Vista aérea de la capital de Guinea Ecuatorial, Malabo. EFE/Juan Mari Calvo/jd

 

Convencido de que España podría haber contribuido de forma efectiva a una mayor  democratización de Guinea Ecuatorial tras la caída del dictador Francisco Macías y la llegada al poder de su sobrino, Teodoro Obiang Nguema, en el golpe de estado que dio el 3 de agosto de 1979, el periodista y sociólogo español Juan María Calvo Roy traza en, Guinea Ecuatorial: la ocasión perdida, un minucioso retrato de la historia de las relaciones entre la antigua metrópoli y su única excolonia del África subsahariana, publicado por el Grupo Editorial Sial Pigmalión en su colección Casa de África.

Se trata de un documento extenso y “casi único”, como el propio autor afirma, dado que escasean los análisis políticos o históricos sobre la excolonia española. Calvo ha buceado en fuentes oficiales para diseñar su relato, aunque también se ha servido de su experiencia como corresponsal de la Agencia EFE en Malabo -cargo que ejerció un año, en 1982- y de sus conversaciones con algunos de los protagonistas de los hechos más importantes que han acaecido en el país en las últimas décadas.

El periodista manifiesta que es difícil “imponer bases democráticas, tal y como las conocemos en Europa, en lugares donde las cuestiones tribales tienen una importancia enorme”, pero también afirma que promover “un cierto orden hubiera permitido un poco más de participación de la oposición en la vida pública del país, la consolidación de algunos partidos y, poco a poco, ir creando una cultura democrática como la que existe en otras naciones africanas”.

 

Puestos de venta en un mercado callejero de Malabo. EFE/Juan Mari Calvo

 

Una relación colonial paternalista y una separación traumática

Calvo considera que España nunca mostró demasiada preocupación por Guinea Ecuatorial.  A pesar de ello,  la independencia del pequeño país africano, de la que se  cumplieron 50 años el pasado 12 de octubre, “fue un trauma tanto para españoles como para ecuatoguineanos” y puso fin a un periodo colonial de más de un siglo, duro en las relaciones, pero paternalista por parte de la metrópoli, algo que lo diferenciaba del resto de procesos descolonizadores europeos en África.

De hecho cree que “España nunca ha sabido integrar a la excolonia en la comunidad de países que tienen al español como lengua común. Independientemente de los problemas políticos, las autoridades españolas deberían haber sido más generosas con los guineanos”, precisa. “Habría estado bien, por ejemplo, ayudarlos a participar en el sistema de cumbres iberoamericanas. No es normal que Guinea Ecuatorial sea más activo en la comunidad de países francófonos o lusófonos, que entre los países de cultura hispana”, opina el escritor.

En el análisis de lo que ocurrió durante el proceso de independencia de Guinea, no se puede olvidar que en 1968 España vivía bajo la dictadura de Francisco Franco y que en su gobierno había dos posturas bien diferenciadas sobre el trato que se debía dar al territorio. La del presidente del Ejecutivo, el almirante Luis Carrero Blanco, contrario a la independencia guineana, y la del ministro de Asuntos Exteriores, Fernando Castiella, defensor del derecho a la autodeterminación y, por ende, de la independencia y posterior establecimiento de relaciones preferenciales con las autoridades de Malabo, entonces Santa Isabel.

 

Fábrica de una de las grandes industrias chocolateras españolas en Guinea Ecuatorial. EFE/Juan María Calvo

 

Una guerra política interna que fue censurada por imposición de Carrero Blanco al considerar que la cuestión debía entrar en lo que denominó de forma eufemística “materia reservada”, una situación que no se levantaría hasta bien entrada la democracia en España.

Según el periodista,  España cometió todo tipo de errores durante su proceso de desvinculación con Guinea que le llevaron a un progresivo distanciamiento y una desconfianza mutuos, y que finalizaron en la ruptura total tras unos meses de mandato de Macías, sin duda el peor de los candidatos que se presentaron a las primeras elecciones en el país africano y una persona a quien en España llegaron a tachar de paranoico y algo esquizoide.

