Alce Negro

Uno de los mitos de la cultura hippy y ecologista, el antiguo chamán de la tribu Sioux, Alce Negro,  podría acabar siendo San Ciervo Negro, ya que  la conferencia episcopal norteamericana ha iniciado la causa de beatificación de Heȟáka Sápa, su verdadero nombre. Este “hombre medicina” Sioux que vivió entre dos épocas y dos culturas muy distintas fue conocido gracias al libro de John G. Neihardt  Alce Negro habla https://capitanswing.com/libros/alce-negro-habla/

Alce Negro (1863-1950) era primo segundo de otro gran jefe Sioux, Caballo Loco. A los doce años luchó en las últimas batallas de su tribu contra el hombre blanco, como Little Big Horn y Wounded Knee, llegando a matar y cortando cabelleras. A los veinticuatro años se marchó de gira por Europa con el circo de Buffalo Bill. Quería entender la civilización wasichu, “los blancos” a los que consideraba los más poderosos. En Inglaterra fue recibido por la reina Victoria, quien expresó simpatía por su gente, recorrió Europa e incluso visitó Pompeya y se comprometió con una chica francesa.

Decepcionado por el contacto con los wasichu, cuando regresó a Estados Unidos participó en un movimiento místico denominado la Danza de los Espíritus fundado por un indio paiute, Wovoka. Esta ceremonia era también un fenómeno de inculturación entre la espiritualidad tradicional india y el cristianismo, en el que los indios, ahora militarmente derrotados, esperaban que Cristo regresara a la tierra para liberarlos. Aunque fue un movimiento no violento, confiaba en la destrucción de los blancos, que lo reprimieron violentamente. Alce Negro, que entonces tenía 27 años, intentó resistirse  con las armas y resultó herido.

Cuando tenía nueve años, Alce Negro tuvo una visión que le hizo convertirse en el “Hombre medicina” (chamán) de su tribu para mediar entre el mundo de los hombres y el de los espíritus. En sus creencias, los seres humanos y entidades naturales están sujetos a transformación y metamorfosis, ya sean animales, ancestros, ancianos o jóvenes vírgenes a lo largo de un camino negro (el de la muerte) y un camino rojo (de la vida). El mensaje que transmitía Alce Negro era que solo si se sabe interpretar la visión y actuar en armonía con ella, se podría reconstituir la nación india que corría el riesgo de la desintegración y restaurar el vigor del árbol sagrado.

Alce Negro ya se había convertido formalmente al cristianismo en su versión episcopal para participar en el circo de Buffalo Bill. Pero había continuado practicando sus rituales ancestrales como chamán hasta que en un día de 1904 fue llamado para visitar a un niño enfermo grave en un lugar llamado Payabya.

“La familia del niño quería que mi padre lo visitara porque habían oído que era un buen curandero”, explicó la hija de Alce Negro, Lucy Looks Twice. Al llegar, vio al hombrecillo enfermo tendido en una tienda de campaña. Alce Negro se quitó la camisa, puso las ofrendas de tabaco en un lugar sagrado y comenzó a tocar el tambor y sacudió un sonajero. “Pidió a los espíritus que curaran al niño con una acción verdaderamente poderosa”, recordaba Lucy.

Pero a siete millas al sur de Payabya había una misión católica de jesuitas, llamada el Santo Rosario y el padre Joseph Lindebner también acudió a ver el niño al que había bautizado. Como sabía que estaba muy enfermo se apresuró a darle los últimos sacramentos. Una “túnica negra”, según la definición que usaban los sioux para describir la vestimenta típica de los misioneros católicos frente a las “vestiduras blancas” de los episcopales y los “abrigos cortos” de los presbiterianos. Lindebner era un jesuita alemán nacido en Mainz en 1845, y que llegó a Pine Ridge Reserve en 1887 y permaneció allí hasta su muerte el 4 de octubre de 1922. Debido a su corta estatura era conocido como Ate Ptecela: “El pequeño padre”.

