmond, llegaron a Ronda por primera vez en 1954. Al igual que su pintura, audaz y formal que combina pigmentos puros y secos, y, a veces, collage, según la define él mismo, pertenecen a lo que “Christopher Hudson denominó aristocracia bohemia, una clase intelectual o artística típicamente británica. Afincarse en una pequeña ciudad como la nuestra no les ha impedido relacionarse con nombres míticos como Robert Graves, Bruce Chatwin o John Berger, entre otros” asegura José María Herrera.

 

David Seaton y Georgina Richmond

 

Quien conoció bien Ronda fue Martin Amis cuya madre Hillary convivía entonces con Alastair Boyd. De aquellas estancias a finales de los años sesenta y setenta escribió al menos dos libros. Cuando falleció en 2023, las cenizas fueron esparcidas en la finca rondeña que fue de su madre y ahora de su hermano James.

Entre los literatos y pensadores patrios tenemos a Eduardo Lago, que estudió en el instituto de Ronda. El escritor, que ganó el premio Nadal en el 2006 por su primera novela “Llámame Brooklyn” enseña literatura en una universidad Nueva York. El jardín privado más bonito es el del hotel Alavera de los Baños de la escritora Inma Villanueva Ayala, sin desmerecer otros jardines de la ciudad, como la Casa del Rey Moro y la Alameda. También el filósofo Víctor Gómez Pin mantiene una relación estrecha con la ciudad y dirige los encuentros de música y filosofía que realiza cada verano en la Real Maestranza.

Los reales maestranza surgieron en tiempo de Felipe II y hoy solo quedan cinco, de las que la más antigua es la de Ronda. La función de esta institución era que el rey dispusiera de un contingente de caballeros preparados para actuar cuando hiciese falta, lo que en el caso de la ciudad malagueña sería para protegerla de los piratas berberiscos. La Real Maestranza de Ronda, según el autor, “ha reinterpretado el concepto de nobleza, en un sentido que nada tiene que ver ya con la sangre o la preminencia social, y si en cambio con el mérito y la excelencia”.

 

Edificaciones de la Bodega Antigua Real Fábrica de Hojalata San Miguel

 

La Ronda de hoy

Ronda ha sabido también adaptarse a este siglo. No solo con viñedos y bodegas con nuevos conceptos, como los Descalzos Viejos, sede del antiguo Convento del Tajo, de los Trinitarios Descalzos. Tras una restauración integral, se celebran también distintas actividades culturales, aparte de que poder visitar las bodegas y alrededores.

También cabe destacar la labor que hizo el exconsultor financiero Enrique Ruiz que rehabilitó la antigua fábrica de hojalata y la convirtió en viñedo y bodega. O la elaboración de aceite de oliva orgánico en un proyecto que están involucrados el empresario Pedro Gómez Baeza y el diseñador industrial francés Philip Stark, que ha creado una estética propia, como hizo en el restaurante Teatriz de Madrid (1990), la silla Louis Ghost de la casa Kartel (2000) o el Hotel 9 Confidentiel de París (2018). El proyecto consiste en construir la primera almazara de autor del mundo donde reunir conceptos como la agricultura orgánica, el arte, la naturaleza, y la industria.

Entre otras rarezas de esta ciudad, se encuentra en la sierra un circuito de velocidad, denominado Ascari. Creado por el ingeniero holandés Klass Zwart, tiene cinco kilómetros y medio de extensión.  Funciona como club privado con una cuota de inscripción que puede llegar a los 150.000 euros y dispone de helipuerto que facilita el transporte con los yates atracados en Puerto Banús.

 

Benito Gómez (primera fila derecha) y el equipo de El Bardal

 

Este circuito, al igual que calles de Ronda, se encuentra en el videojuego Gran Turismo del diseñador de videojuegos e ingeniero japonés Kazunori Yamauchi. El que también fue piloto de carreras profesional visitó de niño con sus padres Ronda y ha vuelto en numerosas ocasiones. De este juego se han vendido más de cien millones de copias y ha contribuido al turismo asiático en Ronda.

En definitiva, El choque ideal nos da a conocer una Ronda que no se ve a simple vista. La ciudad de pintores como el argentino Marcos Bontempo o el rondeño Carlos Aires.  De hombre que susurran a los caballos que cuidan y entrenan, como Seamus Gaffney; de Zidrou, guionista de éxito de múltiples historietas con ventas millonarias; de Alberto Mielgo, premio Oscar al mejor corto de animación por El limpiaparabrisas; del chef Benito Gómez, alma y cuerpo del Bardal, alquimista gastrónomo, del músico Raúl Mallavibarrena. Entre todos y bastantes más consiguen que Ronda no sea un lugar soberbio, sino una elección irrevocable.

 

 

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