Macías no dudaba en definirse como nacionalista y antiespañol.

El mandatario, “hijo de las misiones” españolas, donde había sido educado, pronto se convirtió en un dictador voluble y agresivo con sus vecinos y con la metrópolis.

“!Nada sin Macías, todo por Macías!. !Abajo el colonialismo!, recuerda Calvo en su libro al relatar esos años de violencia y represión vividos en el país donde era obligatorio corear esos lemas públicamente.

 

Francisco Macías

 

Un “golpe de libertad” en medio del caos

Hacia 1979 Guinea Ecuatorial era un caos, las infraestructuras coloniales están abandonadas, no hay hospitales, ni medicinas… Macías, aislado internacionalmente y acusado por la ONU de violar los derechos humanos permite que la URSS se aproveche de su debilidad para ubicarse en la zona, mientras Francia trataba de hacer jugosos negocios y España seguía una política errática, se queja el autor.

Fecha crucial para el destino del país africano es el 3 de ese 1979 cuando Teodoro Obiang Nguema, sobrino y mano derecha del dictador, al que también se conocía como “El Tigre”, lidera un golpe de Estado contra el régimen y pide inmediatamente ayuda a España.

El teniente coronel Obiang, ministro de Defensa, pero relacionado con los presos políticos que su tío había recluído en la cárcel de “blabich”, en Malabo, se levanta contra Macías y escribe directamente al rey Juan Carlos y al entonces presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, a quienes pide apoyo para culminar lo que él mismo denominó “golpe de libertad” .

Mientras la asonada militar toma cuerpo en la parte insular del país, la que después fuera conocida como isla de Bioko, Macías se refugia en el área continental de Río Muni, en la ciudad de Mongomo, de la que finalmente acaba huyendo para esconderse en la selva.

Las autoridades españolas, proclives a apoyar el golpe, felicitan a Obiang y anuncian que desean restablecer relaciones con la excolonia, pero esto sólo se va a quedar en una mera declaración de principios cuando, como relata Calvo, el nuevo líder ecuatoguineano pida una mayor implicación de Madrid con el envío de una fuerza de seguridad policial o militar, que le ayude a protegerse de sus rivales y de “El Tigre”, que aún no había sido capturado.

 

Azulejos de Talavera en los bancos de la plaza de la Independencia de Malabo.

 

Una ocasión perdida

Para Juan María Calvo, en este momento crucial, España pierde “la ocasión” de influir y permanecer en la excolonia. Las dudas de Suárez, acuciado por los primeros problemas internos de su partido, la crisis económica, el aumento del paro, las tensiones sociales y políticas propias de la frágil transición democrática y los intentos de buscar un “lugar”  en la geopolítica internacional -Madrid ya había iniciado contactos para entrar en la CEE y la OTAN-  hacen naufragar la implicación real de la antigua metrópolis en el nuevo periodo que se abre en el país subsahariano. Un error que ya no se podrá subsanar.

 ¿Qué habría sucedido si España hubiera enviado una compañía de la legión -este cuerpo acababa de dejar el Sahara- o una unidad policial? Había riesgos pero, sin  duda, la historia de ambos países sería diferente, afirma el autor.

Macías no tarda en ser capturado por un aún débil Obiang que, tras la negativa de España a reforzar su seguridad, decide recurrir a Marruecos, aconsejado por el presidente del vecino Gabón, Omar Bongo. Calvo Roy explica  cómo los magrebíes no tardan en enviar un avión Hércules con un cuerpo de soldados que protegerán al nuevo mandatario durante el juicio, la condena y posterior ejecución de su tío.