Cuando al entrar en la tienda vio la ceremonia pagana de Alce Negro se puso furioso. Como Lucy contó, “tomó todo lo que mi padre había preparado y lo arrojó a la estufa. También agarró el tambor y el sonajero y los tiró fuera de la tienda”. Luego sujetó a Alce Negro por el cuello y gritó como si estuviera haciendo un exorcismo: “¡Satanás, sal!”.  Alce Negro ni siquiera intentó resistirse o discutir, sino que salió de la tienda. El “túnica negra” le dio al niño la comunión y la extrema unción. Luego limpió la tienda y rezó con él”.

Cuando terminó y salió de la tienda, vio que Alce Negro todavía estaba allí. “Sentado con aire desconsolado, como si hubiera perdido todos sus poderes”, contó Lucy. Tal vez el “Pequeño Padre” se arrepintió de haber tratado demasiado bruscamente a un hombre que había querido hacer el bien al niño a su manera. O tal vez entendió que en ese momento en el alma del chamán estaba ocurriendo una fuerte batalla interior. El caso es que habló con él y lo llevó a la misión del Santo Rosario”.

Una vez allí, el “pequeño padre” le dijo a los otros jesuitas que lo lavasen y vistieran. Alce Negro recibió ropa de cama, una camisa, un vestido, una corbata, un par de zapatos y un sombrero. Después le dieron de comer y una cama para descansar. La sensibilidad ecuménica y multicultural de hoy nos haría juzgar al jesuita alemán como un fanático intolerante, pero Lucy repitió que su padre no estaba resentido en contra de él. “Sintió que era Nuestro Señor quien le había elegido para hacer el trabajo de la túnica negra”. Aparentemente, la hija conocía bien esa historia porque a Alce Negro le encantaba contarla cuando quería reírse con familiares y amigos. Lo consideraba una anécdota divertida, y quizás incluso la recargaba un poco, con el propósito de aumentar su efecto cómico.

Hay que tener en cuenta que durante su larga iniciación chamánica, Alce Negro también fue un Heyoka, una  especie de bufón sagrado cuyo comportamiento poco convencional sirve para despertar las fuerzas de la naturaleza. Por eso tenía un agudo sentido del humor.

De hecho, Alce Negro había comenzado a tener dudas sobre su trabajo como chamán. Aunque su gente lo consideraba un sanador capaz se sentía culpable por los rituales que no habían logrado curar a las personas enfermas que le habían llamado y confiado en él. Al final permaneció dos semanas en la misión y pidió ser bautizado, lo que ocurrió un 6 de diciembre, día de San Nicolás. Por eso se llamó a sí mismo Nicolás Alce Negro.

Llegado a este punto dejó sus prácticas chamánicas y se puso a trabajar con los misioneros, ayudándoles en su trabajo de evangelización. Continuó ayudando a los que necesitaban asistencia espiritual, pero cambiando el mensaje. Como recuerda Lucy, “cuando se convirtió, recibir la comunión era lo que él consideraba verdaderamente sagrado. La gente que había sido tratada cuando era chamán comenzó a acudir a él. Le preguntaban sobre la nueva religión a la que pertenecía y él les explicó lo que significaba. Muchos siguieron su ejemplo y él los instruyó en la nueva fe”. Este compromiso se formalizó con su nombramiento como diácono.

En 1931 Nicolás Alce Negro fue entrevistado por John G. Neihardt, un escritor, poeta y antropólogo aficionado. El libro con la historia de la vida de Alce Negro se publicó en 1932 y  pasó casi inadvertido. Pero Alce Negro reprochó al autor en una carta que había silenciado por completo su fe católica.