El periodista lamenta que, pese a la ilusión y la entrega del embajador español en Guinea, José Luis Graullera, los intentos por reconducir las relaciones bilaterales no fructificaron. Ni la ingente ayuda española para la reconstrucción, ni la primera visita oficial de los Reyes -hubo una segunda-, ni tampoco el primer viaje oficial de Obiang a Madrid, lograron acercar a una Guinea que mantenía estrechos lazos con el bloque comunista, pero quería abrirse a Occidente.

No obstante, el diplomático logró firmar un Tratado de Amistad y Cooperación: un texto básico que acercó momentáneamente a los dos países y contribuyó a fiscalizar la ayuda española y promover el desarrollo de proyectos en áreas como la minería o el petróleo. El frágil acuerdo llegó cuando sólo había pasado un año del denominado “golpe de libertad” de Obiang.

 

Un niño come fruta delante de un coche de Cooperación española. Foto. Juan Maria Calvo

 

Más cerca de Francia, más lejos de España

 Entretanto, el presidente ecuatoguineano proseguía su acercamiento a Francia, un país con una presencia en la colonia española no muy importante, pero constante,  y a Marruecos, su primer valedor, algo que irritaba a las autoridades españolas.

En 1981 corren rumores de una intentona golpista contra Obiang -escribe Calvo Roy-, a manos de Andrés Moisés Mbá, antiguo colaborador de Macías, mientras se trata de aprobar una ley de hidrocarburos que permita la explotación de sus espléndidos recursos naturales, especialmente el petróleo. La española Hispanoil, en dura competencia con las compañías francesas y de otros países, se hace con la concesión de las mejores cuadrículas del país para extraer crudo: unos 2.000 kilómetros cuadrados al noroeste de la isla de Bioko y en una área cercana a las aguas territoriales de Gabón.

Pero todo fue un espejismo, inexplicablemente, dice Calvo, “después de varias campañas, Hispanoil dictaminó que, dada la cantidad y calidad de las reservas de hidrocarburos, no era rentable la explotación petrolera”.

Esto se demostró que fue un gran error, pues pocos años después, Guinea se convirtió en el tercer productor de petróleo de África subsahariana, sólo por detrás de Nigeria y Angola. Es una prueba más de lo desafortunado de la actuación española tras el golpe de Obiang, que ocasionó que todo llevara a una nueva “ocasión perdida”.

 

Plataforma petrolífera en el golfo de Guínea

 

Ni siquiera nuevos intentos en los ochenta de enviar tropas españolas a la excolonia, siempre entre desconfianzas y malentendidos, o la visita fugaz del presidente Leopoldo Calvo Sotelo en diciembre de 1981 ayudaron a encauzar las relaciones bilaterales.

Calvo también entrelaza en su extenso libro retazos de cómo era la vida de un español en el país subsahariano, las costumbres de los dos principales grupos étnicos que pueblan Guinea: fang (etnia dominante) y los isleños bubis, el paisaje, el clima, los ritos y hace hincapié en las escasas relaciones de los hispanos residentes con la población local.

Mientras la situación política y económica en la excolonia sigue deteriorándose y los “tira y afloja” bilaterales son ya habituales, se hunden las expectativas de Malabo en la deseada Conferencia de Donantes, de la que esperaban grandes inversiones extranjeras. Apenas se aceptaron proyectos por parte de los asistentes y muchos de ellos ni siquiera llegaron a ejecutarse. Asistieron 29 naciones y, en su mayoría, eran del tercer mundo. Obiang vuelve de nuevo sus ojos a la ayuda española y planea un nuevo viaje a la antigua metrópoli.

 

El vicepresidente Teodorin Nguema Obiang

 

La corrupción, gran protagonista en la joven historia de Guinea 

La corrupción, muy extendida entre las autoridades e instituciones guineanas, tanto durante el régimen de Macías como con el de Obiang, que el 3 de agosto cumple 40 años en el cargo, es una cuestión latente en todo el libro.