Un antropólogo profesional, Joseph Epes Brown, descubrió en 1945 que Alce Negro todavía estaba vivo. Lo entrevistó y escribió otro libro, publicado en 1953: The Sacred Pipe: Black Elk’s Account of the Seven Rites of the Oglala Sioux (https://www.amazon.com/Sacred-Pipe-Account-Civilization-American/dp/0806121246). Como Alce Negro había muerto no pudo matizar y corregir diversos elementos de este libro que describe a Alce Negro exclusivamente como un místico de la espiritualidad precristiana, omitiendo por completo su experiencia de 46 años como diácono y difusor del catolicismo. Más allá del posible prejuicio ideológico anticatólico, sin duda para un antropólogo este era el aspecto interesante de la vida de Alce Negro.

Al comienzo del libro, presenta una Introducción firmada por el mismo Alce Negro y fechada en “Manderson, Dakota del Sur, 25 de diciembre de 1947”. Dia de Navidad y que afirma: “En la gran visión que tuve en mi juventud, cuando solo había conocido nueve inviernos, había algo cuya importancia con el paso de las lunas me parecía cada vez más grande. Se trata de nuestra pipa sagrada, y la importancia que tiene para nuestra gente”. Y de ahí el mismo título del libro.

Alce Negro proseguía diciendo: “los blancos, o al menos los cristianos, nos han dicho que Dios envió a su Hijo a los hombres para restaurar el orden y la paz en la tierra; y también se nos dijo que Jesucristo fue crucificado pero que regresará en el Juicio Final, al final de este mundo o ciclo. Entiendo esto y sé que es verdad. Pero los blancos deben saber que incluso para la gente roja, a instancias de Wakan-Tanka, el Gran Espíritu, un animal se convirtió en una persona con dos piernas para llevar la pipa sagrada a su gente; y a nosotros también nos han enseñado que esta Bisonte Blanca que nos trajo la pipa sagrada reaparecerá al final de este mundo; y ahora los indios sabemos que este regreso no está lejos”.

En resumen, Epes Brown permitió que Alce Negro hiciese una declaración de fe cristiana lo que después del Concilio Vaticano II puede ser fácilmente aceptado en una perspectiva de inculturación. Inclusive algunos misioneros consideraron a la Bisonte Blanca como un antecedente de la Virgen María. Sin embargo, en la fecha  en que  fue publicado el libro, podría ser percibido como una manifestación de sincretismo no demasiado ortodoxa.

Alce Negro habla fue descubierto más tarde por Carl Jung que, entusiasmado con el libro,  lo hizo traducir al alemán en 1955. De allí procede la nueva edición estadounidense de 1961 y todas las ediciones posteriores. Es la época no solo de los hippies, sino también de la protesta contra la guerra de Vietnam, que lleva a una reelectura de la epopeya del Far West. Al ser también un libro sobre las guerras indias vistas por los vencidos y una revisión cuidadosa de la espiritualidad india, el libro influyó profundamente en todo el movimiento del Western revisionista, y en los ecologistas.

Un estudiante de Joseph Epes Brown, Michael F. Steltenkamp, antropólogo y profesor al Bay Mills Community College, pero también jesuita empezó a investigar en 1970 la vida y obra de Alce Negro. Su estudio se convertirá primero en tesis doctoral y luego, en 1993, en un libro que alimentó un animado debate entre los estudiosos que insistían en la catolicidad de Alce Negro y los que dudaban de la sinceridad de la conversión de Alce Negro.

Un momento importante en este debate ocurrió en 1984 cuando el antropólogo Raymond J. De Mallie publicó los cuadernos originales de sus conversaciones con Alce Negro, y también con su familia y otras personas que habían vivido cerca de él. The Sixth Grandfather: Black Elk’s Teachings Given to John G. Neihardt(https://www.amazon.com/Sixth-Grandfather-Black-Teachings-Neihardt/dp/0803265646/ref=sr_1_fkmrnull_1?keywords=The+Sixth+Grandfather%3A+Black+Elk%27s+Teachings+Given+to+John+G.+Neihardt&qid=1554563412&s=books&sr=1-1-fkmrnull).