“La corrupción fue, desde luego, un factor que agravó el fracaso de la cooperación española en Guinea, pero la razón principal fue política”, insiste el periodista: la decisión de no enviar una fuerza militar al país que fue sustituida por un destacamento marroquí.

Los magrebíes “no colaboraron en la organización de la vida guineana. La justicia no funcionaba y los empresarios e inversores extranjeros no se atrevían a actuar en Guinea sin garantías legales”.

En el tercer aniversario del “golpe de libertad”, Obiang aprueba, casi secretamente, un nuevo texto constitucional, y lo somete a referéndum. Se asegura con él un nuevo mandato para siete años y se arroga amplios poderes, lo que viene a confirmar sus aspiraciones autoritarias. Para muchos analistas, el texto constitucional asienta el hecho de que la sustitución de Macías por Obiang había sido realmente un mero cambio de nombre y no de sistema político.

La llegada de los socialistas al Gobierno de Madrid en 1982 con Felipe González al frente no iba a traer un acercamiento entre ambos países. Calvo recuerda que González ni siquiera mencionó a Guinea Ecuatorial en su discurso de investidura y esto no cayó bien entre los ecuatoguineanos.

A partir de aquí, con un Obiang cada vez más autoritario, un sistema político más corrupto y una España, más preocupada de sus problemas internos y su entrada en la Comunidad Económica Europea que de sus relaciones con África, los contactos se limitan a intentos de realizar negocios que, lejos de prosperar, acaban cayendo en manos de compañías francesas o estadounidenses, especialmente en el terreno petrolífero.

 

Teodoro Obiang Nguema y Juan María Calvo. EFE/ma

 

Obiang y la dinastía “Mongomo”

Tal y como constata Juan María Calvo, “poco a poco España y Guinea Ecuatorial se fueron alejando” y, ni siquiera Francia, a pesar de los intentos, pudo sustituir el rol de la antigua metrópolis.

Obiang, cercano a Estados Unidos y muy enriquecido gracias a los recursos petroleros del país, es en 2019 uno de los gobernantes más longevos del planeta.

El periodista se lamenta de la imposibilidad de obtener datos oficiales sobre la situación de esta nación, cuya pobreza endémica contrasta con las riquezas que poseen el mandatario, sus familiares y los miembros de su círculo cercano, que son incalculables.

Los analistas consultados por Calvo opinan además que la dinastía “Mongomo” podría perpetuarse en el poder tras la muerte del actual mandatario y su prevista sucesión por Teodoro Nguema Obiang Mangue, conocido como “Teodorín” y famoso por sus múltiples escándalos y fastuoso estilo de vida, perseguido por la justicia de Francia, Estados Unidos y Brasil.

Guinea Ecuatorial no se rige además por unos estándares democráticos ordinarios, con procesos electorales controlados por el partido de Obiang y una oposición desgastada por viejas rivalidades, eternas disputas y soterradas luchas de poder.

“Gracias al trabajo de Juan María Calvo es posible entender con mayor precisión que la realidad de Guinea Ecuatorial es la de un poder que hacia el exterior se manifiesta en forma de Estado ineficiente, beneficiándose de las inmunidades que garantiza el sistema internacional, mientras que hacia el interior ejerce como la implacable maquinaria represiva de una autocracia tribal, que permanece en la penumbra”, sostiene el diplomático y escritor José María Ridao, en el prólogo que redactó para el libro.

En este panorama destacan, no obstante y tras cinco décadas, los efectos positivos de la cooperación española, muy centrada en la educación, la sanidad y la cultura, que ha logrado penetrar en el tejido social del país, opina Calvo, quien cree necesario ampliar estos lazos al terreno institucional y económico.

El antiguo corresponsal de la Agencia EFE no esconde su creencia de que “España tiene una deuda con Guinea Ecuatorial” y ambos países “deberían caminar” juntos medio siglo después de la independencia de la nación centroafricana, la única que habla español al sur del Sahara.

 

 

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