Erudito riguroso, De Mallie es un especialista de la economía de las reservas indias y del fenómeno de la Danza de los espíritus, pero al mismo también es un admirador de Neihardt. Admite de hecho que Alce Negro habla no es una obra científica, y que el material que publicó Neihardt del contenido original había tomado sólo lo que le interesaba, dejando todo lo demás: en particular la relación de Alce Negro con el catolicismo, pero no solo eso. Según De Mallie el trabajo, hecho con buena fe, era una “interpretación”, que dejaría a Neihardt la etiqueta de “fiel portavoz”.

En otro libro publicado en 1993, Black Elk: Holy Man of the Oglala(https://www.amazon.com/Black-Elk-Holy-Man-Oglala/dp/0806125411/ref=sr_1_1?keywords=%2C+Black+Elk%3A+Holy+Man+of+the+Oglala&qid=1554563514&s=books&sr=1-1) de Steletenkamp, se habla del catolicismo de Alce Negro sin insistir en la posible conspiración intelectual e ideológica que habría tratado de borrarla.

Mientras tanto, varios estudios han examinado la forma que los misioneros jesuitas tenían de  relacionarse con los indios de Estados Unidos y que siguió el mismo patrón típico de la evangelización jesuita. Al igual que en China admitieron la veneración por Confucio y las oraciones en mandarín, aceptaron esa parte de la tradición chamánica que no estaba reñida con el catolicismo, incluido el ritual de exponer los cadáveres al aire libre. Por lo tanto, los jesuitas permitieron a Alce Negro convertirse en diácono no a pesar de ser un chamán, sino justo por serlo.

El 21 de octubre de 2017 se inició formalmente la causa de canonización en la iglesia del Santo Rosario de la reserva de Pine Ridge. La noticia motivó una controversia, y un periodista del New Yorker entrevistó a una bisnieta “pagana” que dudaba de la sinceridad de la conversión (https://www.newyorker.com/news/daily-comment/another-vision-of-black-elk).

A partir de esa noticia, escribí un artículo que  (https://www.ilfoglio.it/chiesa/2017/12/29/news/storia-di-alce-nero-il-sioux-che-potrebbe-diventare-santo-171092/) que despertó el interés de una editorial que me pidió desarrollarlo en el libro que acaba de salir https://www.lafeltrinelli.it/libri/maurizio-stefanini/alce-nero-un-%C2%ABbeato%C2%BB-i/9788884244697).

Un desafío interesante  porque Alce Negro fue un hombre a caballo entre diferentes culturas y épocas. Un guerrero de Little Big Horn que murió en el año de la guerra de Corea. Alce Negro, cuando era niño, montó a caballo para matar bisontes con un arco y una flecha. Cuando era anciano, viajaba en una motocicleta con los misioneros, llevando consigo alimentos enlatados.

Dándose cuenta de que era imposible resistir militarmente a los blancos, trató de entenderlos. Luego volvió a creer en una forma de resistencia radical que también fracasó. Además, en sus visiones estaba convencido de que había recibido un poder destructivo que podría haber puesto al servicio de su pueblo. Sin embargo, había renunciado a ello porque no deseaba la violencia sino el diálogo.

Además, la Iglesia católica, con sus misioneros italianos, alemanes, belgas y franceses, le parecía una organización no solo dispuesta a salvar lo mejor de la cultura Sioux, sino que al mismo tiempo no estaba comprometida con el poder de esos Wasp que habían robado las tierras de su gente. Es decir, una estructura que podría ayudar a la integración de una manera lo más honesta posible evitando los extremos opuestos del tradicionalismo estéril, qua habría llevado a le extinción física de la identidad Sioux; o de la simple asimilación a la cultura mainstream, que habría llevado a su extinción espiritual.

En este sentido, incluso el Alce Negro chamán hippy y el Alce Negro en proceso de beatificación no son opuestos, sino que están íntimamente relacionados y son complementarios. Una lección válida incluso en estos tiempos que estamos viviendo y eso es lo que he tratado de explicar con mi libro.